
Por Ailín Bullentini
“¿Quién carajo te creés que sos?” Las palabras salen de la boca de una actriz que, vestida de esgrimista, transita por el escenario también vestido de blanco. Una toalla la acompaña como único objeto. Ella también se transforma: ambas toman otros roles ayudadas por el movimiento y los sonidos. La pregunta es el núcleo creativo, el disparador, el corazón de Lejos, el segundo de la trilogía de solos que dirige Marina Sarmiento y que desfila por el límite del teatro y la danza cagándose de risa de las categorías: Lejos es una apuesta emocional.
Sarmiento necesita mostrar emociones sobre el escenario. No contarlas, no decirlas, mostrarlas de manera concreta, exponerlas. Para eso necesitó de un cuerpo que, aunque vestido, estuviera en carne viva. “Lejos surge de una reflexión generacional: cómo nosotros, los que nacimos entre el ‘78 y el ‘79, hacemos cuerpo algo vinculado al discurso en el que vivimos, el dolor, y a las representaciones que surgen de esas construcciones”, apuntó la creadora. Lejos, un solo que continúa el sendero de realización profesional como directora de Sarmiento (Eir fue el primero de la trilogía) es el resultado de un año y medio de investigación en compañía de la actriz Florencia Bergallo y la fotógrafa Mariana Roveda. Las tres nacieron en esos dos años, cuando comenzó la debacle del último y más sangriento golpe de Estado que sufrió el país.
El camino derivó en la cuestión identitaria: la pregunta que, desesperada, se hace y le hace al público la actriz —y con la que rompe la cuarta pared en varias oportunidades— tiene que ver con una cierta búsqueda de autonomía entre tantas representaciones de representaciones infinitas. ¿Cómo ser uno sin ser otro? “Eligió ser actriz para ser lo que en su vida jamás podría ser”, introduce la mujer, sola en la escena de principio a fin. “Se inventó cuerpos, creyó no tener rostro a costa de demasiada ficción: una hoja en blanco”, completa en el único momento en el que Lejos contará con una reseña textual consistente. El resto serán sólo sonidos, de respiración, de llanto, de risa, de felicidad, de nostalgia, de sufrimiento. Sonidos y movimientos.
El trabajo que desarrolla Bergallo es profundo, denso, desgastante: en poco más de 50 minutos demuestra la capacidad del cuerpo humano para transformarse en cualquier cosa. Pero no lo hace en soledad. Bergallo, y a través de ella Sarmiento, aprovecha las representaciones de las emociones que circulan en la sociedad para montarse sobre ellas y así hurgar en la construcción de la identidad. “Lo interesante de los actores es que pueden transitar físicamente las emociones”, explicó a NaN la directora.
Algunos utilizarán las categorías “danza teatro” o “teatro físico” para acomodar a Lejos en la estantería del arte escénico independiente. Lejos es, ante todo, una apuesta escénica. Y de las más audaces. “Está construida desde el movimiento, una cuestión que va más allá de lo coreográfico. El movimiento en tanto cuerpo que es atravesado desde las identidades”, aclaró la directora. Ésa es su manera de pensar la danza, su territorio de nacimiento artístico. Lejos expresa claramente una mezcla de lenguajes en el que el teatral aparece, pero reconfigurado, porque hay un redescubrimiento de la dramaturgia en el trabajo de Bergallo: “Es un cuerpo en acción que narra, por lo que la palabra pasa a segundo plano”, propuso Sarmiento.
La coreografía, muy presente en la propuesta, configura una especie de mapa que la actriz puede transitar como quiera, o como pueda, en cada función. Es lo dado desde la dirección, lo externo al proceso profundamente interno e intenso que queda en manos de la protagonista. Lejos es un viaje de ida hacia un mundo que es muchos y el de muchos, el de todos.
* Lejos se presenta los jueves a las 21, hasta fines de agosto, en Teatro Beckett, Guardia Vieja 3556, Ciudad de Buenos Aires.