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Los desafíos de ser “lo nuevo” de la danza

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Las creadoras María Eugenia Cadús, Jazmín Titiunik y Caterina Mora, cuyas obras serán presentadas en El Sábato, analizan la idea de novedad en el baile independiente. Fotografía: gentileza de “En obra”

Por Ailín Bullentini

No existe disciplina artística que se precie de tal si no permite, al mismo tiempo que cimenta en corteza formas establecidas de concebirse, estructuras de “ser y estar”, líneas elementales dentro de las que tejer proyectos, el estallido silencioso de ella misma en cientos de grietas de las que emerjan nuevas formas, nuevas estructuras, nuevas líneas. No hay arte “en buen estado” que no desee desde su núcleo la novedad, la originalidad, la ruptura. En la danza porteña es la gran masa de proyectos que circulan por senderos extraoficiales la que goza de excelente salud, producto del surgimiento cada vez más asiduo de propuestas que rebalsan la cartelera under. Ideas nuevas, nombres nuevos, límites nuevos: ¿a qué apunta la novedad hoy en la danza independiente? Tres creadoras, María Eugenia Cadús, Jazmín Titiunik y Caterina Mora, cuyas obras fueron seleccionadas para integrar el programa cultural que El Sábato ofrecerá este mes en su área de danza, justamente por ser “nuevas creadoras”, analizan con NaN la etiqueta y los desafíos que el calificativo les impone hacia la comunidad de la que forman parte.

Les fue difícil a las tres —bailarinas, coreógrafas, investigadoras— ponerse de acuerdo en torno de lo que “lo nuevo” significa. O les significa. ¿Una ruptura? ¿Originalidad pura o resignificación de lo ya puesto en circulación? ¿Diálogo con “lo viejo”? Desde el área de danza de El Sábato, a cargo de Valeria Martínez, allanaron el horizonte: el objetivo de la convocatoria para construir el programa del ciclo El Vuelco apuntó a obras que tuviesen una visión novedosa de la composición, que encarnasen la novedad en el cómo de la puesta al arte del movimiento sobre las tablas. “Propuestas que viniesen a sacudir el tablero desde su propia construcción”, ancló Martínez.

“Ser creador nuevo está refiriendo en este caso sólo a una franja etaria, menor de 30 o por ahí. No creo que signifique llegar con una obra ‘novedosa’. Ser creador ‘nuevo’ sería intentar dialogar con eso que se supone como ‘viejo’”, advierte Mora, cuya El ocaso de la causa será la encargada de clausurar el ciclo, que se desarrollará todos los viernes del mes desde las 22. Para Titiunik, que ofrecerá Hija en la primera parte de la noche del viernes 11, el ciclo llamó a óperas primas: “En principio la idea de parir una obra propia conlleva la decisión de asumir el desafío y el placer enorme de poner en movimiento las propias investigaciones, deseos, un modo de ver el mundo. La novedad está dada por el sello de lo original en tanto despliegue del universo subjetivo que es siempre único e irrepetible”, define.

Cadús, autora de En obra, coincide en esa idea de “primera obra” y sí, realmente es un punto en común que une a las entrevistadas con el resto de las creadoras que completarán las noches de octubre del Sábato (Manuela Sansot, Daniela Vecchio y Luciana Fiszman). Sin embargo, ellas mismas tal vez no reconozcan aquello que la programadora de danza en el espacio cultural de la facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires sí: en todas existe un cuestionamiento a la manera de componer una obra que prima en la actualidad en la escena Off de la danza porteña. Cada una a su manera, dejan expuesta a la obra de arte como artificio, como parte misma de su contenido.

Mora lo presiente, casi tímidamente, pero dice no saberlo a ciencia cierta ya que El ocaso de la causa, una obra que teje la ficción desde la idea de una caída “como excusa”. En obra, encargada de inaugurar el ciclo esta noche, se construye desde la relación que se establece con el público: “Como todo arte escénico, sabemos que la danza es un arte efímero y que cada función es única e irrepetible. En este sentido creo que aporta a la reflexión, quizás acerca de esta demanda de novedad. En obra siempre es ‘nueva’, siempre es distinta”, asegura su creadora.

Según explica Titiunik, su Hija “condensa dos caminos: de un lado está atravesada por una investigación sobre el movimiento y la palabra, la gestualidad y la danza y sus posibles entramados; del otro, la arcilla desde la que uno da forma a sus dragones”. ¿Cómo? Claro: la reflexión acerca de la subjetividad del cuerpo, “esa materia de la que no puedo sustraerme”, con el mundo.

A esta altura, existe otro puente que une las ideas llevadas a las tablas por las tres coreógrafas y que tiene que ver con la comprensión de que la danza no es una esfera autorreferencial, que sólo cobra sentido en contacto consigo misma. Sí, es complejo no comprender nada de lo que pasa en esta era de otra manera que no sea en su múltiple interacción con universos significantes diferentes, extraños, incluso opuestos. Sin embargo, existen colectivos endógenos, autosuficientes o que por lo menos creen serlo. La danza extraoficial, por suerte, despierta hacia la socialización con otros lenguajes. “A medida que mis investigaciones avanzan entiendo cada vez más la obra como un espacio y una duración de preguntas que exceden el campo específico de la danza y comienzan a necesitar de nuevos lenguajes que las transporten”, coincide Titiunik, que no se cree capaz de pensar en la obra como un universo cerrado: “Imagino las respuestas como un paisaje de quietud que anularía la condición de existencia de la obra misma”.

La invitación de En obra a ser “acabada” por el público también es una manera de derribar fronteras interuniversos. El de “artistas” y “espectadores”, en este caso. “En obra propone una experiencia lúdica al espectador. El trabajo indaga en el proceso de composición de una obra de danza haciendo hincapié en la relación que se crea con los espectadores, en la que se intenta cambiar su rol de ‘expectantes’ a un rol de accionantes físicos y concretos sobre la obra”, detalla Cadús.

Por último, integrantes del universo de la danza “alternativa”, las creadoras no están ajenas a los cimbronazos que ese mundo sufre desde hace algunos meses, florecido al debate y la construcción colectiva alrededor de la Ley Nacional de Danza. Mora, que describe al colectivo como “diverso y activo”, le detecta algunas “grandes problemáticas”, como la llegada al público. “Es fundamental atenderlo, pero no hay nada dicho y depende de nosotros que la voz se haga acción”, se esperanza. “Todo el movimiento de organización alrededor de la ley está generando redes y espacios de debate y comunicación entre creadores, coreógrafos e intérpretes, un encuentro que la danza verdaderamente necesitaba”, considera la creadora de Hija. La comunidad inició hace pocos meses un nuevo intento de solidificación y fortalecimiento luego de que el programa del Festival Internacional de Teatro de la Ciudad Buenos Aires contara con una escasa propuesta de la disciplina. La alarma despertó al colectivo a una realidad más profunda: a un año de presentado en la Cámara de Diputados de la Nación, el proyecto de la norma que crea un Instituto Nacional de la Danza con acción a nivel federal no ha tenido ni un atisbo de tratamiento.

* El Vuelco, ciclo de nuevas creadoras. Viernes de octubre a las 22 en Espacio Cultural El Sábato, Uriburu 763, subsuelo.