/Archivo

“Mi sueño es hacer música para cine”

GUAZU_ENTRADA
Dedicado a su proyecto solista y Las Libres, dúo que regresará con LP luego de más de dos años, Iñaki Zubieta desanda sus formas de grabación, interpretación, agrupación y composición. “La inspiración es estar bien. Si lo estás y sabés cómo funciona la estructura de una canción, la vas a hacer”, receta. Fotografía: Matías Pozzi

Por Eric Olsen

“Hermoso” es la palabra que usa Iñaki Zubieta al hablar sobre la apertura para Spiritualized en Vorterix. “Oscuro”, dice cuando se le pregunta sobre el nuevo disco de Las Liebres. “Libre”, responde sobre el próximo trabajo de Guazuncho. Son adjetivos que en boca de otros artistas podrían sonar incoherentes pero que, viniendo de un músico tan heterogéneo, no producen contradicción. Uno le da play a Natsuki y el oído se transporta a lugares inciertos, ríos embrujados, territorios abandonados del inconsciente. Son imágenes palpables que vienen de una voz única, de un universo sonoro tan vasto como personal.

Cuando dice que llegó tarde porque se había quedado dormido, no se puede no perdonarlo. Éste fue un año que lo dejó sin descanso; hasta se podría decir que fue el más importante de su carrera. La gran noticia, la más reciente, es el regreso de Las Liebres. Después de más de dos años de silencio, el dúo de Zubieta y Federico Delbon anunció la salida de Reverberaciones para fines de 2014. Para calmar la ansiedad, también sacó un single adelanto, “Libre como el viento en la colina”, en el que se escucha a la banda dejar su zona de confort y moverse a un lugar más llamativo.

—“Libre como el viento en la colina” suena mucho más directo y hasta psicodélico que cualquier otra cosa que haya hecho Las Liebres. ¿Tuvo que ver con la formación a la hora de grabar?
—Sí, esta vez no lo grabamos todo entre Fede y yo. Lo hicimos en lo de un amigo que también toca con nosotros en vivo y con un bajista que también es amigo nuestro. Lo hicimos de a cuatro. Es la primera vez que no lo hacemos solos. Hace tiempo que quería hacer algo diferente, cambiar la forma en la que grabábamos, y más o menos cambiamos para este disco. Para el próximo quiero que sea todo diferente. Ya ni quiero mezclarlo yo.

—¿Dónde grabás y producís generalmente?
—Con Guazuncho grabo donde esté, hago todo con mi computadora. Y con Las Liebres tenemos en la provincia de Corrientes el estudio de uno de los chicos, un estudio pequeño pero copado, con micrófonos y sala. Grabamos tocando en vivo en vez de hacerlo por partes.

—Es un recurso que usás con Guazuncho. Por más que parezca que hay mucha programación y que estás vos solo tocando todo, las grabaciones son en vivo, como si quisieras agarrar la emoción del directo.
—Para el último disco de Guazuncho sí, fue algo así. Grabé todo en el sampler primero y me puse a tocar como si fuera en vivo. Estoy en contra de apretar un botón y que todo suene ya programado. Los discos anteriores los grababa más que nada en partes. También hay muchas canciones que iba grabando de a poco, hasta que agarraba y decía “bueno, hay siete temas que están buenos, estaría bueno sacar un EP”. Hago una mezcla entre los que están mejor, los que ya no pueden mejorar y los que sonoramente tienen algo en común.

—Porque por más que las canciones sean unidades y se distingan las composiciones, hay un aura que une todo. Las canciones de Natsuki, por ejemplo, hubieran quedado fuera de lugar en los discos anteriores.
—Sí porque los otros vinieron de dos años de grabaciones, de canciones, de elegir lo mejor. Natsuki fue tres meses de un saque; todo más espontáneo, diferente al resto. Por eso parece que se distingue de los primeros EPs, porque la forma cambia. Además me gustaba la idea de que Natsuki fuera el primer LP. Por ahí nadie lo entiende así y se piensa que es el tercero, pero los dos primeros los considero EPs: suenan un poco más lo-fi. Este último disco suena mejor, tiene más temas y teníamos pensado sacarlo en vinilo.

—Estás tocando con Bosques y estuviste con Posavasos y Diosque. ¿Cómo te sumaste a todos esos proyectos?
—Con Las Liebres casi no estábamos tocando. Entonces me puse a tocar con Bosques, Posavasos y Diosque. En realidad, hace ya dos o tres años que toco con Diosque. Tenía un laburo que me dejaba mucho tiempo libre y estaba muy bueno poder tocar con toda esta gente. Además a los chicos de Bosques los conozco hace tiempo, a los de Posavasos también. Nos juntábamos, salíamos, había mucha buena onda. Pero se me empezaron a superponer demasiado las fechas. Tuve que empezar a cancelar y fue un bardo. Me di cuenta de que si bien está buenísimo tocar con otros, es difícil. Llegué a la decisión de no tocar más con ninguno de ellos. Necesito un tiempo para mí, para Guazuncho, para grabar. Lo que quiero hacer ahora es grabar otro disco y necesito tiempo.

—Además de la batería, en Guazuncho se escuchan guitarras, teclados y bajos. ¿Cómo te convertiste en multiinstrumentista?
—Mi bisabuela es concertista de piano. Mi abuela que nunca conocí también fue concertista. Mi abuelo era chamamecero, no profesional sino de asado. Y mi tío también: chamamecero a full, toca muy bien el acordeón. Mi tía, la hermana de mi papá, es música clásica y tiene con su esposo una escuela de música. Fui a un recital a los nueve años y vi a todos los nenitos tocando rock y dije “guau, yo quiero venir a tocar”. Fui con mi primo y me preguntaron qué instrumento quería aprender. Mi primo, la guitarra, y yo digo “eh, no sé, la batería”, como para poder tocar con él nada más. Ahí aprendí la batería y después solo, porque me interesaba mucho, la guitarra. Y más adelante, lo mismo con el piano. Lo único que aprendí fue la batería y todo lo demás fue de oído. Obviamente que en el piano y la guitarra soy bien chacarero, nada avanzado.

GUAZU_ENTRADA1
Fotografía: Matías Pozzi

—¿Cómo es el camino desde una primera idea hasta una canción?
—Si la tengo, la grabo y le voy sumando lo que necesite. Si no, empiezo a grabar cualquier cosa y ahí sale. Hago un loop, pruebo alguna cosa, sale algo que me gusta y me pongo a trabajar. Así salen muchas canciones instrumentales también. Después les voy probando las voces. Me encanta la música instrumental, pero generalmente le termino agregando una voz porque sé que es un plus. Si es instrumental, por ahí a la gente no le importa tanto, pero con una voz pega un poco más.

—Igualmente, los temas que dejás instrumentales tienen una voz, por más que no estén cantados. Tienen algo que habla, que cuenta.
—Bueno, justamente ahora van a estrenar un corto (Videojuegos) en el Incaa para el que usaron temas de Natsuki. Quizás haga la música para la película de un amigo también. Tengo muchos proyectos así dando vueltas. Mi sueño es hacer música para cine, llevar lo mío a la pantalla grande. Un disco es como una película sonora. Hoy se está usando mucho la mezcla audiovisual. Se hace que todos los temas de un disco tengan video. Pero no es que piense tanto en lo visual, solamente en el sentido en que encuentro que todo es lo mismo. Una canción puede ser como una foto, como un mensaje transferido. Me pasa que estoy grabando una canción y agarro un libro de arte para ver si coincide con el sonido.

—Es muy fácil remitir la música de Guazuncho a imágenes. Especialmente Natsuki, en el que hay un uso fuerte de metáforas: cantás sobre irse por las ramas de árboles viejos, sobre ser tapado por olas de playa, sobre ver tambores apagándose.
—Sí, es todo una mega metáfora que viene del mambo en el que estás. O por ahí de su opuesto. Una vez leí que le preguntaron a El Guincho por el disco Alegranza!, si estaba bien arriba cuando lo hizo, y él dijo “no, nunca me sentí peor”. A veces siento que me pasa. Específicamente con Natsuki, recién ahora estoy viviéndolo. Como si hubiera premeditado el futuro. Me siento la causa de todo lo que me pasa: escribí mi propia historia.

—¿Ensayás?
—No. Vengo tocando estos temas hace un tiempo, sé cómo hacerlo. Y si bien está bueno ensayar, algo del show que hago es muy del momento. Dejo que salga así. Las últimas veces que toqué en vivo fueron las últimas. Puedo agarrar el sampler, ponerme auriculares y ensayar así, no hace falta que vaya a ningún lugar. Prefiero usar el tiempo en vivo para intentar cosas antes que tener todo ordenado. Igual mucha gente no entiende lo que hago, no entiende nada, pero todo bien. Acá en Buenos Aires está la mejor onda, pero allá en Corrientes es otra cosa. Cuando toco, los que van a verme entienden, pero los que están justo en el lugar no entienden nada. Esperan ver a un chabón con la guitarra y la batería. Me dicen “che, ¿eso está tocado todo sobre el escenario?” y les digo que sí. Me dicen “no, eso está grabado aparte” y les digo que no. Me gusta generar eso. Que si llega el día en el que entiendan, que sea “guau, mirá”. Por eso veo el que no me entiendan como algo positivo. La incertidumbre molesta, la gente quiere todo claro, pero lo importante es la música. Me ha pasado que me digan “che, ¿qué onda lo que hacés?”

—O, si no te vieron nunca, “qué tocas”.
—Uh, es todo un tema. A veces digo cualquier cosa. El otro día una tía me preguntó si tocaba melódico. Le dije que sí, pero la verdad es que ni idea qué es melódico.

—¿Te considerás un cantautor?
—Canto y soy un autor, debo serlo. La mejor forma de hacer canciones es estar alerta a cuando te viene una melodía. Muchas veces estoy dormitando y comienzo a cantar una canción que no existe. La siento conocida pero la acabo de inventar. Después me despierto y se me va. Otras veces estoy despierto. Es cuestión de tratar de entender cómo es la estructura de la música y de las canciones para poder hacerlas. Si entendés eso, no existe la falta de inspiración. Me dicen “no ando componiendo porque no estoy inspirado”: no. La inspiración es estar bien. Si lo estás y sabés cómo funciona la estructura de una canción, la vas a hacer.

—¿La composición se vuelve a cada experiencia más fácil?
—Un poquito. Aprendés nuevas formas de hacer, sobre todo cuando conocés a otros músicos que te muestran cómo tocan, cómo hacen sus canciones de la nada. Con Fede, en la primera época de Las Liebres, tocábamos todo improvisado. Los primeros recitales eran shows de tres horas y hacíamos hasta las letras en el momento. Eso me influyó. La guitarra de Diosque es increíble: no tiene mucha técnica, pero sale con el alma, como si fuera una equivocación que, a la vez, entra perfecta. Está bueno conocer a alguien diferente a vos y compartir ese tipo de cosas.

—El próximo disco va a ser el cuarto, un momento en tu carrera en el que ya tenés una especie de discografía completa, aparte del trabajo de Las Liebres.
—Sí. Igual la verdad es que me encantaría subir diez discos por año a Bandcamp, como hace Calamaro. Pero a la vez trato de bancar un poco, ir tranqui, no apurarme y sacar siempre lo mejor posible. Ese es mi objetivo como humano, hacer discos para que quede algo. Pintar no puedo, escribir un libro menos, entonces grabo. Pero va por el lado de dejar un legado.

Videojuegos, corto de Cecilia Kang con música de Guazuncho, será estrenado mañana a las 12.30, 16:30 y 20:30 en el Cine Gaumont (Av. Rivadavia 1635, Ciudad de Buenos Aires), en el marco del ciclo Historias Breves.