En los ‘90, Gabo Ferro supo formar parte del grupo de agitación poética Los Verbonautas junto a Palo Pandolfo, Karina Cohen y los poetas Osvaldo Vigna, Hernán y Eduardo Nocera y el gran Vicente Federico Luy. El colectivo le ponía el cuerpo a la poesía: leían en recitales de rock, en la calle, en bares y restaurantes. Fuente inagotable de anécdotas, Gabo recuerda: “Fui el primero en rajar. Era divino mientras eran atentados poéticos. Pero cuando uno dice ‘nos va a editar un poemario la UBA’, los que teníamos más o menos una carrera sabíamos lo que era. ‘¿Me están cargando?’, dije. ‘No. Y tenemos que hacer teatros.’ Hasta ahí llegué. Y me fui a la mierda. Y después salió un libro editado por el Rojas. ¿En qué quedamos? ¿La idea no era justamente sentir orgullo por no haber pasado por la cátedra de Panesi, por escribir poesía sin haber pasado por Puán? Parece que no”. De Los Verbonautas, Gabo recuerda a Luy: “Éramos como hermanos, por eso me llamó tanto la atención que después de su muerte salieran tantos fans de Vicente Luy. No entiendo nada. La muerte hace casi siempre esas cosas. Vicente siempre fue el poeta que fue. Tremendo. Siempre fue el individuo que fue. Tremendo. Me acuerdo que cuando me enteré cómo se mató enseguida vi la broma y dije ‘éste es Vicente’. Se fue haciendo un chiste, porque se fue a saltar desde un séptimo piso de Salta. Hizo una humorada. Y eso que siempre vivía haciendo chistes. Nos adorábamos”. Cuando Gabo volvió al estudio para grabar su disco debut, el poeta le dio el puntapié inicial con un préstamo para hacer realidad ese LP. Años antes, había pagado de su bolsillo el disco de Flopa-Manza-Minimal. “Era muy generoso”, sentencia el músico.