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Germán Kalber: «La música va de la mano con la forma de vida de los pueblos».-

El compositor nacido en Charata reivindica a su Chaco natal como una provincia «mezcladora de géneros», esos que vienen de la chacarera santiagueña y el chamamé del litoral, y por eso ahonda en la herencia del folklore, pero intenta «ser uno», renovarlo de forma desprejuiciada. Y no está solo, al norte del país, una generación de nuevos músicos lo acompaña pensando «en  lo artístico y no en las luces».

Por Sergio Sánchez
Fotografía gentileza Germán Kalber

Desde Resistencia, Chaco

Buenos Aires, septiembre 27 (Agencia NAN-2013).- “Me siento un caminador de la canción y la poesía. Si bien hago música de raíz folklórica, no me considero para nada un folklorista.” Así se presenta Germán Kalber, un joven cantor, pianista y compositor oriundo de Charata, Chaco. Es que si bien en su música hay una evidente influencia folklórica del Litoral, Kalber no cierra su canción a los géneros tradicionales sino que abre el juego a otras formas y géneros. Aunque su Charata natal está pegadita a Santiago del Estero y la fuerza de la chacarera es irresistible, Kalber pone en tensión su música con la amplitud de sonidos que se respiran en Resistencia. Es allí en donde construye y dialoga junto a una joven y pujante generación de músicos y cantautores: Lucas Monzón, Seba Ibarra, Patricio Hermosilla, Juan Mora, Julio Ramírez, Mariano Parrilla, Emanuel Álvarez, entre muchos otros. Como sucede en Buenos Aires con el “cancionismo”, se trata de una generación desprejuiciada, participativa y abierta a todas las músicas.

A sus 33 años, Kalber tiene dos discos solistas, Plenilunio (2004) y Sangre de barro (2009), y uno en camino, que se encuentra en proceso de grabación. En 2007, coordinó junto a Diego Brandán el disco-libro Charata de mi alma, un homenaje colectivo a su pueblo con canciones y poesías. “En los últimos años, vengo trabajando mucho en la composición junto con Diego, con quien formamos un equipo. Él escribe y yo me encargo de la música”, cuenta Kalber. Con el piano, el acordeón y la guitarra como protagonistas, su canción da testimonio del paisaje chaqueño y retrata la cotidianeidad de los pueblos originarios autóctonos. “Tristeza de los caminos / llora el monte su destino / (…) La memoria de mi pueblo / que nunca olvida aunque sangra”, canta en “Lágrimas de siglos”.
  
-¿Cuál fue la primera música que te llegó? ¿El folklore tradicional?
-Pasa algo muy especial con esto de las regiones. Charata queda bien en el suroeste del Chaco, bien en el límite con Santiago. Nuestra música folklórica o lo que escuchaban nuestros viejos y, por ende, nosotros, era la música santiagueña, la música del monte, es decir, vidalas y chacareras. Recuerdo que mis abuelos, cuando yo era chico, tenían un tocadisco y una discografía bastante linda de los primeros conjuntos santiagueños como Los Hermanos Ábalos, Los Cantores de Salavina, Los Manseros Santiagueños; y mucha música salteña, también, como Los Cantores del Alba. Todo eso fue mi primer contacto con la música. Y a los 6 años empecé a estudiar piano en un conservatorio y me recibí a los 15 de profesor. Sin embargo, lo que pude tocar más tarde con el piano lo fui aprendiendo de manera autodidacta. Y guitarra no estudié. Lo que toco y compongo es más de oído y de observación. O transporto el conocimiento del piano a la guitarra.

-Hasta el momento, Sangre de barro es tu último trabajo, ¿cómo podrías definirlo?
-Es un disco que se editó en todo el país mediante el sello Utopía. Tiene mas canciones mías en colaboración con Diego Brandán. Hay una sola que no es nuestra: «Carta de seda y flor» (Marta Quiles-Zitto Segovia). Y se hizo en co-producción con Alejo Álvarez Quiroga, que es hijo de Mario Álvarez Quiroga, un referente de la música y la poesía folklórica santiagueña. Ellos me dieron una mano para hacer este disco. Contiene canciones como “Dueño del tiempo”, una chacarera doble que habla de la lucha de los pueblos originarios. Y hacemos referencia a nuestra zona, porque cerquita de Charata está La Toldería, una comunidad mocoví. Queríamos mostrar esa parte de la provincia. Se conoce más la cultura qom  y la wichi, porque la mocoví siempre estuvo un poquito más escondida. Por eso, esa canción empieza con un recitado en lengua mocoví de Sixto Lalecorí, uno de los caciques de esa comunidad. Le mostramos la canción y nos dio la aprobación. Y hasta nació una amistad.

                                                                          

-¿Qué podrías adelantar del nuevo disco que estás grabando?
-Musicalmente va a tener más elementos de otros géneros, no sólo de folklore, aunque hacemos base ahí. Escuché mucho a MPA, del Chango Farías Gómez, en el que se puede vislumbrar bien la influenza afro que tiene la música folklórica. No sólo la de nuestro país, sino la de todo Latinoamérica. Y de eso quise tomar bastantes elementos: utilizar las claves afro en la guitarra y jugar con la percusión. Las canciones nuevas tienen influencias de géneros y folklores de otros países de la región, como la cumbia, un lenguaje muy rico para explorar. Lo que más hemos absorbido de niños es el lenguaje de la chacarera y tratamos de marcar eso, pero también abrimos el juego. Desde esa esencia del rasguido, tratamos de buscar la conexión con elementos de otros géneros. La idea es perder los prejuicios y faltarle el respeto a las formas básicas. Está bueno el desprejuiciamiento, pero no hay que olvidarse de la esencia de la raíz. En eso tenemos cuidado. Tratamos de mantener el equilibrio.
  
-Entonces, ¿sería necesario ahondar en la música de raíz antes de innovar y experimentar?
-Sí, es fundamental conocer la poesía de Yupanqui, la riqueza musical increíble de Adolfo Ábalos, la música del Cuchi Leguizamón, la de Jaime Dávalos, Eduardo Falú y muchos otros. Hay una célula muy fuerte que sigue latiendo. No podemos desconocer todo eso, hay que conocerlo a fondo. Y, con todos esos elementos y conocimientos, hay que empezar a ser uno.
  
-La música de Chaco recibe la influencia de dos focos culturales: Santiago del Estero (con la chacarera) y Corrientes (con el chamamé), ¿qué implica que Chaco no tenga un género propio y en su territorio convivan músicas diversas?
-No tiene ni habría que darle tanta importancia a eso. Me parece que habría que trabajar más en profundizar los conocimientos musicales y poéticos históricos y antropológicos, porque la música va de la mano también con la forma de vida de los pueblos. Seba Ibarra dice algo bastante certero: “Sería bueno que en vez de decir que el Chaco es una provincia ‘chamamecera’ se diga que es una provincia ‘mezcladora’ de géneros”. Porque no podemos escapar de la gran influencia ‘guaranística’, por un lado, ni de la gran influencia quechua, por el otro. No hay que renegar de eso, al contrario, hay que profundizar en eso. No es tan importante ponerle una frontera a determinada música, me parece más rico buscarle la vuelta para que vaya evolucionando con todos los elementos que ya hay dando vueltas.
  
-¿Encontrás puntos de contacto con tus compañeros de generación?
-Sí. Acá en el Chaco hay una camada de grandes artistas. Músicos que siempre nos vinculamos. Hay una movida cultural muy importante, de todas las disciplinas. Se está dando un momento histórico en nuestra provincia que hace mucho no pasaba. Lucas Monzón es uno de los músicos más talentosos de Chaco. El también es de Charata. Siempre que podemos venimos a Resistencia para tomar contacto con otros músicos. Siempre que nos juntamos se vive un ambiente de amistad y camaradería muy linda. Y eso ocurre porque el interés está puesto en lo artístico y no en las luces.

Sitio: https://soundcloud.com/germankalber