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Libros: “Una experiencia desmanicomializadora. Arte, lucha y resistencia” (Frente de Artistas del Borda, 2008).-

Poemario, manifiesto, anecdotario y biografía, el libro de los “locos” del Borda sirve para dar cuenta tanto de la vida intramuros como de la naturaleza de ese reclamo por el que luchan con arte: la caída simbólica del paredón, la reestructuración del sistema de salud mental y el tendido de una red de actividades artísticas que, más que terapia, sea un espacio de construcción.

Por Luis Paz.

Buenos Aires, julio 1 (Agencia NAN-2008).- “Desmanicomializar”. Desgranar el concepto es casi tan difícil como hacerse cargo de las dolencias de la sociedad propia. “Desmanicomializar”. Un concepto que, en la voz de los manicomializados, en sus cuerpos, se convierte en estandarte de arte, lucha y resistencia, en objetivo de una práctica artística, de una experiencia: la de los “locos” del Borda. “Locos” que, para sorpresa, agrado o envidia de los “cuerdos”, desandan el término mejor que cualquier semiólogo, porque lo hacen desde dentro, con sentimiento, en el libro Frente de Artistas del Borda, una experiencia desmanicomializadora. Arte, lucha y resistencia, recientemente lanzado a través de la editorial de las Madres de Plaza de Mayo.

Un poco poemario, un poco biografía, un poco anecdotario y un poco manifiesto. Entre esos formatos se debaten los textos que lo componen, una recopilación de artículos periodísticos, recuerdos, testimonios, poesías y reflexiones de los internos del Hospital Neuropsiquiátrico José T. Borda. Si uno hace caso al sentido común, lo más probable es que caiga en la errónea conclusión de que los talleres que allí se realizan son parte de la “terapia”: así como la mujer separada va de shopping para ocultar su tristeza o para festejar su libertad, los “locos” pintan cuadritos, escriben cuentitos y hacen obritas de teatro para sentirse aceptados, para “reinsertarse” en una sociedad. Eso se piensa. Pero ¿en qué sociedad se reinsertan sino en el microclima del hospicio?

Allí es donde la experiencia del F.A.B. se vuelve revolucionaria: no se trata de talleres terapéuticos, de control o de reinserción, sino de una lucha artística, política y militante por atravesar los muros. Aunque, claro, la mirada condescendiente dejaría pasar errores de edición (más bien de redacción y corrección), por tratarse de “ellos”, esos distintos al lector cómodamente ubicado en su sillón. Pero no, hay que decirlo, los errores están. Lo destacable es la mezcla de honestidad y humildad que lleva a sus autores, los Artistas del Borda, a aclarar que el libro tiene “poco de literario y mucho de puesta en escena”.

En esos términos y bajo esos formatos, siempre dialogantes, trascurren las páginas. Y, con ellas, las historias sobre festivales, los recuerdos a aquellos que ya no están, las invitaciones a los que “clínicamente” jamás precisarán estar allí, en eso que en la voz del genial Antonin Artaud los artistas plantean como «infierno». «No hay nadie que jamás haya escrito o pintado, esculpido y modelado, construido, inventado, a no ser para salir del infierno”, citan.

Salvo por las adhesiones de artistas, pensadores, militantes y periodistas “cuerdos”, la experiencia de construcción colectiva del F.A.B. no ha conseguido mayor apoyo, siquiera de algunas de las dirigencias del Borda, desde 1984 –cuando fue creado el Frente– a la fecha. Aún así, no claudican los esfuerzos, no cesan los ensayos. Muchos talleristas son hoy coordinadores, ex internos (o “externados”) a los que la sociedad clínica (y, con ella, toda la sociedad) considera “curados”. Pero la salvación personal no les aparta la mirada de aquel fin colectivo y revolucionario: la desmanicomialización a partir del arte.

Desde la organización interna de los talleres a las apostillas de la realización de ¿Comió Maní?, pasando por el recuerdo de los festivales de artistas internados en instituciones psiquiátricas y el homenaje a las 45 mujeres muertas de desnutrición durante el crudo invierno de 1990 en el Hospital Neuropsiquiátrico Braulio Moyano, todo queda documentado en Frente de Artistas del Borda, una experiencia desmanicomializadora. Arte, lucha y resistencia, una obra de lectura recomendable en aras de derribar prejuicios. Y un buen paso, en principio, en vistas de derribar esos “íconos de la opresión”: los manicomios.

“Frente, porque vamos al Frente; Artistas, porque queremos ser artistas y somos artistas; Borda, porque somos del Borda y desde allí luchamos para derribar las paredes”. Con voces que, en palabras escritas, suenan tan coherentes, inútil es agregar mucho más.