A lo largo de cuatro días, la primera edición del Festival San Pedro Clown abrazó a una amplia diversidad de propuestas para todos los gustos y convocó a referentes de la disciplina de distintas partes del país, como Chacovachi, Darío Levín, Walter Velásquez, Cristina Martí y Guillermo Angeleli. «El payaso no sigue las normas de la sociedad, no está domesticado», sentenció Martí durante un taller que coordinó.
Por María Luz Carmona
Fotografías gentileza de Sofía Fucci
Desde San Pedro
Buenos Aires, septiembre 24 (Agencia NAN-2013).– La ciudad de San Pedro recibió con los brazos abiertos la llegada de una iniciativa cultural independiente que marcará un antes y un después en el devenir del teatro local. Se trata del primer Festival San Pedro Clown, que se realizó el fin de semana pasado y convocó a reconocidos artistas de distintas partes del país. Cientos de espectadores, grandes y chicos, pudieron acceder a variadas propuestas estéticas dentro de la disciplina, de un gran nivel artístico. Chacovachi, Maku Jarrak, Darío Levín, Las Pérez Correa y Walter Velázquez fueron algunos de los artistas que se subieron al escenario. Además, los maestros Guillermo Angelelli y Cristina Martí dieron talleres de iniciación al mundo del clown. “Este tipo de festivales, hechos tan a pulmón, van a empezar a tomar fuerza en distintos puntos del país. Son necesarios”, comentó al cierre del encuentro, entre risas y abrazos, Velázquez, el actor que se pone en la piel de Don Carlos Calostro Mecoño.
La apertura del festival, autogestionado por actores de San Pedro y de Buenos Aires, estuvo a cargo de Darío Levín. El actor interpretó Criatura de Dios, un unipersonal en donde encarna a un personaje de laboratorio que no sabe quién es ni qué hace allí. Un ser que se encuentra solo y perdido pero que de a poco va encontrándose. Es una puesta atractiva, que dialoga sobre la identidad y la búsqueda del propio camino y del descubrimiento del mundo. Con dirección y dramaturgia de Angelelli, la obra propone un diálogo necesario entre clown y espectador. Además de actuar, Levín estuvo a cargo de un taller, junto con Velázquez. En esa experiencia, abierta a actores principiantes y avanzados, indagaron acerca de la comunicación, del estado de alerta y disponibilidad, del juego. Y propusieron una visión del mundo clownesca: “un estado de presente continuo, de tirarse a la pileta, de saltar al vacío. Un estado de positividad, de aceptación, irreverencia, desborde, sensibilidad. Una autopista hacia el estado de gracia.”
El clima fresco, pero agradable acompañó todo el festival. Los enérgicos parques arbolados y perfumados de aucaliptus y el río sereno aportaban un plus a la iniciativa. Durante ese mismo fin de semana, San Pedro también cobijó un encuentro de motoqueros y otro de productores orgánicos regionales. Entonces, una atmósfera especial se podía percibir en el ambiente. En esa ciudad, la producción escénica está en crecimiento y eso se vio reflejado en la Sala Cuarta Pared, que funcionó como sede principal. Allí se desarrolla una escuela de teatro y una pequeña sala en donde se demuestra que el mundo clownesco también se está expandiendo.
A lo largo de cuatro días –de jueves a domingo-, una amplia diversidad de propuestas para todos los gustos se adueñó del espacio público del centro de la ciudad. Hubo, entre tanto para ver, teatro para la familia, de la mano de la compañía tandilense Tri Tri, compuesta por jóvenes actores: Joaquín Borches, Winny Ferraro y Mariano Delaude. El grupo teatral presentó Señor Trompeta, una puesta con dirección de Eugenio Deoseffe. También se pusieron las narices rojas Las Pérez Correa, el carismático dúo femenino oriundo de Córdoba. Las actrices Julieta Daga y Laura Ortiz le pusieron el cuerpo a los unipersonales Suena Tremendo y Paloma sin Vacilo, que versan sobre la libertad, la felicidad, el deseo y la necesidad de amor, en todas sus formas. A través del lenguaje poético y profundo que propone la técnica del clown, sus obras dieron la posibilidad de reflexionar sobre los prejuicios y los mandatos que nos atraviesan en tanto sujetos sociales. También hicieron reír mucho. Y fueron aplaudidas fervientemente por un público que las abrazó desde el primer momento en que aparecieron en el escenario. “Si algo te molesta, sacátelo. Si algo te aprieta o incomoda, decile no. Si a ella le gustan las chicas, está todo bien. Si a él le gustan los chicos, también está todo más que bien”, lanza una de las payasas, mientras se va deshaciendo de una parte del vestuario (que, claro, le molesta).

El sábado a la noche, en tanto, el actor y docente Walter Velázquez presentó su unipersonal Rescate Emotivo (No Pasa Res!) ante una sala repleta que lo aplaudió efusivamente. La obra tiene un gran compromiso político. Propone una puntillosa crítica a la sociedad actual: las desigualdades sociales, los medios de comunicación, la minería a cielo abierto, las guerras, la infancia desprotegida, el abandono de los ancianos, entre otros temas. El personaje, Don Carlos Calostro Mecoño, fue payaso toda su vida. Fue parte de las familias de payasos que comenzaron la profesión en su país. Y ahora ya está viejo, tiene 84 años, vive en un geriátrico y se familia se olvidó de él. Con un gran manejo del lenguaje del clown, Velázquez logra interpelar al público y hacerlo transitar por distintas sensaciones; hacer pensar y repensar acerca de todos esos tópicos. El actor tiene una clara intención artística: ir hasta el fondo de la cuestión, no callarse nada. Es que de eso se trata la esencia del clown. Y eso da buenos resultados. La función cierra con un emotivo video de las visitas del payaso por geriátricos del mundo. Y de fondo suena la bella “All you need is love”.
Uno de los elementos más destacables del festival fueron los talleres de formación de clown, encabezados por Angeleli (“La lengua en la nariz. Una aproximación al lenguaje del clown») y Martí (“El clown antes de la nariz”). Se trató de dos propuestas de trabajo intensas, abiertas a actores jóvenes y adultos, de todos los niveles. Allí se indagó acerca del conocimiento del propio cuerpo y de la importancia de la conexión del actor con su mundo interior sentimental/afectivo. “Ponernos la nariz exige antes una preparación, una exploración, en donde chocaremos contra nuestras propias paredes, descubriremos puertas abiertas en las que los únicos responsables de atravesarlas seremos nosotros mismos –fundamenta Martí-. Ese trabajo nos convoca a un total compromiso y entrega, a un estar un ciento por ciento dispuestos, listos a lo que nos sucede tanto interna como externamente, para accionar desde el placer: solo siendo”.
“El payaso es un ser que está por fuera de la sociedad. Es desprejuiciado, no está domesticado. No sigue las normas de la sociedad. Y es universal”, subrayó durante su taller la actriz, directora y docente. Allí participaron actores provenientes de El Bolsón (Neuquén), Rosario, Santa Rosa (Santa Fe), Ciudad de Buenos Aires y las localidades bonaerense Luján, San Nicolás, San Pedro, entre otros puntos del país. “Se trata de permitirnos ser exploradores de nosotros mismos, ver hasta dónde somos capaces de llegar y con qué nos encontramos para, después, recién ahí, transformarlo en un hecho artístico. El humor es, en definitiva, transitar por encima de las situaciones, habiendo comprendido previamente qué es lo que se está abordando”, completa Martín, quien dirigió recientemente Povnia y Seis.