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«El mal de la montaña» en el Abasto Social Club.-

Banales, histéricos, encerrados, discriminadores, apenados, espectantes.  Una mujer y tres hombres muestran un  armazón indestructible para enfrentarse al público y contar, entre risas de indiferencia, sus miserias. Es sólo una fachada.

Por Lola Kuperman
Fotografía gentileza El mal de la montaña

Buenos Aires, septiembre 17 (Agencia NAN-2013).- “Estoy extrañando mucho y no sé bien qué”, dice ella, pelirroja, vestida íntegra de negro excepto por sus zapatos brillosos en un tono bordo oscuro. Ella dice y representa, en ese contexto de tres hombres y nada de escenografía, a todas las mujeres del mundo. El mal de la montaña, bajo la dirección de Cristián Drut, cuenta historias que rondan la miseria, la soledad, los desamores, en resumen, la insoportable levedad del ser.

“¿Preferís el mar o la montaña?”, ironizan los cuatro personajes, y alumbran como insolente una pregunta tan banal y utilizada como el clima en ascensor. Las luces, a cargo de Alejandro Le Roux, reflejan sus sombras en un doble tono, uno azul y otro rojo. Los cuatro apelan sin miedo a los espectadores, ignorando por completo la cuarta pared, les sostienen la mirada con tanta intensidad que alguno del público seguro piensa en responder. Hasta que vuelven a lo suyo, reconstruyen esa separación invisible que divide ficción y realidad. Es la histeria que reina en la obra, el querer nada más para ser querido.
Dos columnas espaciadas forman parte de la sala teatral del Abasto Social Club, demarcan un espacio ayudadas por la pared del fondo y las gradas donde se encuentran los espectadores. Aunque el área por fuera de las columnas sea el doble del que limitan, los personajes se quedan dentro, sin que nadie los obligue y se quejan de todo lo que se puedan quejar, y así como no parecen hacer nada para cambiarlo, tampoco franquean esas columnas. Se quedan allí, encarcelados sin que nadie los encierre, más que ellos mismos.
Son fragmentos de historias los que se cuentan entre los personajes encarnados por Natalia Señorales, Patricio Aramburu, Pablo Cura y Julían Krakov, mientras esperan y esperan a quienes no llegan. Historias de discriminación y un fascismo preocupante se enredan con un corazón roto y verborrágico, con debates existencialistas y agudos en un tiempo sin cronología ni relación espacial. 
“No es cómodo ese silencio, no hay complicidad”, sentencian y callan. Sus cuerpos visten de negro y son parte de la escenografía. La historia, escrita por Santiago Loza, será completada y comprendida a través de los silencios, espacios vacíos de palabras que increpan al espectador casi tanto como las palabras que salen de esos personajes anónimos, cambiantes, incomprensibles.
“En cuanto hay alguien que observe nuestra actuación, nos adaptamos, queriendo o sin querer, a los ojos que nos miran y ya nada de lo que hacemos es verdad”, escribe Milan Kundera, autor de la Insoportable levedad del ser. Así es como los cuatro conviven dentro de ese espacio ficticiamente limitado, mintiéndose y sólo acudiendo a la verdad en los breves fragmentos que los inconscientes de los personajes parecen conversar en escena. La doble sombra que sale de sus cuerpos refleja la opacidad de estos personajes, la falta de transparencia instala inevitablemente la duda en el espectador sobre su propia ficción, ¿cuál es el límite donde comienza la hipocresía?
El mal de montaña es conocido por los mareos, trastornos del sueño y agotamiento físico general que siente el hombre en las alturas por la baja presión atmosférica y en consecuencia, la baja captación de oxígeno por los pulmones. También por la pequeñez, por la soledad y por lo minúsculo que se siente frente a la inmensidad de la naturaleza. Así se encuentran los tres hombres y la mujer que parecen tener un armazón indestructible para enfrentarse al público y contar, entre risas de indiferencia, sus miserias. Es sólo una fachada, esas risas no son más que desesperación, un intento de ignorar el mal que los apena y los hace sentir minúsculos y agobiados frente a sus propias almas.

*El mal de la montaña se presenta los sábados a las 23 horas en Abasto Social Club, Yatay 666, Capital Federal.