
Por Loreta Neira Ocampo
loretaneiraocampo@gmail.com
En noviembre de 2011, Gastón Massenzio lanzó Las formas, EP compuesto por tres tracks de tinte folk-experimental con guiños jazzeros; una gran y sintética muestra de la sensibilidad del músico que abandonó los estudios académicos para hacer su propia escuela escogiendo maestros y nutriéndose de pares. Previo a su primer EP, el compositor bonaerense conquistó a los amantes del folk americano noventoso con un disco tributo a Elliott Smith, trabajo que le permitió plasmar los sentimientos que lo invadían al escuchar las creaciones del estadounidense y, al mismo tiempo, exorcizar un fanatismo que lo mantenía atrapado en la música de otro: “Cuando descubrí sus canciones, sentí que me mostraba un montón de mundos a través de la guitarra y la voz. Su música me abrió mucho la cabeza, me volví muy fanático. Me parecía increíble el manejo que tenía con el lenguaje musical: la forma de tocar, de expresarse en las letras; todo eso era para mí una mezcla perfecta. Estaba tan fanatizado que decidí grabar un tributo y fue una buena decisión, porque lo grabé, lo toqué, lo presenté y después se calmó un poco todo mi fanatismo y pude empezar a hacer y mostrar mis propias canciones”.
Las canciones son hoy el arma de cabecera de Massenzio, quien gracias al empujón creativo surgido tras el lanzamiento de Tributo a Elliott Smith (2011) pudo conectar con sus propias necesidades expresivas y editar dos discos de larga duración: Lapsus (2013) y Otra luz (2014), ambos abrazados por el sello independiente Fuego Amigo Discos. Hoy el cantautor se encuentra en plena promoción de Otra luz, proceso que a su vez lo mantiene pensando en cómo será el material que lo lleve nuevamente a estudio, pues afirma expresamente que “siempre quedan viejas las cosas apenas termino”. Redondea: “Si bien hace tres meses que edité Otra luz, ya lo presenté, ya lo toqué aquí y en el interior, ya siento que tengo que hacer algo nuevo. De hecho ya estoy trabajando en eso. Muy probablemente en febrero empiece a grabar”.
—Otra luz y Lapsus tienen estéticas bastante diferentes. ¿Cómo se gestó Otra luz y por qué la necesidad de alejarte tan notoriamente de tu trabajo anterior?
—Para Otra luz primero pensé en una idea que cruzara todo el disco. Eso fue re importante para mí. En todo el proceso de composición de los temas que lo integran salí de una etapa más introspectiva que es la que está plasmada en Lapsus. Cuando los temas de este último disco estuvieron terminados, me llené de amigos y de colegas que admiro un montón para que me ayudaran en el proceso de grabación. Compuse los temas pero dejé bastante libertad. Cada uno puso un montón de ideas y el disco se enriqueció mucho de esta manera, con muchos disparadores distintos. En Lapsus todos los arreglos pasaban por mí y por Hernán De Micheli, y muchas de las texturas que hay en ese disco son gracias a Fernando Kabusacki. Es decir, siempre me valgo de amigos que por suerte son muy grosos y enriquecen mi trabajo de maneras muy distintas, pero en Otra luz hubo mucho más espacio para que quienes vinieron a grabar, hicieran lo que quisieran, lo que les surgiera a ellos. Por otro lado está todo el tema de las influencias, porque Lapsus está casi todo en inglés: si bien lo edité en 2013, estaba listo en 2012 y está influenciado por todo lo que escuchaba en ese momento y antes, música más que nada en inglés. Después de lanzarlo, empecé a compartir fechas con muchos músicos de acá y a nutrirme más de música de hoy y de aquí, lo que generó la necesidad de hacer otra cosa, de darle a mi música otra sonoridad, de cantar en castellano y hacerme cargo de eso. A veces pienso que si alguien escucha Lapsus y después Otra luz puede pensar que son discos de dos personas diferentes.
“Estoy tocando el teclado en una banda, la guitarra en otra y sigo en Les Inestables. Eso sirve para salir del lugar individualista que a veces puede darse cuando uno sólo tiene su proyecto solista.”
—¿Qué música en especial te influenció para componer Otra luz?
—Siempre escuché a Luis Alberto Spinetta, Gustavo Cerati y Francisco Bochatón, esas son las influencias más importantes que tengo. No sé si se nota en la música que hago, pero realmente es lo que escucho siempre. Otra luz es más fresco, más contemporáneo, y eso tiene que ver con que me nutro mucho de los músicos con los que toco. De Micheli ha sido siempre una gran influencia para mí. Él hace discos re lindos, música re linda. Lo anterior tiene más relación con un folk americano de los noventa y lo que hay en Otra luz me parece más lúdico, menos serio, menos encasillable.
Actualmente, a 12 mil kilómetros, el sello alemán Spheredelic edita Las formas en el Viejo Continente y Massenzio, aquí en su tierra natal, se deleita con la noticia. ¿Por qué un sello alemán ha de interesarse en música producida en la presunta periferia? El mix latinoamericano parece captar un interés particular gracias al intenso diálogo o lucha que mantiene la identidad propia y la influencia innegable e impuesta por un imperio colonizador. La condición histórica, geográfica, social y cultural de nuestro continente rebalsa en conflictos, contradicciones, heterogeneidad, tradiciones y vanguardias. ¿Cómo puede ser la música de un espacio con estas características sino rítmica, apasionada, enérgica y, a su vez, llena de nostalgia? Los sonidos provenientes de la música de Massenzio pueden ser una clara muestra de la necesidad de construcción de una identidad basada y abierta a múltiples experiencias. Ya desde la experimentación que se encuentra en sus dos EP (Las formas y Lyd), pasando por lo introspectivo y oscuro de Lapsus y hasta en lo fresco y contemporáneo de Otra luz, es posible encontrar ecos del lugar en el que fue gestada la música. Sin una necesidad ni búsqueda por utilizar un código extraído del folklore tradicional, la muestra más auténtica de una región como la nuestra es quizás la simple expresión de quiénes somos. La música proveniente de un ciudadano que creció escuchando a Queen y Los Carpenters (cortesía de su madre); que quizás de niño renegaba de la música de raíz folklórica, pues era algo impuesto y probablemente aburrido; que creció y alimentó su adolescencia con los dolores de un otro como Elliott Smith o Kurt Cobain; que de más grande buscó e indagó en música, libros, películas y personas para encontrarse de una manera menos tortuosa; y que hoy se ve de pie en una ciudad con una población multiétnica, con un puerto que sigue mirando hacia Europa y una escena cultural que exige movimiento, agite, ruido y constante creación: ésas notas tal vez sean las que componen la canción más sincera.
—¿Cuáles dirías que son los elementos esenciales de tu trabajo?
—Prima la búsqueda sincera de un sonido que mezcle y realce de alguna manera lo que la letra dice. Letra y música están íntimamente unidas: siempre pienso ambas mucho porque, aunque me encanta y busco que tenga un pie experimental, el formato canción es lo que me gusta hoy, es en lo que me siento cómodo. La búsqueda es no caer tanto en lugares comunes, también. Trato realmente de crear y de tocar lo que a mí me gustaría escuchar.

—¿Y qué pasa con las letras?
—Me parece que tienen una parte terrenal y otra más existencial. Todo tiene que ver con la realidad, con personas y con el lugar en donde estoy, y eso siempre lleva a preguntas que son quizás más filosóficas, preguntas que tenemos todos y que van y vienen. A veces escribo partes en poesía, a veces en prosa. Me doy cuenta de que voy tomando fragmentos de cosas que escribo y, de la suma de esas partes que me quedaron anotadas por ahí, sale una canción. No puedo estar tocando mil veces el mismo tema por dos días hasta terminarlo porque me canso, no aguanto, así que voy viendo, revisando.
—¿Cuáles son las inspiraciones extra musicales que te llevan a escribir?
—Me gusta mucho leer poesía y libros de historia, el cine y, sobre todo, viajar. Cuando viajo y salgo a la ruta siento una inspiración enorme que me nutre. Siempre que viajo llevo la guitarra y empiezan a surgir muchas cosas. También son mis amigos mis maestros. De Fernando Kabusacki y de Robert Fripp he aprendido mucho y me han hecho reflexionar desde lo humano hasta de técnicas musicales y disciplina de estudio.
En octubre de este año, Gastón se embarcó una vez más rumbo a Mendoza para participar en los encuentros de Guitar Craft, grupo de guitarras comandado por Robert Fripp (líder de la banda King Crimson) en el que se propone una nueva forma de afrontar el instrumento junto con una disciplina de estudio rígida y experimental. Asimismo, el cantautor subió por primera vez al escenario del Personal Fest, como tecladista de Maxi Trusso; presentó un nuevo disco junto a su banda Les Inestables; compartió constantemente fechas con otros integrantes del sello Fuego Amigo Discos; y sigue tocando como siempre con Kabusacki, ecléctico guitarrista con el cual tienen la suerte y el coraje de escucharse mutuamente, cualidad que debemos agradecer en tiempos en los que muchos músicos dejan la estética de lado y optan por escucharse más fuerte que el otro en vez que crear un todo unificado y bello.
—¿Qué te llevás o qué has aprendido de la gente con la que tocás?
—De Kabu aprendí mucho cómo estar al servicio de la música, cómo aportar a los proyectos de otro, porque él siempre está aportando su conocimiento y sensibilidad a otros músicos. Ahora estoy tocando el teclado en una banda, la guitarra en otra y sigo tocando en Les Inestables. Eso sirve mucho para salir del lugar individualista que a veces puede darse cuando uno sólo tiene su proyecto solista. De Les Inestables he aprendido todo lo que es el rock, a jugar con la distorsión, a sentir el calor. Con Maxi Trusso he tenido experiencias como tocar mucho en radios y en festivales grandes. Fue un flash curtirme un poco en experiencias más del tipo mainstream. También el año pasado toqué mucho con Pablo Maeda, a quien admiro mucho, y de él aprendí el oficio de tocar, todo el compañerismo, la importancia de ir todos para un mismo lado como banda y apoyarse y tocar siempre, a pesar de todo. Tener consciencia de esas cosas está muy bueno y me permite incorporar elementos de otros y a la vez ir teniendo mi propio mi vuelo.
“La Ley de Centros Culturales es una muestra de cómo, desde lo colectivo, podemos resolver las problemáticas que se nos presentan. Hay muchísimo para cambiar aún pero con esta conciencia colectiva podemos lograr mucho más.”
—Fuego Amigo Discos se ha movido mucho este último año. Han salido constantes recitales y todos cooperan con todos, como tú mismo has mencionado aquí. ¿Cómo sientes el ser parte de una movida así?
—Es hermoso. En Fuego Amigo Discos hay dos búsquedas muy importantes: la de la calidad musical y la de la calidad humana. Hay gente que integra el sello a quienes he conocido tocando y nos hemos hecho grandes amigos. Un sello no debe ser sólo tener buenas bandas, sino también tener buena gente. Lo que hace Pablo Maeda, por ejemplo, o Guazuncho: todo eso es increíble. Y encima son pibes de diez. También me pasa eso con más gente de la escena, como Pol Nada o Julio & Agosto. A Pol Nada lo conocí en Mendoza en el curso de Robert Fripp y, además de que nos hicimos re amigos, me encantaron sus canciones. Los pibes de Julio & Agosto también: hacen una música hermosa y son muy copados.
—Siendo un músico activo de la Ciudad de Buenos Aires, ¿cómo vives la aprobación de la Ley de Centros Culturales?
—Es un paso adelante enorme y una conquista de un derecho que nos urgía, dado todo lo que viene pasando con las clausuras y la persecución por parte del gobierno porteño. Estas conquistas son resultado de la forma en la que se viene trabajando y la toma de conciencia que tenemos como conjunto, más allá de los individualismos. También es una muestra de cómo, desde lo colectivo, podemos juntar fuerzas y resolver las problemáticas que se nos presentan. Hay muchísimo para cambiar aún pero con esta conciencia colectiva podemos lograr mucho más.
—¿Ya tienes un concepto pensado para el próximo disco?
—Sí, quiero hacer un cambio en varias cosas, a ver qué sale. En principio quiero hacer un disco de canciones pero más experimental que los dos anteriores. Quiero que suene más la guitarra española al frente y usarla con distintas afinaciones… afinaciones abiertas, me gusta jugar con eso. Sobre todo quiero que el disco nuevo tenga una sonoridad muy llevada por la guitarra española y quiero meterle arreglos de piano, tal vez percusiones, pero no batería. Tengo ganas de hacer un disco folk experimental. Quiero que este disco sea más expansivo pero desde un lugar más interior.