
Por Marcelo Acevedo
Hubo un tiempo en que las revistas pulp se vendían de a miles, por un penique inglés o a diez céntimos de dólar. Publicadas en “pulpa de papel”, un material de baja calidad y rústico al tacto, la literatura pulp valía como divertimento para la clase trabajadora que buscaba una vía de escape a los problemas cotidianos, principalmente económicos. El terror, la ciencia ficción, el policial y el fantasy se daban cita en páginas amarillentas y dibujos en blanco y negro, ofreciendo al lector emociones de las que carecía su monótona vida. La pulpa de la fruta es lo sabroso —asegura el editorial del primer número de Palp—, la mullida carnosidad donde se hunden los dientes, el jugo que salpica y chorrea. La pulpa, entonces, es acción y agite, sangre, sudor y sexo, historias de género para mentes alteradas.
Palp es una revista de relatos cortos publicada por la editorial cordobesa Llantodemudo y nacida a partir del amor que sus artífices profesan hacia la literatura de género. Tiene, según sus propios creadores, “una mirada actual, a la vez seria y distendida (e internamente alterada por esa contradicción absurda), acerca de la literatura y los géneros”. En sus páginas pueden hallarse relatos asombrosos fugados de la pluma de escritores contemporáneos de diferentes latitudes, unidos por el talento y el amor hacia estos géneros. Artistas de las letras como Elvio Gandolfo, Leonardo Oyola, el uruguayo Ramiro Sanchiz, el mexicano Rodolfo Santullo y Laura Ponce confluyen con los dibujantes Fernando Calvi y Nicolás Brondo para engrosar las páginas de esta publicación con formato de libro.
Editar una revista-libro puramente de género no sólo es un desafío, también es una declaración de principios y un acto de amor. Mientras algunas revistas optan por dejar el papel y pasarse al formato digital, por una cuestión de costos y comodidad, el consejo editor de Palp decidió hacerle el aguante al soporte físico y rendirle homenaje a esos objetos palpables que son un delirio para los sentidos del bibliófilo. Las revistas Palp son un objeto pop en toda regla, un pedazo de cultura que se atesora y se exhibe con orgullo en las bibliotecas de quienes crecieron con las series de televisión, el cine clase B y la era dorada de la ciencia ficción, y que no se avergüenzan de su formación como lectores y consumidores de todo tipo de cultura, escapándole a esa vieja —y a esta atura, rancia— dicotomía entre apocalípticos e integrados. “Si nos hundimos en el pasado, vamos a ver que desde siempre la creatividad popular viene mordiéndole el interés a la llamada alta cultura: los relatos fuente con los que después un ciego o un grupo de delirados armaban los inmensos poemas épicos; las crónicas de naufragios o los chismes de amoríos que usaba el isabelino más grande para mandarse sus tragedias y comedias”, argumenta Sebastián Pons, uno de los editores de Palp, en defensa de la ficción de explotación y todos sus derivados. Lo que ayer era literatura basura hoy puede ser considerada “de culto”. Personajes como El Increíble Hulk, quien a principios de siglo hubiese sido el protagonista de cualquier folletín barato, venden por estos días millones en cómics, muñecos y películas.
Hasta aquí Palp cuenta con tres números, el último recién salido. El proyecto, además, va acompañado por una página web (revistapalp.wordpress.com), de series semanales que en un futuro serán editadas al papel. El desafío está plantado en bateas de librerías y comiquerías, a la espera de lectores temerarios con ganas de probar un plato fuerte, picante, de pulpa sabrosa.
Fuente: NAN #19 (2015). Conseguila en nuestra Tienda Virtual.