Fotografía: David Fernández Intervención: Martín Olivieri
Diego Bagú y Martín Schwartz son los directores del Planetario de La Plata. Diego es responsable de la gestión, mientras que Martín se encarga del área técnico-operativa. Ambos son científicos jóvenes y apasionados, incondicionales de la divulgación y entusiastas de la filosofía de Carl Sagan. En una larga charla con NAN discurrieron sobre la importancia de invertir en ciencia y tecnología, la influencia de Cosmos en el mundo de la astronomía, el masivo descubrimiento de exoplanetas alrededor del universo y la posibilidad de encontrar vida extraterrestre más allá del Sistema Solar, temas que nacieron en el imaginario de la ciencia ficción y hoy son parte de nuestra realidad.
Diego Bagú era un niño de siete años cuando vio por primera vez Cosmos, la serie de televisión sobre astronomía creada y conducida por Carl Sagan -tal vez el mejor divulgador científico de las últimas cinco décadas-, en el Canal 8 de Mar del Plata. Corría el año 1981 y mientras en nuestro país se hablaba del taxi espacial, el lanzamiento del transbordador espacial Columbia era un suceso mundial. “Supongo que me llamaba mucho la atención lo del taxi que va al espacio. Me acuerdo de haber visto la serie Cosmos y de quedar impactado con esos viajes a través de las estrellas y las galaxias. Esas dos cosas me marcaron”, recuerda Bagú sonriente.
Su compañero Martín Schwartz, además de admirar a Carl Sagan tanto como él, tiene una historia muy vinculada a la instrumentación astronómica. Con tan solo diez años tuvo la idea de construir un telescopio, y a partir de ese momento inició su romance con la astronomía. “El recuerdo más antiguo que tengo es a los ocho años en la escalera donde está el telescopio Gran Ecuatorial Gautier, que es el edificio que está acá, saliendo del Planetario”, cuenta Schwartz con orgullo.
El Gran Ecuatorial Gautier es el telescopio más grande que hay en el observatorio. O al menos el más largo: mide 9 metros y su estructura es imponente. Colocar un ojo en el ocular de semejante instrumento para observar las estrellas es una experiencia que enriquece la mente y el espíritu. “Con Diego muchas veces hablamos del impacto emocional que causan esas cosas. Creemos que el planetario causa un impacto emocional, por la situación envolvente, la estimulación de los sentidos. Genera una marca que es muy difícil de olvidar. Con los telescopios pasa algo parecido. Es como meterte en una película”.
El Planetario es el principal centro de investigación astronómica de la Argentina. Depende de la Facultad de Ciencias Astronómicas y Geofísicas de la Universidad Nacional de La Plata, y está emplazado en el sector más nuevo del predio, inaugurado en junio de 2013. “La parte de divulgar y traducir el conocimiento científico en la sociedad es la columna vertebral del Planetario, sobre todo de este, que es el único universitario en el país. Es raro que un planetario pertenezca a una universidad, por lo general pertenecen al gobierno”, detalla Bagú, y a continuación resalta las políticas científico-tecnológicas de los sucesivos gobiernos kirchneristas: “De los últimos diez años se puede discutir cualquier cosa, pero el crecimiento en ciencia y en lo que es política universitaria pública es indiscutible. No hubo otro momento mejor que en la década pasada. Creció todo de una manera sin precedentes”.
Ahora los científicos disimulan una tensa espera. De alguna manera el desarrollo en ciencias ha sido reconocido por el gobierno de Mauricio Macri, pero la cuestión fundamental es saber si se va a seguir acompañando con el mismo ímpetu que la gestión anterior. “El mensaje del gobierno es que se va a continuar. Ha habido una prueba, en cuanto a la continuidad de Lino Barañao, el ministro de Ciencia y Tecnología. No sé si es porque uno está acostumbrado al ambiente científico o qué, pero da lugar a la duda”, explica Bagú.
Los satélites de comunicación geoestacionarios ARSAT-1 y ARSAT-2 fueron el caballito de batalla y el orgullo de los científicos argentinos que trabajaron en conjunto con el gobierno. Construidos por la empresa argentina INVAP (Investigación Aplicada) y operados por ARSAT, el desarrollo de esta tecnología generó mucha expectativa e interés no solo en el ámbito científico, sino también en gran parte de la sociedad que siguió con emoción el lanzamiento de ambos satélites.
Pero con el desarrollo y la construcción del ansiado ARSAT-3 en un hiato indefinido, las perspectivas de la comunidad científica no son demasiado optimistas. “Cuando en una compañía netamente científico-tecnológica, llámese ARSAT, sacás a un ingeniero y ponés a un licenciado en administración, esa es una idea de lo que se espera. Que ARSAT-3 se desarrolle solo si se venden los servicios de comunicación de ARSAT-1 y ARSAT-2 nos llena la cabeza de preguntas”, afirma Bagú con inquietud.
—¿Cómo es el trabajo de satelización en Argentina?
Schwartz: Hay muy pocos países en el mundo que tienen la tecnología para poner satélites en órbita. Realmente es una apuesta gigantesca la que se hace. Es necesario un aporte económico muy grande para que se siga evolucionando. Se empieza con cohetes más chicos, donde se ensaya el sistema de propulsión, de dirección, se van haciendo experiencias suborbitales, y se va evolucionando con cohetes cada vez más grandes.
Bagú: Acá tenés todo el programa de satelización completo: diseño, construcción del satélite, puesta en órbita y control. Eso lo hacen nueve países en el mundo. Y el noveno somos nosotros. Si nos queremos referenciar con las grandes potencias, tenemos que ver todo en esas potencias, no solo una parte, y las grandes potencias son así por el apoyo que tuvieron en ciencia y tecnología. Vean los programas científico-tecnológicos de esos países y van a entender por qué son sociedades ricas, en el sentido del ingreso y el PBI.
Schwartz: Por eso es muy importante que sigan todos estos proyectos, porque si parás perdés los recursos humanos durante diez o quince años. Es necesaria la continuidad. En seis meses podés retroceder décadas.
—Además del desarrollo en ciencia aplicada, que es la que se utiliza para resolver problemas prácticos ¿cómo fue el trabajo con la ciencia básica que no tiene aplicación inmediata?
Schwartz: También ha habido un apoyo gigantesco. Siempre es complicado defender a la ciencia básica, sobre todo con la gente que pide aplicaciones inmediatas. Venimos de una racha de empuje de la ciencia en general, no solamente de la ciencia aplicada o de la que tiene rédito económico, sino de la que no lo tiene en forma inmediata. Eso también es importante destacarlo. Una buena visión de un estadista de un país es invertir en ciencia básica, porque es la que te genera cambios revolucionarios a largo período, es la que propulsa a otras ciencias, la que acompaña el desarrollo. Vos no podés poner todos los fondos solamente en la ciencia aplicada, porque entonces te faltaría una pata, no podrías caminar bien.
—¿Cuánto hay de mito y cuanto de cierto en la versión que asegura que la serie Cosmos, de Carl Sagan, fue muy importante para la divulgación científica argentina?
Schwartz: Cada vez que reponían Cosmos en la televisión, la matrícula de Astronomía crecía un 30 o 40 %. Eso lo decía Nidia Morrell, una astrónoma de la facultad. Cosmos es una serie que despierta vocaciones, no solamente por lo bien realizada que está, sino por la forma en la que está relatada. La serie va más a lo emocional que a lo conceptual. Tiene muchísimo contenido, pero lo más importante de Cosmos es lo emotivo. Eso es lo que te marca, te deja un recuerdo y despierta curiosidad. Creo que ese es el camino para despertar vocaciones.

Bagú: Neil deGrasse Tyson –el conductor de la nueva versión de Cosmos– es un divulgador extraordinario, pero Sagan era un poeta. Recuerdo que hace un par de meses leí el Twitter de un amigo que decía “deGrasse Tyson nos habla con swing, mientras Sagan nos hablaba con amor”. Yo creo que el libro Cosmos es de filosofía, y la astronomía pasa a un segundo plano. Es un libro de filosofía de la ciencia, de cómo el hombre fue desarrollando esa curiosidad para tratar de encontrar respuestas a todas esas preguntas que nos hicimos toda la vida y que nos vamos a seguir haciendo.
—En la actualidad se habla mucho de los exoplanetas y abundan las noticas sobre ese tema. ¿Qué son los exoplanetas y por qué la astronomía les da tanta importancia?
Bagú: La formación de sistemas solares es algo muy común en el universo. Cuando se forma una estrella es altamente probable que se formen planetas a su alrededor. El problema es que las distancias en el espacio son muy grandes y ubicar objetos, cuantos más chiquitos son, es más difícil. Comparemos nuestro Sol con los planetas del Sistema Solar y ahí tendremos una idea de nuestra relación. Cuando miramos al cielo, esas estrellitas brillantes que están ahí son soles. Imagínense encontrar algo muchísimo más pequeño en los alrededores de esas estrellas. En la astronomía, desde hace centenares de años, se tenía la idea de que la formación de sistemas solares tenía que ser algo relativamente común y que, por lo tanto, tendría que haber muchos planetas. Pero en la ciencia, hasta que no lo observás y lo chequeás, no existe. La ciencia avanza confirmando paso tras paso. Necesitábamos tecnología para poder observar esos pequeños objetos, y cuando se desarrolló esa tecnología fuimos capaces de detectarlos. El primer exoplaneta se descubrió en 1995, y a partir de ahí los descubrimientos son cada vez en mayor cantidad.
—Y si hay más planetas, la búsqueda de vida fuera de nuestro Sistema Solar aumenta.
Bagú: Nunca hemos detectado vida más allá de la Tierra, pero el tema es ir encontrando planetas. Obviamente los primeros que se descubrieron fueron los más grandes, pero ahora se están descubriendo planetas mucho más pequeños y ya estamos llegando a la capacidad de observarlos y analizar su atmósfera. Es decir, estamos en unos años muy especiales, privilegiados. Vamos a ver cosas impactantes.
Schwartz: Ya se empezaron a descubrir planetas del tamaño de la Tierra en lo que se llama la zona de habitabilidad, que es la zona que permite, entre otras cosas, que haya líquido. Sagan hacía una cuenta de cuántos planetas así podría haber, y el número era gigantesco. Hoy tenemos datos concretos sobre qué tan frecuentes son los planetas alrededor de una estrella. Y ahora que se empiezan a detectar planetas tipo la Tierra, también empieza a tomar forma el número de cuántos hay en condición de habitabilidad. Probablemente también sea un número enorme, y la posibilidad de vida es aún más grande.
—También existe el Instituto SETI, que es el primer proyecto dedicado a buscar vida extraterrestre a través de radiotelescopios. ¿Cómo funciona esta particular búsqueda?
Schwartz: Los objetos que están en el universo emiten un espectro electromagnético. Los muy calientes, como las estrellas, emiten en una longitud de onda que el ojo puede ver. Hay otras longitudes de onda que el ojo no puede ver, pero los radiotelescopios pueden captar esa radiación. Se puede buscar con radiotelescopios algún tipo de radiación electromagnética que no provenga de un fenómeno natural. Ya tenemos identificados todos los espectros de radiación de los objetos que conocemos. Ahora, una radio o la emisión de una antena en un planeta lejano podrían generar un espectro que no se pueda confundir con un objeto natural. El proyecto SETI busca una señal de ese tipo, una señal que se distinga de cualquier otra señal.
Bagú: Carl Sagan fue uno de los promotores del proyecto, junto con Frank Drake. Sagan escribe su libro teniendo en cuenta muchas variables, como puede ser la formación de estrellas y la vida promedio. Por ejemplo, de acuerdo cuán grande es una estrella, se puede determinar su tiempo de vida. Al tener en cuenta estas variables le daba un número de cuántas civilizaciones podríamos detectar. Pero más allá de la ecuación, el número no es importante, lo importante es el concepto.
—Que los elementos químicos que dieron origen a la vida en la Tierra estén distribuidos por todo el universo también da cierta esperanza sobre la vida extraterrestre.
Bagú: Todo indica que el origen de la vida en la tierra fue en el mar, pero también plantea la incógnita de si fue 100 % terrestre o si vino de una especie de asteroide o cometa, porque esos objetos tienen elementos como agua y otros elementos químicos que dieron origen a la vida en nuestro planeta. También es un misterio la cantidad de agua que hay en la Tierra. Comparado con otros planetas, el agua que hay en los océanos es descomunal. ¿Cómo se originó? Cuando ves que esos elementos están distribuidos por todo el universo, que hay planetas por todos lados y que hay estrellas que le irradian energía a esos planetas, y los números son tan grandes, la matemática está indicando que es medio raro que la vida se haya desarrollado solamente en la Tierra. De hecho, cuando se descubra, y yo creo que se va a descubrir en algún momento, va a ser el mayor cambio de paradigma de la historia de la ciencia.