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El arte de la resistencia

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La Policía porteña desalojó la plaza del Centro Cultural San Martín, donde unos jóvenes mantenían una vigilia pacífica. Tres personas fueron heridas con balas. Fotografía: Ignacio Smith

Por Ailín Bullentini y Nahuel Lag

“La Sala Alberdi resiste, resiste.” El haka resonó fuerte. Rebotó entre las carteleras de la calle Corrientes. Lo entonaron más de 700 personas frente al Centro Cultural General San Martín (CCGSM). En la avenida, muchos de los que marcharon ayer por la tarde tenían las marcas de lo que había sucedido horas antes. La Policía Metropolitana avanzó y reprimió con palos, camiones hidrantes, gases lacrimógenos y bombas antidisturbio, y gatilló balas de goma y plomo. Todo un arsenal para desalojar de la plaza del CCGSM a los artistas, talleristas e integrantes de la Sala Alberdi que desde hace siete años reclaman que un plan de obras de renovación del edificio no termine con los cursos y espectáculos gratuitos que se brindan en el sexto piso. Allí arriba, hoy, cuatro personas resisten la toma sin agua ni comida, aislados de sus compañeros por vallados y decenas de efectivos policiales.

El operativo cerrojo se instaló luego de una avanzada feroz durante la noche del martes. Como saldo, tres heridos de bala de plomo terminaron en los hospitales Durán y Argerich. Ayer quedaron fueron de peligro. También fueron liberadas las cuatro personas detenidas durante la represión, entre ellos un menor. Según el abogado de los artistas, los heridos con plomo y los detenidos fueron obra de efectivos de civil. Según los pibes de la sala, un infiltrado de la Policía lanzó la bomba molotov que habilitó la represión. Anoche, veinticuatro horas después de encabezar el desalojo violento de la plaza seca, el ministro de Cultura porteño, Hernán Lombardi, los convocó a una reunión pero no los recibió. Hoy los defensores de la Sala Alberdi junto a la Asamblea en Defensa de lo Público anunciaron que el viernes a las 18 habrá cortes simultáneos en toda la ciudad.

Después de 70 días de acampar en la plaza seca, al resguardo de los integrantes que resisten la toma en el sexto piso, los integrantes de la asamblea de la sala decidieron el martes al mediodía levantar las carpas como gesto para reforzar el diálogo, con la esperanza de poder ingresar nuevamente al edificio. “La respuesta del gobierno porteño fue enviar al cuerpo de Infantería de la Metropolitana. Estábamos dispersos, éramos 15 ó 20 personas manteniendo una vigilia, cuando un grupo de efectivos llegó de improviso y cerró la reja que impide el acceso a la plaza, dejando a algunos compañeros del lado de adentro.” A Facundo le pesa sobre la ceja izquierda la herida de la lata de gas lacrimógeno que lo impactó horas después del primer intento de desalojo. Fue cerca de las 19 del martes.

Un rápido llamado por medios y redes sociales convocó a cientos de personas frente al cerco de policías. A las 21, los efectivos se retiraron y los jóvenes volvieron a ocupar el espacio. Dentro del edificio esperaban otros tantos policías. “Hicimos una asamblea para decidir cómo íbamos a resistir en la plaza y acordamos no generar hechos de violencia. Defendernos, pero evitar las agresiones”, cuenta Fauno, que ahora tiene una herida de bala de goma en la nariz y hace un mes y medio también recibió una visita de la Metropolitana en Parque Centenario. En la asamblea también acordaron exigir una reunión que Lombardi concedió a las 23 en el Ministerio de Cultura, con la presencia del jefe del operativo de la Metropolitana. “Había un riesgo de violencia muy elevado y el único que tenía la llave para descomprimir era él”, apuntó Nicolás, quien fue en representación de la sala.

—Si nos permiten tener acceso a la Sala, no necesitamos permanecer en la plaza— pidieron los asambleístas para descomprimir la situación.
—Bueno, mañana nos seguimos reuniendo— devolvió Lombardi.
—Pero la situación de tensión es ahora, hay un operativo policial enorme— replicaron.
—Yo quiero resolver el conflicto de fondo y en eso estamos. Ustedes mañana traigan una propuesta concreta— dilató Lombardi, quien ya recibió varias propuestas en las audiencia judiciales por la causa administrativa por la tenencia de la sala, a cargo de Fabiana Schafrik. Empezaron a sonar los celulares de los funcionarios.
—Sí, avancemos— dijo el jefe del operativo de la Metropolitana frente a los jóvenes.
—Hay vándalos rompiendo el centro cultural, vamos a actuar— liquidó la reunión.

Martín arrastra la pierna vendada mientras espera que la marcha parta desde la Plaza de la República, en el Obelisco. Recuerda que mientras tres de sus compañeros estaban reunidos con Lombardi, alguien lanzó una molotov y los efectivos policiales que permanecían dentro del edificio iniciaron la represión. “La molotov que desató el conflicto la lanzó alguien que nunca participó de las asambleas. Creemos que es un infiltrado, nosotros habíamos acordado que no generar violencia.” La única frase del jefe de gobierno porteño, Mauricio Macri, que resonó en los medios, sobre que nunca vio artistas tirando bombas molotov, aporta un plus a la versión de los jóvenes.

“Había gente violenta que estaba tensando la situación desde temprano. De hecho, a mí me metieron un cabezazo cuando quise calmar a uno”, muestra la marca entre medio de las cejas Nicolás. “Ya sabemos cómo actúa la policía metiendo infiltrados para tener la excusa perfecta para reprimir. De hecho, yo vi a una persona que nos filmó durante una hora, luego fue a buscar una bolsa de piedras, la dejó al lado de la gente y se metió al edificio con la policía”, aporta.

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Los pibes de la Alberdi fueron acompañados por partidos de izquierda y agrupaciones sociales. “Acá está la juventud”, arengaron frente al CCGSM. Fotografía: Cheenx

A partir de ahí ocurrió lo que se vio en vivo y en directo por todos los medios: corridas, disparos y la persecución a los integrantes del acampe hasta Callao y Córdoba, por un lado, y Corrientes y Carlos Pellegrini, por el otro. Lombardi y el ministro de Seguridad, Guillermo Montenegro, ante las cámaras encabezando el operativo. “Cuando hablan de la cantidad de gente que estaba encapuchada, ¡la policía reprimió con gases lacrimógenos y de plomo, con tres heridos! Nosotros agotamos todas las instancias de diálogo hasta que la policía vino a reprimir. Por perder el acampe, nuestros compañeros están encerrados en el sexto piso sin posibilidad de que les alcancemos agua o comida”, lamentó Martín.

El abogado de los artistas, docentes y estudiantes, Emiliano Villar, aseguró a NaN que el desalojo de la plaza seca “llegó de manera absolutamente sorpresiva” y que “no hubo orden de desalojo emanada del juez” Norberto Tavosnanska, a cargo de la causa penal en contra de los chicos y chicas de la Alberdi. De hecho, el magistrado había rechazado un pedido de allanamiento y una medida cautelar de desalojo presentada por la Fiscalía número 5.

“La fiscal Claudia Barcia judicializó y criminalizó la protesta de los chicos de la Sala en dos expedientes: uno por usurpación y otro por daño. La acusación por usurpación es una grosería jurídica. Y en el expediente de daños hicimos un descargo que constata que no había sido dañado ningún objeto dentro del centro cultural”, destacó el letrado.

Entonces, ¿cómo hicieron los policías de la Metropolitana para actuar ayer en dos oportunidades? Según explicó Villar, Barcia se aprovechó de los fundamentos con los que el juez justificó su rechazo a la medida cautelar de desalojo. “En uno de los considerandos, el juez de alguna manera le dice que hay un sector del centro cultural que es público y en el que no necesita orden de desalojo para actuar. Pero también le ordenó que arme un plan de cómo actuaría en caso de utilizar la fuerza pública y que apuntara si efectivamente había delito cometido dentro de la sala. No cumplió ninguna de las dos pautas”, confirmó Villar. En la causa penal también está actuando una defensora pública. Hasta el ataque del martes, su propuesta era instalar una mediación dentro del proceso penal y levantar el acampe a contraprestación de que le permitieran a los chicos ir a la Sala.

A la 1.30 los jóvenes se reagruparon en el Obelisco y decidieron marchar pacíficamente, otra vez, hasta Corrientes y Paraná. A las 18.30, diecisiete horas después, están ahí de nuevo, acompañados ahora por partidos de izquierda y agrupaciones sociales. “Acá está la juventud”, gritan cuando llegan frente al CCGSM, aunque los militantes jóvenes de los grandes partidos opositores al macrismo no están presentes. El silencio de duelo por los heridos y detenidos que seguía con abrazos en el Obelisco a las 16, se rompe en un grito de bronca: “Macri, basura, vos sos la dictadura”. Desde las ventanas del edificio público se asoman algunos empleados. Ningún gesto de desaprobación, uno se anima y agita el puño al ritmo de de la canción.

Algunos se pintaron las manos de rojo, otros muestran las marcas sobre la piel. “Macri, tenés miedo, estamos armados de arte e ideas”, celebran. En el hall de entrada del CCGSM, tres cordones de policías. Afuera, un cordón de jóvenes afirma que no habrá violencia de su parte, mientras con un megáfono pide la liberación de los detenidos, que llegará después, y apuntan: “Setenta días para que se nos caguen de risa y nos caguen a tiros”. Termina la concentración y los 700 marchan hacia el Ministerio de Cultura. Van en busca de la reunión que Lombardi prometió antes de la represión. “Otra vez nos cerraron la puerta en la cara”, dijo Nicolás anoche, con la única buena noticia de que los detenidos fueron liberados. Los detuvieron en las cercanías del centro cultural, durante la corrida: “Uno estaba a dos cuadras del centro cultural, otro a tres. Todos fueron detenidos por personal de civil y en una corrida masiva”, denunció el abogado.

A partir de la represión, el abanico de acción de parte de los resistentes en la Sala Alberdi se abre. Villar aseguró que el juez tiene todas las facultades para actuar sobre lo ocurrido, ya sea a partir del sorteo de la causa generada por los hechos o su integración en la misma investigación que él mismo desarrolla. “Los tres heridos con balas de plomo recibieron impactos de calibre 38, arma que la policía no tiene. En todo caso, están usando armas antirreglamentarias. Esa es la gravedad del hecho, además de las heridas. O fue la policía con armas para las que no tiene permiso o infiltrados armados. Hubo, definitivamente, un grupo que se identifica con el colectivo, se camufla y luego genera los disturbios”, aseguró el abogado.

“La cuestión de fondo está en resolver el conflicto legal, pero no podemos avanzar si cuatro compañeros están sin comida y sin agua adentro de la sala y con el edificio militarizado. La situación se complica, corre riesgo la integridad física de nuestros compañeros, más allá de la integridad psicológica vapuleada después de 70 días encerrados en una sala de teatro. El gobierno porteño tiene la llave para destrabar el conflicto.”