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Lógica Urbana: Andenes en colores.-

La identidad del Conurbano es el eje que ensambla cada uno de los murales que visten varias estaciones de trenes del exRoca, creados por una treintena de artistas plásticos. La apropiación del espacio a través del arte es el objetivo que persiguen.  

Por Natalia Arenas
Fotografía gentileza de Lógica Urbana

Buenos Aires, febrero 13 (Agencia NAN – 2013).- Blanco y negro. A lo sumo, sepia. El paisaje que ofrece una estación ferroviaria en el Conurbano bonaerense acaso sea el espacio perfecto para una toma fotográfica monocromática. Los ángulos, las vías, el instante exacto en que el tren llega… y se va. No parece haber rincones para lo colorido. Todo es blanco y negro. A lo sumo, sepia. Cientos de pasajeros van y vienen por los andenes. Se cruzan, se miran de reojo y ni siquiera se detienen a observar lo que hay alrededor. ¿Para qué? Si es lo mismo de siempre. Suele cambiar algún banco, algún cartel renovado o alguna pared mejor pintada. El resto se mantiene inalterable. Por eso no hace falta mirar.

A dos muralistas se les ocurrió revertir esta costumbre cultural de no prestar atención a lo que está tan a mano y crearon Lógica Urbana, una excusa para trabajar con la identidad del Conurbano. “Pensamos en murales porque en el mundo de las artes no hay nada más popular que ellos”, define Fernando Izaguirre, uno de los artistas creadores de la iniciativa. “Cuando digo murales pienso en relieves que, equipando los espacios públicos, se puedan transformar en escultóricos, en lugares de uso”, amplía.

La pregunta “¿Por qué en las estaciones de trenes?” no encuentra asidero. La respuesta se cae a borbotones en cada alusión al proyecto y retruca: ¿hay algo más urbano que el espacio ferroviario? La primera intervención fue a mitad de 2012, de madrugada, en el puente peatonal de la estación de Banfield. Desde las 5 y hasta las 21 ese espacio fue una galería de arte, con cuadros de artistas del Conurbano que vestían de colores ese pasillo húmedo y gris. “Fue muy mágico”, recuerda Izaguirre. “Fue ahí donde nos encontramos con el público, totalmente masivo, colectivo, pluralista”, evoca y detalla: “pasaba un hombre con un casco de la UOCRA (sindicato que aúna a empleados de la construcción), pasaba un nene, pasaba un abogado, pasaba un marginal…”. Y ninguno de ellos podía evitar mirar, observar, ver esos colores. 

Hay vida en colores
La reacción de los pasajeros de aquel pasillo banfileño los animó a más y así llegaron a Plaza Constitución, la estación cabecera del ramal sur de la exlínea Roca de ferrocarril, que mutó en un atelier gigante, donde unos 35 artistas del Conurbano pintaron sus obras durante cuatro días. “Nos juntábamos todos de 9 de la mañana a 5 de la tarde y utilizábamos el método de transfer, una transferencia a través de un dibujo de líneas que permitía en dos horas plasmar la imagen con acrílicos y con látex”, cuenta Fernando.

Miles de personas que pasaban por ahí se encontraban con “unos locos” que no paraban de crear. Al otro día, ya los reconocían, se acercaban a hablar y a preguntar cuándo iban a hacerlo en Monte Grande, cuándo en Temperley o en Lomas, otras paradas ferroviarias camino al sur del Conurbano. “Fue una experiencia muy amplia, muy abierta”, resume Fernando y, entre risas, bromea: “¡Hay que llamar a Cristina! Un proyecto más nacional y popular que éste no hay”.

La idea de una pintura colectiva para un público masivo se manifestó en esos murales, que hoy se lucen en distintas estaciones del exRoca: uno en Escalada, dos en Banfield, dos en Lomas, tres en Adrogué, dos en Burzaco, dos en Longchamps y uno en Glew. ¿La temática? La localidad, el ferrocarril, el Conurbano. “Un mural es de lo más popular que hay en el mundo de las artes”, define Fernando y esboza: “la gente empieza a reconocer los lugares cuando puede apropiarse de ellos”. A partir de este objetivo superador es que, en un futuro inmediato, la próxima aventura (porque, claro, habrá otra) los encontrará  trabajando con materiales más durables, para que los murales sean perennes. Para esa convocatoria, piensan triplicar la apuesta y que sean 100 los artistas que participen.

Si estas dos primeras intervenciones fueron en un solo espacio, para después trasladar los murales al resto, la próxima será “in situ”, es decir, en cada una de las estaciones y variarán de acuerdo a sus características. “Por ejemplo, en Escalada, con una morfología distinta a todas, vamos a tener que trabajar con ceramistas; en las estaciones como Gerli, Turdera y Llavallol, que no tienen espacios para ningún lado, lo haremos con empotramientos de chapa”, detalla.

Los íconos, el movimiento, los irrepetibles detalles de cada una de esas ciudades por las que el tren pasa todos los días serán los elementos que conformen la identidad de ese espacio. Identidad que moldeará a su vez el futuro mural, ése que le dará lógica al espacio urbano.