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La llamada que no para de sonar.-

En su edición 2012, el cuarto Encuentro de Percusión y Danza reunió en Tandil a artistas de candombe, batuque, murga, percusión corporal y afro latina de diversas latitudes. “La fuerza que adquirió la percusión tiene un poco que ver con una moda, pero fundamentalmente con un destape expresivo que estuvo apagado tras la dictadura militar”, analizan sus protagonistas.
Por Ana Laura Esperança
Fotografías gentileza Corazonadas Prod
Buenos Aires, noviembre 16 (Agencia NAN-2012).-Dos días en la vida. Un estival fin de semana de noviembre interviniendo lo más animal y magnético del lenguaje musical: la percusión, cadencia ancestral desde el primer latido del corazón. Y la danza, fiebre de cuerpos en movimiento conciente para decir, y en ese compartir, volver a ser uno. Eso se sintió en la cuarta edición del Encuentro de Percusión y Danza, que confirmó el éxito de un proyecto con vistas a incrementar cada vez la cantidad de personas, lugares y propuestas participantes, tal como quedó demostrado en 2007, cuando un puñado de músicos de Tandil percibió el material altamente explotable que sonaba en la movida de tambores y decidió que ameritaba un lugar organizado en la agenda de la ciudad. Desde entonces, el encuentro, montado por el colectivo independiente tandilense Amuyen, crece exponencialmente al compás caliente de los parches.
Durante la primera jornada, que tuvo lugar el primer sábado del mes, pura luz y calor prometía agite y vitalidad. Dos veteranos micros de estética vintage llegaron a la Casa del Deporte Bernardo Houssay de Tandil, predio municipal albergue y sede de los talleres del encuentro, rodeado de sierras y praderas de flores violetas y amarillas. Fueron más de ochenta las personas que arribaron, en su mayoría músicos de los distintos grupos provenientes de La Plata, General Villegas, Buenos Aires y Mar del Plata: La Minga, comparsa de Candombe; Prendidosfuego, danza y percusión afro; De la tierrita, cumbia colombiana; la murga de mujeres Se Armó la Gorda; las batucadas Goyete y Barahúnda, todos de La Plata. También participaron Parche y Solución, bloco de samba de Tandil, las murgas A Contrapelo y Los Murguientos, y el impresionante grupo de percusión africana de Buenos Aires Sai Sai Bumak. Lo demás: invitados, organizadores, gente hipnotizada por la magia de la percusión.
 “Desde lo ancestral, la percusión es compartir”
Escena de un anticipado día de verano: a un paisaje visual de plena luz con el verde escarpado de la sierra tandilense, cielo celeste, abejas y pajaritos, añadir la sonoridad inquietante de tambores que adelantan, que dan la sensación que algo está por pasar. Desde una de las ventanas abiertas del predio se escuchan los toques del taller de percusión africana que está dictando el grupo Sai Sai; otro tanto aportan al paisaje auditivo el redoblante y los platos de las murgas estilo uruguayo que ensayan su número al aire libre y, a modo de loop artesanal e irregular; toques perdidos de candombe, clarinete y trompeta cargan de cierta poesía un escenario silvestre tan simpático como deforme.
De todas las maneras posibles, la energía que da vida narrativa al mar de fondo es siempre la del llamado de la selva, la de la secuencia atrapante que tiene el tempo circular de la percusión. En ese contexto, bajo la sombra piadosa de un árbol, Nicolás, uno de los principales mentores del encuentro, echa luz sobre algunas de las cuestiones que hacen a su esencia: “Cuando empezamos, en 2007, vimos un movimiento muy fuerte gestándose en Tandil entre comparsas y murgas. Yo venía con nuevas ideas de percusión africana que había traído de México. Sentíamos que Tandil, además del carnaval, necesitaba un espacio para compartir con otros grupos ese movimiento de talleres y tambores que se hacía sentir, y la idea era que pudiéramos adquirir más herramientas”.
La intención siempre fue “unir talleres y grupos” de diversas latitudes, explica Nicolás. Así, lograron traer a un grupo de México “impresionante”, al grupo de murga, milonga y candombe Tocomocho, un taller de percusión africana porteño y un taller de batuque de La Plata, entre otros. “Desde lo ancestral, la percusión tiene que ver con compartir –explica el músico y organizador-. Por eso estuvo bueno el convite se haya expandido y Tandil haya estrechado lazos con la provincia y otros países”. El Encuentro, declarado de interés municipal, siempre duró dos días, con el fin de “compartir un espacio de intercambio con artistas de otros lados. Esa es la apuesta”.

Hasta que sangren las manos

Néstor se ubica con su vianda en el extremo izquierdo de la larga mesa improvisada sobre tablones y caballetes en la que se sirvieron todas las refecciones comunitarias: dos almuerzos, dos meriendas, una cena, un desayuno. Todo hecho a pulmón por los organizadores, es decir, por Amuyen. Él, que pasó por el grupo Batuquelé y la murga Tocando Fondo (ambos colectivos platenses), dirige desde hace un año Barahúnda, batucada también de La Plata que se hace fuego tocando ritmos de legado afro como funky, timbalada y samba rápido, entre otros. Dice que este encuentro, al que llegan por primera vez, le parece “copado para compartir e intercambiar con otros grupos y dentro del grupo mismo”: Y analiza el situación actual: “La fuerza que adquirió la percusión tiene un poco que ver con una moda, pero fundamentalmente con un destape expresivo que por varios años estuvo apagado tras la dictadura militar. Ahora florece y crece. Y este espacio no deja de motivar, de sugerir, de permitirnos crecer en maneras de tocar. En la Argentina nos fuimos apropiando de esas expresiones percusivas que llegaron de Brasil, Perú, Uruguay”.


 Una mano, dos palos

A las 6 y pico de la tarde, luego de los talleres de percusión africana y percusión corporal previstos para el sábado, empieza el taller de candombe de La Minga, la comparsa que colorea de tambores verdes y amarillos los crepúsculos de cada domingo por el empedrado de Meridiano V, mítico barrio platense devenido centro histórico cultural de la ciudad. Tres de sus referentes dictaron los sheitesprimordiales del chico, el repique y el piano (los tambores con que se arma la clave del toque uruguayo) para un entusiasmado público de 15 personas. “La idea del taller fue pasar el ensamble básico de los tres tambores; es una punta que se puede profundizar”, cuenta Verónica Sarrió, que también participará el domingo del cierre del Encuentro junto a Prendidosfuego y otros grupos en el hermoso Teatro del Fuerte de Tandil, abierto a todo el público. Y completa: “El candombe es como el flautista de Hamelin; empieza a sonar y la gente no puede dejar de seguir a esos que pasan percutiendo parche a mano y palo. Es magnético. Cuando pasás los toques ves que hay mucha inquietud en la gente por aprender y se genera rápidamente el ensamble. El espacio que tiene el candombe hoy en Argentina es porque va sonando en los diversos lugares y captura gente que es atraída fuertemente por el sonido poderoso de los tres tambores juntos”.
 “Brindar un espacio”
Como la belleza breve de la mariposa, el Encuentro de Percusión y Danza 2012 tiene un esplendor de fin de semana. Dos días en la vida. Pero esa oruga (la etapa de gestación) requiere de una ardua tarea que se realiza de manera bicéfala entre Tandil y La Plata, y tiene una previa de meses de concentración y arreglos de todo tipo que permitirán que todo pase de lo ideal a lo real con el menor margen de error posible, lo más cercano a la belleza. “Cuando retomamos en 2010  hicimos contacto con La Plata a través de Martín del Giorgio, que es una bestia, un compañero súper fiel –cuenta Nicolás-. Él estaba allá con la movida de las murgas y grupos de percusión independientes, entonces lo que el Encuentro tiene para ofrecer se enriqueció mucho más: nosotros nos encargamos de ciertas cosas, ellos desde La Plata de otras; nos delegamos la tarea con plena confianza”.
Durante el cierre del sábado, todos se encontraron en un espectáculo nocturno y popular de mixtura perfecta entre la furia de los tambores y la delicadeza invisible que asoma detrás de cada toque. Animaron la fiesta Sai Sai Bumak, Goyetey su percusión corporal, Barahúnda. Y la fiesta siguió el domingo, también de sol, con los talleres de danza afro, candombe y samba, que cerró con arte la noche en el Teatro del Fuerte junto a las murgas, y los grupos Prendidosfuego y De la Tierrita. Una bomba de luz y sonido por la peatonal con la llamada de tambores, en la sierra con los talleres, en los teatros y anfiteatros, con los grupos. La mariposa lució su belleza breve. Ya empezará a ovillarse con paciencia la oruga para brillar nuevamente su gracia el año que viene.