La sala El Desguace abrirá sus puertas durante todo noviembre para llevar al escenario obras de diversos directores, autores y estéticas, que tratarán temas tan latentes como tabúes en la sociedad argentina. Finalizada la obra, el debate alcanzará a los espectadores.
Por Soledad Arréguez Manozzo y Emmanuel Videla
Fotografía Laura Bernatené
Buenos Aires, noviembre 7 (Agencia NAN-2012).-“Bajar línea me parece que es al pedo. Bajar línea sería decirle a la gente que las cosas son así porque yo lo digo. Lo que sirve es, a través del hecho artístico, mostrar, abrir la cabeza o generar una pregunta”, provoca Daniel Kersner, uno de los mentores del ciclo “El Teatro y sus Transformaciones sociales”, que se realizará hasta el primero de diciembre en el Teatro El Desguace (México 3694, Ciudad de Buenos Aires). Su afirmación no es para nada inocente. Temáticas actuales, en debate público-mediático, y algunas de estirpe tabú como el aborto, la inseguridad, las cárceles, la trata de personas y el trabajo esclavo estarán atravesadas en las obras en escena. “El teatro puede mostrar cosas horribles, pero a la vez tiene que tener belleza en sentido artístico y no ornamental. Tiene que estar expresarse de una manera creativa. Está en nosotros tener esos aspectos horribles a raya”, argumentó Kersner.
Las cinco obras que conforman el ciclo están marcadas por una fuerte carga social e ideológica. Cada una interpela un aspecto de la realidad vulnerada, de esas minorías que buscan tener voz en una sociedad que las invisibiliza. «Todos los temas tienen mucha vigencia, a nosotros nos gustan los laburos que plantean preguntas, más que los que bajan línea. Eso es más fácil. Nos gustan los trabajos que abren preguntas sobre la realidad», reflexiona.
Por ejemplo, la trata de personas con fines de explotación laboral es el eje de Baja Costura, dirigida por Mariano Caligaris, que estará sobre las tablas todos los miércoles de noviembre. La obra pone la mirada en los talleres clandestinos y sus trabajadores, quienes ven vulnerados sus derechos, lejos de una remuneración y condiciones dignas. La obra se complementará con proyecciones audiovisuales, donde se escucharán testimonios de personas que padecieron la esclavitud.
Por otro lado, La Pecadora, que pondrá sobre el tapete el debate por el aborto legal y seguro, puede verse mañana y el viernes, a las 21. En el escenario, cuatro mujeres le ponen el cuerpo al dolor, la exclusión y al desamparo de miles que lo padecen en soledad puertas adentro frente al prejuicio, el tabú e incluso el desconocimiento. Una de las caras más terribles del ser humano como lo fue el exterminio en los campos de concentración nazi también estará representada con El Campocómico, inspirada en textos de Primo Lévi (del 22 al 25 de noviembre a las 21).
Cada propuesta, seleccionada por un prestigioso jurado, tiene sus propias técnicas y modos de hacer: «No debería tener una estética a priori de la experiencia, la intención es que cada obra vaya desarrollando la propia. Está bueno que en el teatro haya diferentes estéticas y diferentes poéticas», celebra Kersner.
Más allá de lo que suceda en el escenario, el ciclo propondrá que cada una de las representaciones sea el disparador de un debate entre los actores, directores y el público.
–¿Cuál es el rol del espectador en esta dinámica?
–Es el principal engranaje, es el destinatario de lo que acá se hace porque de lo contrario se hace un arte narcisista. Ese tipo de arte es para el que lo produce, es un fenómeno bastante difundido, es solipsista: yo lo hago, yo lo consumo o mis parientes. Creo que eso tiene patas cortas por ser poco útil y para pocos. Es como hablar con el espejo. Cuando voy a ver teatro, lo que veo me tiene que atrapar, me tiene que convencer y lograr incorporarme a la lógica que me están planteando y sí eso no pasa, me aburro, no hay fenómeno, no hay magia.
Ingredientes para una obra de teatro
Con tono pausado y con la convicción de que habla desde sus propios gustos, el dramaturgo desliza que una obra de teatro tiene que contar siempre una historia. “A mí me parece que no está nada mal volver a los textos. En los últimos años, los textos se han subestimado. Hubo un predominio de la imagen sobre el argumento, por influencia del cine, de los videoclips, de la computadora. La vuelta a lo argumental está buena, más si nosotros pensamos en un teatro de ideas. Las ideas son argumentos y los argumentos son ideas hilvanadas”, sostiene.
–¿Cuáles son los requisitos para pensar así al teatro?
–Hay ciertos principios que para mí son inamovibles. Primero, tiene que entenderse. La historia puede ser oscura, puede ser siniestra, pero se tiene que entender lo que estamos contando. Segundo, tiene que interesar. Y tercero, tiene que entretenernos. Tiene que resultar divertida en el amplio sentido del término. Divertida, no de jocosa, sino divertida de ver algo distinto, diverso, que nos atraiga. Creo que eso tiene que estar en cualquier obra. Además, si eso no está… podés tener la mejor escenografía, la mejor música, los mejores actores, pero la obra a los primeros diez minutos es un embole. Y la gente está pensando en dónde va a ir a comer, si se largó a llover o pagó el gas.
* Programación completa teatroeldesguace.blogspot.com

