La Casa José Martí, en Parque Patricios, utiliza el lenguaje cinematográfico como disparador de temáticas sociales que están ahí (o acá) no sólo latentes sino manifiestas, pero que muchos temen desenmarañar. De manera informal y desestructurada, convoca todos los lunes a una reflexión que escape a la pasividad del espectador.
Por Natalia Arenas
Fotografía Gentileza de La Casa José Martí
Buenos Aires, mayo 25 (Agencia NAN-2012).- Desde que se le ocurrió armar el ciclo “El cine por las astas” en la Casa José Martí, Claudio Ferraiolo, estudiante de sociología y de cine, quiso que la modalidad sea distinta, pero ¿distinta a qué? El nombre pedía a gritos una intervención más significativa por parte de realizadores y público que la esperable en los clásicos “cine debate”. Ni siquiera había ganas de mantener demasiado tangible esa aparentemente obligada distinción entre realizadores y espectadores. “El cine es un lenguaje en el que no se reconoce su carácter de discurso”, afirma Ferraiolo y detalla: “No se reconoce que hay una voz detrás de ese documental y muchas veces aparece como algo objetivo, como desprovisto de un realizador, de una posición tomada”. Entonces, le pareció interesante atacar esa concepción.
La idea central fue romper con la estructura del cine debate porque “eso sigue sosteniendo la idea del cine como espectáculo” y lo que se pretende es “potenciar el diálogo y romper con el rol pasivo de espectador”, algo que en la modalidad de cine debate no se alcanza. “No es que uno quiera dejar a Foucault de lado”, ironiza Ferraiolo, quien destaca que, muchas veces, el cine debate resulta algo “tan académico” que no se puede “bajar a tierra”.
Para correrse de ese lugar, que muchas veces puede resultar cómodo, el estudiante de cine fue más allá con el ciclo “Detrás de las paredes: reflexiones sobre la cárcel”, que se instaló en la José Martí con una característica madre: tanto los propios organizadores como los invitados intervienen y trabajan, desde distintos roles, en cárceles.
¿Por qué la cárcel como temática de debate? “En la cárcel se condensa muchísimo lo que está sucediendo a nivel generalizado en la sociedad”, explica Josefina Lamarre, que dicta un taller de teatro en el CUD (Centro Universitario Devoto). Había que poner en jaque, entonces, todos los preconcepctos sobre el encierro y la prisión como castigo.
“Detrás de las paredes” comenzó un lunes de abril con la experiencia del CUD como tema convocante. El segundo encuentro reveló el fenómeno evangélico que recorre las cárceles del servicio penitenciario con la proyección de Unidad 25. A partir de las proyecciones de La casa de Bernarda Alba —captura de la obra de teatro realizada por las internas del Instituto Santa Ester de Tucumán, obra que fue prohibida en 2009 por las autoridades penitenciarias– y El perro está cansado en distintos encuentros, surgió la necesidad colectiva de ahondar y problematizar en el concepto de la cárcel como institución e interrogarse acerca de qué otra alternativa no punitoria podría crearse.
La cárcel empieza a “rebotar” temas y Josefina resume: “Es como una fuerza centrífuga que apela e interpela a todos”. A los de afuera y a los de adentro. “Nos interpela a nosotros como integrantes de la sociedad, ¿qué rol estamos ejerciendo, qué mandato estamos consumando?”, desafía.
Dudas, inquietudes, broncas, falacias, preconceptos, un mar de significantes surgen en cada encuentro. El objetivo, entonces, es levantar la alfombra y descubrir qué hay detrás de los muros. No hay una sola manera de definir la modalidad del ciclo porque, justamente, carece de ella. Si bien no cae en la improvisación absoluta, porque se parte del lenguaje cinematográfico para el análisis y la reflexión posterior, lo que siempre se pretendió es ver y escuchar “qué aparecía”.
Entonces, aparecen referentes del tema cárceles como la socióloga Alcira Daroqui, directora del Grupo de Estudios sobre Sistema Penal y Derechos Humanos del Instituto de Investigaciones Gino Germani (UBA), e investigadora del Observatorio de Prisiones de la Procuración.
Cada fecha es el enganche para la próxima. Y al inicio de cada una, nunca se sabe si habrá otra. La pregunta es si será necesaria. Por el momento, la gente se prende, se queda con muchas preguntas y con ganas de hacer algo más allá de la pura reflexión. “Es una mamushka”, precisa Lamarre, entre risas. “En cada encuentro se va profundizando un poco más”. “Nada aprisionado, entonces”, sugiere esta periodista. “Exacto, nada ‘encarcelado”, responde Josefina y pide que esa palabra vaya entre comillas.
* Los encuentros son los lunes a las 20 en el centro cultural ubicado en Senillosa 2092, esquina Cobo, Parque Patricios.