Aunque no aparezca en la agenda de los medios hegemónicos, la megaminería a cielo abierto no es para nada un tema cerrado. El sábado pasado, la Policía catamarqueña que escoltaba los camiones de la multinacional Bajo La Alumbrera volvió a reprimir a los asambleístas sobre la ruta. Por todo ello, toma valor la charla que Revista NaNtuvo con el realizador del documental Cielo Abierto y que se reproduce aquí la versión extendida. “La megaminería es un cáncer, no sólo porque contamina, sino porque divide a la sociedad y corrompe las instituciones. Se impone por la fuerza, con el argumento del ‘progreso’ que genera el dinero”, apunta el cineasta.
Por Nahuel Lag
Fotografía gentileza de Carlos Ruiz
Buenos Aires, mayo 18 (Agencia NAN–2012).- En febrero, la Policía de Catamarca reprimió sobre la ruta 60, en Tinogasta, a los integrantes de la Asamblea de Ciudadanos por el Agua y por la Vida que cortaban el paso a los camiones de la minera Bajo la Alumbrera en reclamo del modo de explotación de los recursos naturales. Entonces, las empresas periodísticas contaron en apenas unos días una lucha que lleva años, hasta que surgió una noticia más afín a sus fines. La presidenta Cristina Fernández de Kirchner había prometido un debate que nunca llegó y los gobernadores de las provincias mineras se organizaron para seguir adelante su relación con las compañías multinacionales y volar montañas en busca de “vetas” de oro, plata y otros metales. “No a la megaminería”, “Derogación de las leyes mineras”, “Basta de represión”, “El agua vale más que el oro”, fueron las consignas que otra vez quedaron sin ser escuchadas en los lugares de decisión. Por entonces, publicamos en la sexta edición de revista NaN una entrevista con tres artistas que viven de cerca el proceso de resistencia a la megaminería. “El tema no se agota y la lucha de la gente de Chilecito y de Famatina se ha extendido y nacionalizado. Hay material de sobra para varias secuelas”, indicó el cineasta riojano Carlos Ruiz, adelantando una segunda parte de su documental Cielo Abierto. Y tenía razón.
La resistencia de los vecinos siguió, mientras el Gobierno avanza y la Secretaría de Minería informa que la empresa estatal Fabricaciones Militares se incorpora como proveedor del sector con el objetivo de sustituir importaciones, generar empleo, a costas de hacer oídos sordos a los reclamos de una porción de la población local. Así fue que el sábado pasado, la Policía catamarqueña que escoltaba los camiones de la multinacional, volvió a reprimir a los asambleístas sobre la ruta. Darío Moreno, Ezequiel Koch, Eduardo Argañaráz fueron detenidos por los uniformados. Horas después fueron liberados y el respaldo llegó con nombres de peso como el Serpaj, del premio Nobel Adolfo Pérez Esquivel, y Nora Cortiña de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora. Un día antes, vecinos de La Rioja se movilizaron en contra de los proyectos de megaminería que lleva adelante el gobernador Luis Beder Herrera. Cada palabra de la respuesta que esbozó esta semana fue como un palazo policial: “Son hippies violentos. Cuando metan a dos o tres presos las protestas se terminan”. Presos ya hubo varios y el gobernador debe saberlo.
Por todo esto, aquella entrevista hecha con Ruiz para Revista NaN recupera su valor. La radiografía que el cineasta hace sobre la intrincada relación megaminería-gobiernos provinciales en su documental es riquísima, aún a cinco años de su estreno. Más aún si el gobernador actual era entonces un vicegobernador en ascenso que prometía terminar con la megaminería. A continuación, recuperamos la entrevista completa, de la cual extrajimos los fragmentos para incluirlos en la nota que salió publicada en la revista de marzo-abril, con el realizador de Cielo Abierto.
–¿Cómo llegaste a los vecinos, a la lucha “antiminera”, y qué te movilizó a realizar Cielo Abierto?
–Comencé a pensar con la idea de un documental sobre el tema de la minería en el 2006. Parecía un tema absolutamente menor en aquellos años y nadie me daba mucha pelota. Pero a mi me habían llamado mucho la atención unas notas que habían salido en los diarios de La Rioja en los que se planteaba la llegada de grandes emprendimientos a la zona del Famatina. No sabía nada de minería, pero la noticia me generaba muchas sospechas y curiosidad. Comencé a investigar. Lo primero que advertí fueron las similitudes históricas. No era la primera vez que el Famatina era codiciado por sus enormes riquezas minerales y claramente estábamos a punto de vivir otro capítulo más de esa historia, que se remonta a los pueblos originarios que habitaron esta zona que explotaron sus riquezas de oro y plata. Haciendo un rápido racconto, los incas, los españoles, los jesuitas, Rivadavia asociado con Inglaterra, Facundo Quiroga y los gauchos riojanos, otra vez los ingleses a comienzos del siglo XX… Toda una historia de codicia, resistencia, lucha y saqueo. Decidí encararlo por el lado de Facundo Quiroga, pero pronto cambié de idea.
–¿Cuándo te acercaste a la historia actual del Famatina?
-El primer contacto con los vecinos de Famatina de Chilecito fue a principios de 2007 en Patquía, durante un corte de ruta “selectivo” en donde paraban a los autos para entregar folletos, sin cortar el tránsito. Era un puñado de gente, mucha gendarmería y colas para pasar. El tema comenzaba a instalarse. A partir de ese momento fue todo muy vertiginoso. Barrick llevaba ya un par de años haciendo exploraciones en el cerro Famatina, que había pasado a ser propiedad de la empresa. Un gran cartel y una barrera en el único camino de acceso así lo decían claramente: “Propiedad Privada”. La gente estaba indignada. Todo se había hecho a sus espaldas, no se había informado nada. Buscaban información desesperadamente, en internet, se comunicaban con gente de otros pueblos, como Esquel, Catamarca y San Juan. Comenzaron a reunirse en asambleas, que llegaron a reunir a casi todo el pueblo. Finalmente, el 8 de marzo de 2007, se corta el acceso al campamento de la Barrick intimándola a abandonar el proyecto, cosa que ocurre a los pocos meses. Todo en un marco de convulsión política, en donde el vicegobernador Beder Herrera sanciona el mismo día del corte una ley que prohibía la minería a cielo abierto en todo el territorio provincial, denunciando y tildando de escandaloso y viciado de corrupción el contrato que el gobernador Maza había hecho con la Barrick. Al tiempo que lo destituía mediante un juicio político para quedarse con la gobernación. Todo eso concentrado en unos pocos días. Ese era mi documental. Así que comencé a registrar todo lo que podía y a buscar archivos. Al final, de Facundo Quiroga no quedó nada en la película, pero estaba todo el tiempo en mi cabeza.
–¿Qué experiencias viviste y qué aprendiste de la lucha “antiminera” al recorrer distintos lugares, asambleas, donde viste que lo que documentaste en Famatina se repetía a lo largo de la cordillera?
–Lo primero que aprendí es que esta lucha no es `antiminera´. Es mucho más que eso. La minería aparece apenas como una excusa, muy importante por cierto, porque se trata de su forma de vida y si se quiere de la vida misma. Mi documental es un documental sobre la gente. Retrata el hartazgo hacia la clase política, el descrédito total hacia las instituciones; es un despertar, una afirmación de su lazo con la naturaleza y una autodefensa ante el riesgo cierto de la contaminación. Fijate que otros lugares la consigna es “No a la Mina” y aquí es “El Famatina no se toca”. El cerro y la gente son la misma cosa. Si tocan el cerro, nos tocan a nosotros y no lo vamos a permitir. La convicción es conmovedora. La defensa del cerro es a muerte, porque –siempre lo dicen- da lo mismo morir ahora defendiendo el cerro con dignidad que morir después envenenados o sin agua. La gente ha recuperado la dignidad perdida. Y no se trata de un fundamentalismo, como se los califica peyorativamente, se trata de una decisión perfectamente fundamentada, de una autodeterminación. ¿Acaso alguien puede tildar de fundamentalista a una tribu del amazonas que se opone a su deforestación? Claro, son “indios”, “negros”, “no quieren el progreso”. Son vistos como un problema y son considerados prescindibles. Acá pasa lo mismo. La gente de Famatina es “ignorante”, “influenciable” por ciertos “intereses” dañinos para el país. Además, aprendí que la gente se defiende de sus propios gobernantes, no de las empresas multinacionales. Nadie conoce de antemano los contratos que se firman y los palos que reciben son de las policías provinciales. Se trata de políticas impuestas desde afuera de nuestro país, que son centrales y atravesaron los gobiernos de (Carlos) Menem y de los Kirchner como políticas de Estado. Muchos periodistas “progres” deberían acordarse de eso. Tampoco les vendría nada mal que se den una vuelta por el pueblo antes de seguir hablando.
–¿Qué rol ocuparon los medios locales en la difusión de tu documental? ¿Y de la problemática?
–Casi nula en la difusión. Apenas se estrenó, a fines de 2007, los diarios locales publicaban algo de las proyecciones o cuando ganábamos algún premio. Pero poco a poco se fue silenciando hasta que no sacaron mas nada. El canal oficial de televisión, Canal 9 de La Rioja, siempre ignoró los pedidos de las asambleas de que sea difundido. Por el contrario, bombardea con campañas pro-mineras. El tratamiento de la información es absolutamente tendencioso a favor de la minería y directamente oculta los hechos. La pueblada de Famatina de enero de este año, estaba en todos los medios nacionales e internacionales (BBC, CNN, El País, etc) pero en la Rioja no salía una palabra. Salvo algunos pocos medios digitales, el resto son la vergüenza del periodismo. Afortunadamente existen las redes sociales, que contrarrestan y sirven de contrapeso a la campaña oficial.
–¿Y los gobiernos? ¿Intentaste pedir algún respaldo para la realización o para que sea exhibida?
–No, de entrada el documental fue absolutamente independiente y no recibió apoyo gubernamental de ningún tipo. Salvo el estreno, que se hizo en una sala INCAA, las exhibiciones fueron siempre organizadas por la gente. Hubo funciones multitudinarias en pueblos de toda la cordillera. En Famatina fue inolvidable. En Tinogasta, el club estaba repleto, toda la cancha de basquet y las tribunas llenas de gente. Se vio en todo el país. Se ha visto en universidades, en asambleas, en miles de colegios. A Jenny de la asamblea de Chilecito la reconocieron por la calle en Ecuador y en Bolivia. Los movimientos de indignados la han pasado en Europa. Me han enviado traducciones a muchos idiomas. No hay programa de televisión argentina, que aborde el tema, que no haya pasado imágenes de Cielo Abierto. Todo eso lo ha logrado la película por si misma. Salvo el estreno, que lo organizamos nosotros, el resto se organizó solo. Otro mérito de la película es haber entrado en competencia oficial en muchos festivales nacionales e internacionales, recibiendo premios en varios de ellos, sin apoyo oficial o del INCAA.
–¿Ocurrieron casos de censura respecto de los artistas que comparten el mensaje de las asambleas?
–Claro que si. Groseros actos de censura. Cielo Abierto está censurado en el canal oficial de La Rioja. Claro, cómo lo van a pasar, si el gobernador sale en la película diciendo (cuando era vicegobernador) que la minería nos van a dejar sin agua, que La Rioja no tiene agua, que el agua es de todos, de las plantas, de los animales, que las empresas nos van a contaminar, que vienen con plata para “repartir” y que él es el único capaz de frenar eso, que va a sacar una ley prohibiendo la minería a cielo abierto, blah, blah… Saca la ley, la deroga y cuando es gobernador cambia radicalmente su postura, se asocia con las mineras y se convierte en un paladín de la megaminería. Está obsesionado por la minería. Para él, hoy la minería “es la única salida para La Rioja” y asegura a todo el mundo que la minería no provoca “absolutamente ninguna contaminación”. “Traidor”, es lo más suave que le grita la gente. Pero bueno, todos los artistas que se pronunciaron en contra de la minería tuvieron episodios desagradables. Hay muchos que son docentes y no les renuevan los contratos. Hasta Soledad, dijo en Twitter que ella piensa que no está en la fiesta de la Chaya por su aparición en el video Basta Ya.
–¿Qué tipo de vínculo se forjó entre las asambleas y los ciudadanos a partir de que tu documental se tornó en una referencia sobre el tema? ¿Cuál es el vínculo con los artistas en general?
–El documental fue muy importante porque le hizo ver a la gente la importancia de su propia lucha. Cuando ellos se vieron en la pantalla y vieron cómo los veían desde otros lugares y los apoyos que llegaban, se dieron cuenta de la magnitud del problema y de la importancia de la lucha. Hay artistas que estuvieron desde el principio y otros no tanto. La lucha se ha hecho tan grande, que en muchos casos ha hecho visible la relación que algunos artistas tienen con el poder. Por ejemplo algunos nunca apoyaron la lucha y se colgaban del discurso oficial con el que recibían grandes beneficios. Ahora cuando la relación de poder se invierte y la gente mayoritariamente se expresa en contra de estos proyectos mineros, no tienen ningún pudor en decir que siempre estuvieron con la lucha de Famatina. Es lamentable. En otros artistas, se advierte un fuerte compromiso. Como anécdota, me acuerdo que en una proyección de Cielo Abierto en el Congreso de la Nación, en el debate posterior, el gran artista riojano Ramón Navarro pidió la palabra y cuando quiso hablar, rompió en llanto recibiendo la ovación de todos los presentes. Sintió muy profundo dentro de su ser la destrucción que estaban por hacer en el Famatina. Cuando se recuperó un poco, les pidió a las chicas, las protagonistas de la película que estaban presentes, que no bajaran los brazos.
-¿Cómo esperás que continué la megaminería, la relación con los gobiernos, a partir del quiebre que significó el último mes de conflicto?
–La megaminería es un cáncer, no porque las sustancias que utilizan contaminen y crezcan los casos de esa enfermedad, que posiblemente sea así. Es un cáncer porque divide a la sociedad y corrompe las instituciones. Se impone por la fuerza, con el argumento del “progreso” que genera el dinero. En el caso de los gobernadores de las provincias mineras, es lamentable su falta de estatura intelectual (para otros no se trata de una cuestión intelectual sino de pura ambición); están inmersos en un discurso modernista que atrasa como mínimo 50 años. Pensar en términos de “progreso” hoy es por lo menos anacrónico. Lo mismo que sostener un discurso cientificista a ultranza, donde el único saber válido es el “dato técnico” de las ciencias duras. Realmente es poco lo que puede aportar a la discusión un geólogo o un ingeniero químico. Sobrevalorar la racionalidad científica (sobre todo de unas pocas disciplinas, dejando de lado otras como las ciencias sociales y los saberes de las comunidades) es terriblemente ideológico. Debemos recuperar el espíritu crítico, empezar a tamizar nuestros discursos con pensamientos descolonizadores (siempre hay un colonizador agazapado en nuestros cerebros), empezar a poner en práctica una ecología de saberes, en donde nadie sabe todo y todos son expertos en algo. Es la enseñanza que me ha dado el pueblo de Famatina, que ha encontrado la forma de unirse a pesar de sus diferencias, en un objetivo común que les da sentido como comunidad.
