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Imágenes no prediseñadas.-

En pocos días, un centenar de libros de fotografías cocinados en Buenos Aires viajarán a Córdoba, a la 2° Bienal de Fotografía. Sus autores, participantes de la Feria de Libros de Fotos de Autor (FELIFA) en el Espacio Ecléctico de San Telmo, cuentan aquí las historias que capturó la lente.

Por Laura Bernatené
Fotografías de Mariano Frisoli y Débora Devicoor

Buenos Aires, septiembre 28 (Agencia NAN-2011).- ¿Cuántas cosas se pueden contar con imágenes como materia prima? La muerte de un ser querido, un extraño vínculo familiar, paisajes amables y otros no tanto… Pero con imágenes se puede más que contar: también construir una historia. La palabra puede estar como no. Así se desprende del testimonio de cinco fotógrafos que Agencia NAN entrevistó antes de que se subieran al micro a Córdoba, a la 2° Bienal de Fotografía, que ya está en marcha (comenzó en septiembre y culmina en noviembre). Este evento, que reunirá a artistas emergentes y consagrados de la República Argentina, recibirá el 6, 7 y 8 de octubre a la Feria del Libro de Fotos de Autor (FELIFA). Todos estos fotógrafos comparten una particularidad: han hecho un libro. Y, además de brindar detalles sobre su trabajo, comparten visiones sobre la experiencia, reflexiones en tanto a forma y contenido.

Un espacio personal

Adentro es un libro de una alta carga íntima. Aquí Inés Tanoira relata el proceso de desarme que atravesó el hogar de su abuela luego de su muerte. “Era el departamento de mis abuelos donde nos juntábamos con mi familia. Somos una muy grande, de 15 nietos. Y cuando ella murió, me dí cuenta de que todo eso que estaba ahí se iba a ir, iba a desaparecer”, relata Inés.

Al principio la idea había sido fotografiarlo tal cual había quedado, como estaba para recordar. En esos días Inés comenzó un taller con la fotógrafa Florencia Blanco, quien le sugirió que siguiera haciendo fotos. “Entonces seguí yendo durante un año y medio, al mismo tiempo que mi papá y mis tías iban desarmando y repartiendo las cosas. Hasta que no quedó nada”, cuenta la autora.

Inés hace fotos desde los 18 años, de manera que para ella la fotografía se ha convertido en una gran compañera. “La semana que presenté el libro en la feria yo me estaba mudando. Era increíble que lo estuviera presentando el mismo día que yo estaba desarmando mi casa, donde había cajas y cajas”.

La tercera cosa

Salud es un pequeño libro blanco con hojas rugosas. Son apuntes que construyen una símil biografía de El Conde, tío de Eduardo Carrera, autor del libro. Este personaje de carácter autodestructivo, fue uno de los pocos integrantes de la familia con el que Eduardo mantuvo una relación cercana. A pesar del vínculo que los unía, Eduardo dice que no fue esa la razón por la cual eligió el tema, sino que él acostumbra a relatar y fotografiar lo que le es cercano y tiene más a mano. Eduardo se sirve de la primera persona para contar con sus ojos de niño, adolescente y adulto, conforme iba pasando el tiempo la historia de este personaje.

El libro no es de texto ni es de fotografía, sino que es una tercera cosa, hecha por texto y fotografía. En él hay mapas, cartas, fotos de álbum familiar y otras tomadas por el autor. Incluso los textos de máquina de escribir, con sus matices y golpes de teclas estampados, funcionan como fotografías. “Para mí siempre había sido imposible trabajar con fotografías y con textos. Era algo que lo había visto hacer por otras personas y que nunca me gustaba. Me parecía que siempre algo complotaba con lo otro, lo boicoteaba”.

Un día su hermano le regaló un libro del alemán W. G. Sebald y ¡zaz! “Fue leerlo y que automáticamente me surgiera empezar a juntar algunos textitos que yo tenía escritos y otros que empecé a escribir como loco (el primer oficio de Eduardo fue el periodismo; también estudió letras). Empecé a pasar horas en una especie de laboratorio chiquitito donde tenía una ampliadora, una notebook y la máquina de escribir”, cuenta Eduardo. Y parece que esta vez el experimento funcionó: la Feria de Libros de Fotos de Autor le otorgó el primer premio y con él una edición por La Luminosa de 200 ejemplares.

Pero antes de ser un libro “de librería”, en sus comienzos allá por el año 2003, Salud fue un cuaderno anillado con fotografías pegadas con plasticola. Eduardo cuenta que en una primera instancia Salud “viajó de mano en mano, dio muchísimas vueltas y quedó muchos años intacto”. Tiempo más tarde, pudo editarlo como objeto único, muy prolijo, tapa dura, cosido y hasta en cajita. Pero al final del año pasado ocurrió algo inesperado: “Aparecieron fotos nuevas que yo nunca había tenido a disposición. Fotos de la infancia y de la juventud. Estas fotos que para mí son increíbles y que hablan del sol que viene desde esa época no estaban, entonces el libro quedaba muy oscuro. El libro tenía una densidad que yo no le quería dar. Yo quería también contar los momentos luminosos”, concluye el autor.

El libro interactivo

Jardín interior es un cubo mágico que nació de la dupla conformada por Débora Devicoor y Victoria Villalba. Está compuesto por imágenes macro de flores plantas e insectos, elementos que a Débora le obsesionan. “Podés quedarte un montón de tiempo jugando y te metés en otro universo. Te acercás y vas descubriendo cosas en otra escala, es como si estuviera jugando con una lupa.”

A diferencia de otros, este trabajo fue pensado específicamente para la feria, donde libros en formato no-libro también son bienvenidos. “Queríamos jugar. Para ver las fotos hay que ir explorando los cubos, como si se deshojara una flor o se abriera camino en una jungla”, relata Débora. Sin embargo, esto de involucrar al lector fue el mayor desafío para las chicas: “¡Casi terminamos cortando un pedazo de pasto sintético de un lugar público!”, se ríe Débora.

Fotografiar con la identidad

Viaje Conurbano, de Emiliana Miguelez, surgió espontáneamente como una necesidad de retratar los espacios del sur del conurbano bonaerense, de donde la autora es oriunda. Como también trabajaba por la zona (colaboraba en el suplemento zonal de Clarín), el libro comenzó como un cuaderno de tapa dura con apuntes y fotos tomadas por ella pegadas en las hojas blancas, una especie de diario de viaje donde tomaba apuntes. “Relevé siempre lo que pasaba alrededor, ya que son lugares que transité toda mi vida. Lugares donde yo iba con mis amiguitos cuando éramos chicos”, señala Emiliana.

“Si bien he encarado otros trabajos siempre vuelvo a este porque es algo que está latente. No sólo vuelvo a hacer fotos, sino que vuelvo a buscarle otro sentido. Y en la última edición, la del libro, después de mucho tiempo entendí por donde venía”, sostiene Emiliana. Venía por el lado de la denuncia de la propiedad de la tierra y de cómo la apropian unos y otros. Es un trabajo que muestra la modificación constante del territorio a lo largo de diez años, de cómo de un terreno baldío puede surgir tanto un country como un predio tomado.

Se trata de contar

Franco Verdoia es dramaturgo, actor y director. Para él la fotografía conforma un espacio de disfrute, una herramienta que con el tiempo surgió para seguir contando historias. “De alguna manera mi relato como autor habla de lo mismo en el cine, el teatro y en la foto. Siempre estoy tocando los mismos temas, dándole vuelta a lo mismo. Lo que me permitió la fotografía es empezar a ser un poco más puntual en quién soy, en qué tengo para decir”, dice Franco.

Ensayos fotográfico reúne tres series de tipologías fotográficas. El primer capítulo consta de fotos de frente de casas de Las Varillas, Córdoba, su pueblo natal. La segunda está compuesta por imágenes de palieres de edificios, mientras que la tercera son fotografías de mueblerías. Todos ellos espacios de tránsito que no son ni serán habitados: “Me atrapan, justamente por mi formación teatral, los lugares en donde se me disparan historias, donde yo contaría algo”, dice Franco.

Franco hojea el libro y señala una fotografía de un palier revestido en madera y vidrio. Dice que allí podrían suceder muchas historias, pero elige imaginar a una chica que baja a atender un delivery. Sigue mirando y se detiene en una imagen de una televisión vieja apoyada en un mueble de madera terciada y brillosa, acompañada por mesa y sillas de aspecto similar. “Yo me imagino: acá se sentaron un padre y un hijo a tener una charla terrible, acá pasó algo tristísimo”, fantasea Franco. Esta idea se ve resaltada en la tapa: “Para mí es un escenario que ocurre detrás de un telón que en cualquier momento se va a abrir. Habla del teatro, de lo escenográfico y de lo ficcional, hay una historia que se va a contar en este lugar”.