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Independencia y autogestión en el sur.-

Agencia NaN formó parte de la primera FLIA que se llevó a cabo en el sur del Conurbano bonaerense. Más de treinta propuestas literarias, musicales, plásticas y de diseño participaron de la iniciativa itinerante.

«Nos hemos acostumbrado

a leer textos y escritos de gente lejana.

Nos hemos olvidado

de escuchar cuentos orales

de gente a la que apreciamos

o de los desconocidos de la ruta»

(Fragmento de un manifiesto que tapizó algunos sectores de las paredes de La Toma el sábado 20 de agosto)

Por Ailín Bullentini

Fotografía de Federico Moscoso

Buenos Aires, agosto 23 (Agencia NAN – 2011).- Bajo el toldo de los varios comercios que se disputan a los peatones emergentes del lado Oeste de la estación de Lomas de Zamora; escondida entre verdulerías, carnicerías y locales de accesorios para celulares típicos de la fauna de los alrededores ferroviarios del sur del Conurbano, una angosta escalera se abre a media cuadra de la estación de Lomas de Zamora. Esa hendija condujo, el sábado pasado, hacia un mundo nuevo: el universo de autogestión, de quehacer colectivo, de horas y vidas de arte literario, dramático, musical y de diseño encerrado en una sola iniciativa, la Feria del Libro Independiente y Autogestiva (FLIA) que por primera vez se realizó en el sur bonaerense.

Más de una treintena puestos, por llamarlos de alguna manera, comenzaron a tomar forma en el Centro Cultural y Comunitario La Toma, ubicado en el segundo piso de un gran edificio lindero a la estación de Lomas de Zamora de la ex línea de trenes Roca. Allí, desde el mediodía, varios planchones de madera y algunas tantas puertas de viejos armarios fueron convirtiéndose en el sostén de diferentes expresiones de arte que, durante esa jornada, sirvieron de amalgama de cientos de historias lejanas, distantes, diferentes.

¿Quién eligió el lugar? ¿Quién trajo la FLIA al sur del conurbano? ¿Quién la organizó? Son preguntas que sólo surgen en las cabezas de las personas que nunca fueron a una. Estas ferias, infinitas comuniones de arte y construcción social comunitaria, no tienen cabeza ni pies, derecho o revés. Nacen de las organizaciones sociales y culturales locales, a las que se suman las de otros puntos, más cercanos o lejanos. Su carta de presentación y testimonio de existencia es la horizontalidad, lisa y llana. Quien lo desee podrá sumar su arte en la oferta, su cuerpo en la organización y/o sus manos en el trabajo de orden posterior.

Algunos portadores y a la vez protagonistas de esas historias son viejos militantes de las FLIAS, una iniciativa que nació hace una década como contraferia de la ampulosa, sofisticada y paga Feria del Libro que se celebra año a año en la Rural, y que con el correr del tiempo se extendió a diferentes barrios de la ciudad de Buenos Aires, del territorio bonaerense y del resto del país. Los destinos cercanamente futuros ya se marcan por fuera de los límites de Argentina.

Sebastián Bruzzesse, escritor y creador de Editorial Folia, es uno de aquellos. Intenta no fallar a ninguna edición de la iniciativa «siempre que no implique gastos grandes de traslado. Me hubiera encantado estar en Córdoba, pero no llego con el pasaje», explicó a Agencia NaN, mientras acomodaba los ejemplares editados por Folia, algunos obras suyas, otros de escritores, investigadores, ensayistas y poetas noveles como él.

Mientras, por debajo de la tabla que hace de biblioteca horizontal y entre los caballetes que la sostienen, varios miniferiantes se arrastran por el piso y juegan a que aquello es un universo de fantasía repleto de obstáculos. Son los integrantes más pequeños de esa gran familia de escritores, poetas y editores; dibujantes y músicos, actores; diseñadores de ropa y cocineros vegetarianos. Más tarde improvisarán el cuerpo de baile especial de la FLIA Sur y frente al escenario dibujarán con sus cuerpitos los más diversos ritmos que desfilarán sobre el escenario de La Toma.

Dúo Gatos del Agua, Occhipinti, El Hagabal, Hongos de Jacinto, Matu Kocens fueron algunos de los colectivos que, durante las siete horas que duró la feria, musicalizaron la jornada con folklore, rock y reggae. El momento álgido de aquellos bailarines insipientes será cuando el sonar de tambores, raspadores, cajones peruanos y maracas se sumen en el centro del espacio cultural y construyan –colectiva y horizontalmente, claro… ¡¡se sumaron todos!– un set de 20 minutos de ritmos latinoamericanos sin pausa.

Para Bruzzesse, las FLIAS son «un espacio de encuentro con colegas» y la expresión de «una forma de militancia que funciona en términos particulares»: «No nos reunimos para exigir en pos de una carencia que sufrimos todos. Nos aunamos con el objetivo de generar espacios nuevos, nuevas posibilidades de comunicación con otros que hacen lo mismo que uno o que hacen cosas diferentes, con colegas y con el resto de la sociedad», define pausado, tranquilo.

Las bandas y colectivos musicales compartieron el poder amplificador del micrófono de la FLIA con copleros y narradores que salpicaron la tarde con su arte. En la biblioteca de La Toma se sucedió una variete de charlas y proyecciones temáticas que ofrecieron desde la presentación del libro El Crimen Educativo de Andrés Sarlengo, pasando por un debate sobre los ejes centrales de la Permacultura y cómo es «comer con conciencia», hasta los audiovisuales del colectivo No definitivo y La Clara Luz y un documental sobre anarquismo. Más cerca del final de la jornada llegaron los títeres y las cámaras de la señal de televisión comunitaria Antena Negra TV.

Las góndolas construidas con el devenir de la tarde –los puesteros fueron más y más a toda hora– recibieron el ir y venir de cientos de personas, algunos habitués de las FLIAS, otros curiosos al pasar. Las miradas recorrieron creaciones incipientes y pujantes por abrirse un espacio en la cultura local. No se dan cuenta –o tal vez sí– de que sólo necesitan nacer para obtener ese espacio. El resto, es apostar a la circulación colectiva.

Hace dos años que Braulio, impulsor, redactor, editor, creativo y vendedor –junto a otro par de locos amigos– del fanzine humorístico de Hermanos Bladimir, apuesta a las FLIAS. Las elige porque las considera «un lugar divertido», además de ser un experimento que «fomenta la creación independiente en una sociedad que te empuja a lo masivo». Nahuel García puede tomarse como prueba satisfactoria de ese experimento: es un joven poeta que decidió «dar el primer paso de prueba solo» en la rueda que propone la industria cultural de la que quiere, decididamente, formar parte.

Nacido, a la vida y al arte literario, en Lomas de Zamora, eligió la 1º FLIA del Sur para tal aventura: «Necesitaba ver la reacción de la gente acerca de lo que yo como escritor tengo para ofrecer». Sin darse cuenta, la prueba fue doble, porque al armar su pequeño puesto el sábado pasado, él también puso su capacidad de compartir espacios. Cero competencia, pura ganancia. Extraño gozo. «Lo que importa en estos lugares en la comunión de todos nosotros. Al sur le faltaba algo así. Aquí, todos los que estamos en un camino similar nos vemos obligados a vernos las caras, y la posibilidad de comenzar a caminar juntos se vuelve gigante. Si mirás alrededor, te das cuenta de que somos muchísimos», concluyó. Una FLIA más acabó, como tantas otras que lo hicieron en una década de itinerancia sin pausa. Una más que deja mucho detrás: porque somos muchísimos y ahora nos conocemos un poco más.