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La repetición como rescate.-

Miles de cuadernos repletos de símbolos de identidad son la plataforma donde los nombres de mujeres y hombres desaparecidos por acción del Estado terrorista de la última dictadura militar son “rescatados”: “Cuando uno escribe los nombres, los revive muchísimo, desde la memoria, rescatándolos”, señala Andrea Fasani, la artista responsable de Treinta.

Por Lola Kuperman
Fotografía gentileza del C.C. de la memoria Haroldo Conti

Buenos Aires, julio 20 (Agencia NAN-2011).- En el Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti, ubicado en la ex ESMA, se extienden tres columnas de cuadernos Gloria a ras del suelo. En total, las libretas suman 2340 y en el interior de cada una de ellas se encuentra una historia. Cada tapa lleva un número, y cada primera página lleva un recordatorio que denuncia, revive y extraña a una víctima de la última dictadura militar.

Su nombre es Andrea Fasani, permaneció 45 días en el centro clandestino de detención El Banco y es la ideóloga de Treinta, la obra que aspira a llegar a los treinta mil cuadernos y a recordar, rescatar y revivir a los treinta mil desaparecidos. En la segunda página, y en algunos cuadernos hasta la última, se puede releer el nombre y apellido del dueño del cuaderno escrito a pluma por la artista o por alguno de sus amigos, a quienes invitó a compartir el andar cuando el proyecto ya era obra. De aquellos pasos nació Acciones Sonoras, que se llevará a cabo el próximo domingo (a las 19 en el Conti). “No es una performance teatral, es una situación», aclara Fasani sobre Acciones…

Sobre una de las paredes del sitio que el Conti reserva para la puesta se ordenan alfabéticamente los nombres a lo largo de cuarenta hojas. Por primera vez en la historia de Treinta, el público agregó nuevos nombres que pronto también tendrán su cuaderno. «Es una obra de arte visual, interactiva, política, muy conceptual y relacional”, asegura la artista.

–¿Cómo nació la idea de Treinta?
–Comenzó concretamente con los recordatorios que publica el diario Página/12 sobre personas desaparecidas durante la última dictadura. Los empecé a recortar, juntar y guardar y luego los implementé en dos performances distintas. A fines de 2005, comencé a imaginar utilizarlos para una instalación concreta, una piel de memoria que se pudiera extender, que pudiera revestir, que pudiera adaptarse a cualquier espacio.

–¿Por qué elegió el cuaderno Gloria?
–Fue inmediato: la tapa color anaranjado, la banderita y la palabra misma, son todos elementos muy significativos. Me gustaba la potencia visual de tener metros y metros del mismo color. Los fabrica Ledesma, que no es menor, y además, era el cuaderno que teníamos para repetir las faltas de ortografía. Me interesa la idea de repetir y de intervenir la tapa con números.

–¿Los números representan un aspecto lúdico en la obra?
–Definitivamente hay un juego: 24 hojas y 24 de marzo. Comencé Treinta a 30 años del golpe militar, 30 mil desaparecidos, los tres ceros. A la vez, es también un ejercicio nemotécnico: rescatar historia por historia de las estadísticas. Al hacer las listas de mi trabajo, puedo seguir la progresión de la obra y ordenar numéricamente y en orden alfabético, aunque ese orden, a la vez, sea completamente azaroso.

Las tres columnas de cuadernos están rodeadas por nueve cajas de madera en cuyo costado se lee en negrita e imprenta “Treinta”. “Decidí hacer los cajones por una cuestión práctica y estética”, puntualiza Andrea y explica que las cajas de cartones se deshacían ante el peso de los cuadernos. “Quería un cajón fuerte y que funcione como archivo móvil, donde se pueda ubicar rápidamente un cuaderno y que también uno se pueda sentar para escribir más cómodo”, resalta y demuestra una vez más que en esta obra no hay nada librado al azar, excepto claro, la obra misma.

–Además de individualizar a través de números, abre su actividad íntima de escritura a un grupo de artistas y luego al público. ¿Cómo trabaja en su obra la dicotomía individualidad y colectividad?
–Hay varios cuadernos íntegramente escritos por mí, se produce un efecto visual muy fuerte cuando todas las hojas están escritas por una misma caligrafía. Es una acción solitaria y privada que cobra sentido cuando uno la abre. Invité a mis amigos a escribir. Algunos de ellos, los músicos Fabiana Galante y Jorge Manzini, comenzaron a capturar los sonidos. Luego abrí masivamente la invitación y me encontré con una gran receptividad. Es en esa acción repetida de escribir donde todo cobra sentido, donde se produce un clima particular, un “mantra” donde realmente se los recuerda.

–¿Cómo fue el primer acercamiento del público hacia los cuadernos?
–El 30 de agosto de 2006 instalé la muestra por primera vez en la vía pública, en la Plaza de Mayo. Fue una muestra de siete horas y media y el público reaccionó directamente con la pregunta. Ese día escribió muchísima gente y me encantó descubrir luego que no sólo repitieron nombre y apellido, sino también incluyeron cartas, frases y citas.

Treinta es un trabajo en construcción que comprende un público que, al participar, preguntar y escribir, desarrolla y a la vez fortalece la trama que crea. En el cuaderno 1811, Manuel le escribe a Roberto: “Ayer fue la primera vez en mi vida que entré a la ex ESMA. Fue duro pensar que mamá pasó por este lugar pero en mi interior sirvió para fortalecer aún más los principios de lucha que me dejaron. Gracias viejo, te quiero mucho, hasta la victoria siempre, ni un paso atrás”.

–La idea clásica del arte prohíbe al espectador la intervención de la obra, ¿Cómo cree que este inconsciente colectivo repercute en Treinta?
–En el Conti no dejé un instructivo o una indicación porque establecí tres jornadas colectivas de escritura. Por suerte, la gente pregunta y escribe, siempre hay algunos cuadernos abiertos más de los que abrí yo. Hay muchas reacciones diferentes aunque, por lo general, siempre conmociona bastante.

–¿Cómo cobra sentido al estar en el Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti, en la ex-ESMA?
–Para mí, era uno de los lugares emblemáticos en los que quería que Treinta esté. Cuando conocí el espacio del Conti me pareció fantástico; sobrevuela un silencio tan significativo y particular que yo no lo quería interrumpir. Entonces reservé el diseño sonoro de Treinta para los mp3 y las performances.

–Sin embargo, forma parte de la muestra el documental de Alan Verrúa sobre Treinta.
–Siempre fui registrando los distintos momentos a través de fotografías o videos. Cuando me invitaron a exponer en el Conti, le pedí a Alan que hiciera con su lenguaje una especie de historia de Treinta. Decidí incluir su documental en la instalación ya que muestra muy televisivamente el traslado que es tan importante como la obra en sí. El traslado fue la concreción de la idea, al pasar frente al Hospital Militar y luego al ingresar al predio acompañada por una caravana de amigos, convertimos la idea en acción.

–¿En qué consiste la performance “Acciones sonoras”?
–Nosotros venimos a escribir, no somos actores sino escribientes. La conexión con el cuaderno, con la persona que estás reviviendo, es inmensa y aún en una situación no performática la unión es igual de profunda y de personal. En Bahía Blanca, invité a escribir y la gente local comenzó espontáneamente a tomar los cuadernos, a leer en voz alta los nombres y a comentar, éramos un colectivo recordándolos y reviviéndolos.

–¿La obra continuará en movimiento o le gustaría asentarla en un lugar definitivo donde se pueda visitar?
–Yo estoy llena de preguntas. Por ahora, esta obra es el movimiento, su carácter es itinerante y va trazando una ruta, circula. Sí pienso en que después esté en un lugar particular, estable y abierto. Aunque, ¿cuándo termina la obra? ¿quiero tener treinta mil cuadernos? Por ahora continúa (con preguntas) y se fortalece en cada destino armando redes cada vez más extensas.

Treinta reconoce como propios los tres ejes que Alan Verrúa toma para el documental: “memoria”, “rescatar” y “revivir” ya que “cuando uno escribe los nombres, los revive muchísimo, desde la memoria, rescatándolos”, señala la artista. En el cuaderno de Patricia Graciela Dell´Orto de De Marco, en la página número seis, se puede leer: “Felicidades, van a ser abuelos de nuevo”. Andrea Fasani muestra este cuaderno como un tesoro y concluye: “Sería muy lindo tener los treinta mil cuadernos, así se podría rodear bien la Pirámide de Mayo”.

*El Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti, Av. Del Libertador 8151, está abierto de martes a domingo de 12 a 21 horas.
**El documental se puede ver en: http://www.treinta.arredemo.org/