En su búsqueda de definiciones, la novela y el protagonista a la par intentan realizar un esbozo sobre la mujer actual a partir de varios lugares comunes y hasta caóticos ejes de discusión. Las relaciones, el sexo, el amor, la calidez y la frialdad se mezclan progresivamente en el texto, de un registro narrativo ameno, aunque sólo se vuelve destacable en el vertiginoso tramo final de la historia.
Por Facundo Gari
Buenos Aires, junio 6 (Agencia NAN-2011).- A Jorge Amor, empleado en la agencia de publicidad Bluemix, le encargan una tarea especial: hacer un estudio sobre la mujer actual; primero de varios lugares comunes. Le asignan un colaborador, y pasa de ser un empleado más al detentor de hasta una oficina con secretaria propia. Cuarentón, separado, chapado a la antigua, a veces tímido con las mujeres, Amor se embarca en la odisea a partir de libros de historia prestados por un amigo “que se masturbaba mentalmente” y entrevistas a personas que presuntamente saben sobre mujeres (una editora de revista especializada, un director de agencia de viajes para ellas, unas chicas de un casting de la firma), aparte de las esporádicas charlas con una amante y algún que otro interlocutor inesperado. Tal es el escenario de arranque que propone Juego de damas (Malas Palabras Buks), segunda novela de Jorge Sachero, tras Costa Pobre, de 2007.
Claro que, de por sí, este protagonista que “odia las memorias frágiles” viene con un bagaje de confusiones atribuidas a lo intrínseco de su apellido: a veces se le hace difícil diferenciar un “hola, Amor” de un “hola, amor”, incluso entre hombres. Sin embargo, llega a una primera conclusión, no por trillada incorrecta: “Es admirable el espíritu de superación y lucha de las mujeres frente al comportamiento de la ciudad masculina, que no hizo más que someterlas durante siglos”. Seguida por una segunda, más capciosa: “Hoy la vida es bella, comparten con uno, ríen, hacen bromas y al día siguiente aparecen con un humor insoportable y actitudes neuróticas”. Manuela, su amante, lo adjudica a la menstruación.
Amor es el personaje principal y no el amor como tema. Los vínculos son de otras índoles: comerciales o sexuales, mayormente, siempre ligados a la consumación del placer carnal, aunque se diga que “ellas” buscan el cariño. La frivolidad (los chismes, el sexo desganado) versus la calidez (una charla íntima en un cuarto de hotel). “Acabar” versus el abrazo posterior. Con Manuela, dice Amor, tiene una relación “educativa”, pues ella tiene “misterio”. Las indagaciones del publicista continúan en el edificio de su compañía y hasta en sitios de afuera, como un gimnasio. “Todos eludieron hablar del amor”, cuenta el narrador cuando el protagonista deja de entrevistar musculosos.
En el camino, Amor se convierte, acaso a su pesar, en un seductor de primera línea. Las mujeres, casi siempre bellas, se meten en su cama incitadas aún más por la promiscuidad que se rumorea. No toma esas apetencias carnales sólo como satisfacciones biológicas: el informe lo obliga a la reflexión y al cambio, una redención con respecto al sexo “opuesto”, que en su cabeza deja poco a poco de serlo en el camino hacia la síntesis, aunque el mundo se muestre todavía renuente a abrir las puertas de la igualdad de género. Su transformación culminará, claro, con forma de mujer, una muchacha de antepasados mapuches.
En la búsqueda de definiciones, son varios y hasta caóticos los ejes de discusión que plantea y a veces sólo insinúa el autor con respecto a la mujer. Promediando el libro, y basándose en el trato de objeto que obtiene el sexo femenino más aggiornado, el narrador describe: “Ella traía integrado un procesador Intel Celeron M42 1,6 GHZ, un disco rígido de 80 GH SATA, una memoria de 512 MB DDR 2, red inalámbrica, Windows Vista Starter, lector de DVD y grabación de CD”. También aparece, claro, cierta crítica a las jerarquías sociales.
El registro narrativo es ameno, pero es sólo en el vertiginoso tramo final que se vuelve destacable, cuando la polifonía se hace la nota y deja de ser explícito (en primera instancia) quién habla, quién dice qué, quién piensa qué, sobre la mujer, el hombre y el mundo.