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Páginas para vivir el jazz.-

Living Jazz Magazine viene a ocupar el lugar que la movida jazzera parece reclamar desde hace tiempo: se trata de una revista dedicada a la cultura de ese género musical, la primera en la Argentina en años. Nació en formato digital y, a fuerza de voluntades compartidas, pegó el salto al papel.

Por Natalia Arenas

Miles Davis dejó su impronta en el jazz al ir siempre un poco más allá. “Para mí, en la música y en la vida todo es estilo”, dicen que dijo, y no es difícil imaginarlo: tal como el jazz, Miles derrochaba estilo. No por casualidad ésa es la frase que abre la editorial del número uno de Living Jazz Magazine, la primera revista en años en la Argentina dedicada a la cultura jazz.

“Siendo agente de prensa, empecé a trabajar con músicos de jazz, sin saber nada del género”, cuenta Gabriel Cygielnik, director editorial y fundador del proyecto original que nació en 2009, en formato digital. “Teniendo que llevar un disco de un artista para poder difundirlo, empecé a ver en qué medios podía funcionar, entonces pensé en radios, en diarios, en la tele… y cuando pensé en revistas, me di cuenta que no había una revista de jazz en la Argentina. ‘Entonces, hagámosla’, me dije”.

Así, Cygielnik se propuso ahondar en un nicho poco explotado por el mercado editorial y decidió armar un equipo “tipo La gran estafa”. “Por supuesto que no soy Brad Pitt, ni George Clooney”, bromea quien empezó a reclutar gente para que lo ayude a armar su proyecto, que está anclado “en lo periodístico, más que en lo musical”. Costó encontrarle la vuelta, sobre todo, porque no contaban con los fondos necesarios e, incluso, en una primera etapa, el intento de conseguir un subsidio quedó en la nada. “Hasta que me encontré con Héctor Sánchez (el otro director de la revista), que tenía un proyecto digital que se llamaba Living Jazz: una página pelada, con dos tapitas de Miles Davis, y un logo que aún conservamos”, detalla el fundador. “Yo te la lleno de contenidos”, arriesgó Cygielnik, marcando el comienzo bimestral de la revista.

Fueron siete números digitales y la respuesta fue positiva. “A la gente le gustó la imagen que tenía la revista y el contenido, porque hablábamos de cosas que no se hablaban en los medios de jazz”, comenta. Además de las coberturas de eventos y las críticas de discos, Living Jazz fue más allá: la ley nacional de música, la prohibición de tocar en Buenos Aires, por poner sólo algunos ejemplos.

–¿Cómo pasan del formato digital al papel?
–Llegar al papel fue un camino arduo, difícil, de pelearse con muchas cosas, pero de sumar muchos apoyos. Muy manual fue, porque la base era de dos, tres personas, después empezó a armarse un equipo más grande y no es que vino un inversionista que puso la plata, salió todo de nuestros bolsillos. Y la difusión la vamos haciendo con los recursos que tenemos: mails, Internet, tratamos de meternos en los eventos, imprimimos algún volante…

–En este primer número, hacen referencia a la cultura jazz: ¿qué abarcaría ese concepto?
–Cuando decidimos pasar al papel, nos preguntamos si ésta era una revista de música o de cultura jazz. Y la respuesta fue de cultura jazz, pensando en todo lo que está alrededor de la música: no sólo del músico que está arriba del escenario, sino también del tipo que está abajo y lo escucha. Decidimos jugar un poco con el estereotipo de los años mozos del jazz: un tipo sentado en un sillón, que fuma habano, tranquilo, en su casa, disfrutando. Pero lo que nos pasaba es que cuando vas a ver un show, no ves ese estereotipo. Entonces, pensamos en crear nosotros esa cultura jazz, una imagen; siempre pensando en levantar la escena del jazz actual. Nos encontramos con que hay una diferencia grande entre el que escucha jazz y el que lo toca. Algo que no pasa, por ejemplo, con el rock o la música clásica…

–Porque quien escucha rock o música clásica se identifica también desde la imagen con esos géneros, ¿no?
–Claro. Pero esto incluso pasó con el jazz en Estados Unidos. Un tipo como Miles Davis, que cambió seis veces de paradigma, lo veías de traje, elegante. Pero ahora estamos hablando de otra cosa, todo eso quedó atrás. Entonces, en Living Jazz hablamos de música, pero también hablamos de intereses de otro tipo: los clubes de vino, la cocina gourmet, lugares turísticos… todas cosas que, creemos, tienen que ver con el jazz y que hacen a esta cultura de la que hablamos. Y todo, sin considerarla una música de elite. No es nacional y popular, pero tampoco es de elite. Hay un público amplio para esto. No masivo, pero sí amplio.

La primera edición en papel de Living Jazz Magazine tiene una tirada de 3 mil ejemplares y, en principio, se compra por suscripción vía Internet. En poco tiempo estará disponible en disquerías y librerías de todo el país. “Nos interesa mucho el interior, nos interesa descentralizar al jazz”, destaca Cygielnik, y reprocha: “Estamos en un país que todavía es unitario, pero el fuerte está en el interior, para todos los músicos”. Este primer número, dedica su nota de tapa a Mariano Otero, incluye una entrevista exclusiva al “Gato” Barbieri, un dossier de Miles Davis y un informe especial sobre el post Cromagnón, entre otros temas.

–Teniendo en cuenta la premisa de que Living Jazz no es una revista para músicos, sino para escuchas, ¿cómo armaron el sumario de este primer número?
–La elección de Mariano Otero fue polémica. Me incliné por un músico que se está yendo del jazz, está con un pie afuera, dedicado al teatro y a hacer canciones. Pero, sin embargo, es un tipo que los últimos años chocó mucho desde que pasó con su señora a ser oficialista, fue polémico, se peleó con un montón de músicos que no lo eran o que estaban del lado del gobierno de la Ciudad y desde ese enfoque me pareció jugoso e interesante. Entonces, ¿por qué ponerlo en tapa a él y no ponerlo a Barbieri, que es un histórico? Porque quería una revista que mirara al jazz para adelante. Siempre se mira para atrás: hablamos de músicos de antes, de gente de la historia del jazz. Y Otero es un tipo que se está yendo del jazz. Lo mismo con la decisión de poner a Miles Davis, podría haber puesto a Coltrane o a Charly Parker y me incliné por Davis, porque es un tipo que fue revolucionario varias veces en el jazz, con un estilo muy personal.

–¿Cree que encontraron un nicho?
–Sí, definitivamente. De hecho, en este momento, creo que es la única revista de jazz en habla hispana. Hace poquitos meses dejó de salir Cuadernos de jazz, que era la revista de España, que pasó a ser digital. En la Argentina, vaya uno a saber por qué, porque somos tradicionalistas o porque el gen argentino está ahí, consumimos revistas en papel. Si bien algunas cayeron, aparecen muchas revistas nuevas, aparecieron dos diarios nuevos, los kioscos de diarios son un sindicato fuertísimo. Quizás por ahí vino la decisión de saltar el charco de pasar al papel. A nosotros digitalmente nos fue muy bien, logramos instalar el nombre, instalarnos en el circuito, que nos conozcan… Yo creo que esta es una revista viable en Argentina, no sé si lo sería en otros lados.

http://www.livingjazz.net/
http://www.livingjazz.com.ar/