Con un registro erudito, la más reciente novela del escritor, editor y periodista retrata la historia de amor entre un meteorólogo y su esposa, relación que acaso encuentra eco en el matrimonio de los padres de aquél.
Por Esteban Vera
Buenos Aires, diciembre 27 (Agencia NAN-2010).- La construcción de una genealogía –o de una historia– requiere recorridos ejemplares. La novela Precipitaciones aisladas (Entropía), del escritor, editor y periodista Sebastián Martínez Daniell (1971), no es la excepción. La historia, una de amor, narrada en primera persona y con un registro formal, erudito, opuesto al coloquial dominante en las letras emergentes, tiene lugar en un archipiélago ficticio ubicada en el océano Atlántico –tal vez frente a Francia, pero cerca de África y de los gélidos países escandinavos– llamado Carasia. Precisamente, es uno de los puntos fuertes de este libro.
Allí, el protagonista, Napoleón Toole, un meteorólogo melancólico que tiene alucinaciones con su tocayo pretérito Bonaparte (quien le trae sus “sus preocupaciones de ultratumba”), viaja a un pueblo costero del sur del país para tratar de comprender su fallida relación con su mujer, Vera Pym. Justamente, su relación con esa mujer atraviesa toda la novela. Una mujer calificada de “metódica”. “Vera es tramposa. Nos atrae, nos adula, nos envenena, nos abandona”, arremete el narrador, desengañado.
El relato se mueve del presente al pasado y viceversa para narrar la relación de Napoleón con Vera Pym, pero también con su jardín, habitado por hormigas (el narrador construye una analogía entre esos insectos y él). Pero sobre todo el relato se enfoca en la noche que conoció a su mujer. Como un egiptólogo, se remonta a su historia pasada. Incluso a su prehistoria, cuando niño, en la casa de sus padres, el matrimonio de sus creadores para tratar de entender desde esa pareja su relación amorosa y conflictiva con su mujer. El movimiento implica, en cierta forma, el itinerario que recorre un personaje para acceder a una verdad, por más escurridiza y volátil que sea.
En su reconstrucción genealógica, el narrador también reflexiona sobre la relación del hombre con el clima y el hábitat. Las cavilaciones del protagonista también alcanzan a la barbarie de la especialización del modo de producción: “La especialización del trabajo nos vuelve cada día un poco menos curioso”, cuestiona Napoleón Toole. Esas observaciones son alternadas por discusiones sobre las guerras europeas del siglo XIX.
En esencia, con un manejo virtuoso de la prosa, los recursos literarios, enciclopédicos y populares, Precipitaciones aisladas narra una historia de amor. Se trata de una novela narrada que juega al escamoteo y a los aludidos. De todos modos, la premisa del libro es más atractiva que el resultado.
