El festival de Esteban Echeverría lleva ya una década reuniendo artistas de la zona. Danza, literatura, teatro, plástica, dibujo conviven en él. Noelia Leiva, impulsora de la propuesta, cuenta que antes los chicos no tenían un espacio para expresarse y ser tomados con seriedad. “No éramos considerados artistas como los adultos. Esa ausencia quiso llenar Arte Joven.”Por Facundo Gari
Fotografía gentileza de AJ
Buenos Aires, octubre 22 (Agencia NAN-2010).- Artístico, creativo, libre, divertido, desestructurado, inclusivo y multidisciplinario, enumera Noelia Leiva las características de Arte Joven (AJ), cuya décima edición arrancó el sábado pasado pero tendrá su cúspide mañana desde las 17 en el Cine Monte Grande (Mariano Acosta 58, Esteban Echeverría). La de la creadora del festival es una definición orgánica por cuanto esas propiedades tributan a un “espacio” también plurimodal, en el que convergen música, danza, literatura, fotografía, dibujo, pintura y teatro, por nombrar sólo algunas de las disciplinas que abarca. Sin embargo, no son ni su qué ni su cómo las aristas más distintivas de esta empresa independiente, que Leiva ideó cuando tenía apenas doce años: las producciones que se mostrarán fueron realizadas por artistas sub-21, mayoritariamente de la comuna donde la jarana juega de local desde hace diez años pero también de otros puntos cardinales, como Lomas de Zamora, Lanús, Almirante Brown y la Ciudad de Buenos Aires.
Según reseña la además periodista y escritora, AJ arrancó en 2001 “como un festival que sólo reunía a artistas que vivieran en Esteban Echeverría y se dedicaran a la música, la danza, la literatura y las artes plásticas”. Dos años tardó en sumar “artistas invitados” que viajaban desde otros distritos del conurbano bonaerense, y además la edad de participación se extendió de 18 a 21 y las obras teatrales se incorporaron al cronograma, así como para la edición de mañana se prendieron las acrobacias en tela sobre el escenario, la fotografía y “un primer acercamiento al cine, con una suerte de docu sobre los objetivos del festi y las actividades previas”, cuenta Leiva en diálogo con Agencia NAN.
Esas “actividades previas” fueron las que coparon las callecitas sureñas hace casi una semana. “Para festejar nuestra década había que salir del teatro, ir a buscar a las personas: el sábado pasado estuvimos en la plaza Grigera, de Lomas de Zamora, con el grupo de percusión Guariló y Milagros Bonato, una muchacha que hizo swing; y el domingo fuimos a la plaza que se encuentra sobre la calle Evita, en El Jagüel, con globos, hojas, lápices y crayones para invitar a los chicos y las chicas del barrio a dibujar al aire libre”, detalla. Además, AJ ofrece una exposición de artistas plásticos y fotógrafos en la Asociación Italiana (Irigoyen 187, Monte Grande) que mañana se trasladará al Cine Monte Grande como antesala del escenario principal.
— ¿Qué la motivó a crear y sostener el festival durante diez años?
— La sensación que tenía era que a los niños y las niñas que participábamos en los espacios artísticos que había en el distrito no éramos considerados sujetos y artistas a la altura de los adultos. Éramos algo así como presencias simpáticas, agradables, pero aún por “completar”. Sin duda éramos sujetos en construcción, como creo que es cada persona siempre, pero nada justificaba que no tuviéramos un ámbito para ejercer la palabra desde nuestra calidad de chicos y adolescentes. Esa “ausencia” quiso ser llenada con Arte Joven.
— ¿Cuáles son los impedimentos con los cuales suelen chocar los jóvenes artistas?
— Creo que, si bien depende de las disciplinas –por ejemplo, la música, y sobre todo el rock, tiene mucha impronta juvenil–, sobrevuela el preconcepto de que si sos joven primero tenés que contemplar el recorrido de quienes te anteceden para luego avanzar. De a poco, la creciente movilización y construcción de proyectos autogestionados en manos de gente joven va cambiando esa mirada, va abriendo puertas a espacios de participación más amplias en el campo artístico.
— ¿Qué construcción de sentido cree que prima sobre la juventud?
— Hay lugares de prejuicio a vencer. La palabra, la opinión, la proyección de la identidad de las personas jóvenes son menos valiosas por tener menos edad y supuestamente menos camino recorrido. Muchas de las personas que hacemos AJ creemos que todos tienen los mismos derechos y deben tener el mismo acceso a las oportunidades, de modo que la visibilización de su tarea artística debe ser tanto para una institución privada que viene desde el centro de Lomas de Zamora como para un ballet que ensaya en El Jagüel o en Las Colinas y que diseña su vestuario con lo que cada uno tiene en casa. Todo es testimonio de su realidad, sin olvidar que esos chicos y chicas tienen derecho a jugar, recrearse, expresarse; derecho que tantos no pueden cumplir aún. El arte también es un llamado a hacer, a cambiar su identidad.
— En declaraciones anteriores, menciona una “esencia de niños”. ¿En qué consiste?
— Es la posibilidad de “ser” desestructuradamente, de jugar, de expresar. Una “esencia” colorida aunque no por eso naïf. Con predisposición a la construcción de fantasía, de mundos propios, de magia, aunque no por eso condenados a ser separados de las decisiones que los atañe. Personas con voz, como todas, que deben ser oídas y valoradas.
— ¿Y qué tienen los pibes para decir?
— El Festi tiene el objetivo de generar un espacio de expresión para las nuevas generaciones. Entonces deberían ser ellos y ellas los que cuenten qué es lo que vienen a decir, porque justamente no queremos hablar de ellos sino que ellos hablen de sí, de su barrio. En primer término, la amplitud de convocatoria permite abrir una ventana a esos espacios de acción artística para dar cuenta de la variedad de ideas. Creo que tienen ganas de decir “presente” a veces desde el desarrollo de una “carrera”, otras desde la recreación inmediata.
— De fondo, hay otra problemática que tiene que ver con los espacios que “homologan” al arte. ¿Por qué no hay dibujos de un niño en una galería del “circuito adulto”?
— Porque la niñez es una “simple complejidad” no siempre valorada; de hecho, en general, subestimada. La sinceridad y la expresión, sin filtros convencionales que escondan los recorridos emocionales, abren el juego, interpelan. Tal vez es más fácil reducir el circuito artístico, sobre todo el que tiene fines de lucro, a pautas establecidas y conocidas que atreverse a jugar y a descubrir que, aunque la capacitación técnica puede abrir el juego a nuevas construcciones, el inicio de todo puede ser más diverso y creativo si va de la mano de ese mundo infantil, que también puede sostenerse a lo largo de los años.
— Si el término “joven” puede ser a veces difuso, el “arte” siempre lo es. ¿Cómo lo define?
— Arte es un camino que a veces se busca y otras aparece con cada quien. Puede ser una invitación a decir, a cambiar lo establecido por las convenciones de los colores, los sonidos, las palabras, las formas. Y en ese recorrido a modificar, a crear de nuevo, también es un camino favorable para defender la equidad del acceso a la palabra y a los derechos de las personas.
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