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¡Legalizenla!.-

El documental TEMPO: sistematizando el hecho cultural traza desde el teatro de títeres una radiografía clave de la (no) regulación de la cultura en los países latinoamericanos y además saca a relucir la necesidad de una democratización del arte que permita a sus productores crear y desarrollarse. “La concreción del film es un ejemplo para concebir a la cultura y al arte como servicios públicos, que son tan o más importantes que la educación”, afirma Andrés Cedrón, uno de sus realizadores.

Por Paula Sabatés
Fotografía gentileza de Matías Cibanik

“Para el artista, la cultura es un servicio.
Para el gobierno, la cultura es una obligación.
Para el pueblo, la cultura es un derecho.”
[TEMPO]

Buenos Aires, agosto 18 (Agencia NAN-2010).- Según la Real Academia Española, “cultura” significa, entre otras cosas, el conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico e industrial en una época y grupo social. Se sabe de todos modos que la expresión moderna ha rebalsado esa categoría y que se perfila más bien como la representación totalitaria del modo de vida de un pueblo como productor de manifestaciones espontáneas o no, de las que se alimenta permanentemente. Sin embargo, no existe en ningún país de América latina una ley de cultura que obligue a los Estados a garantizar el reconocimiento de los derechos culturales, asegurando que los artistas puedan expresarse, actuar, crear y afirmar su propio desarrollo. En esta lucha, TEMPO: sistematizando el hecho cultural, documental rodado durante el Festival Internacional de Títeres Comunitario 2009 y que tomó como ejemplo el trabajo que realiza el Teatro Estable de Muñecos del Estado de Portuguesa (TEMPO), en Venezuela, tiene como objetivo central exponer la necesidad urgente de una democratización de la cultura.

El TEMPO es el teatro de títeres más importante de Latinoamérica y desarrolla, desde 1980, una estructura de trabajo y acción cultural efectiva que permite que el gremio de titiriteros pueda crecer, hacerse firme y mantener una actividad constante. Con sólo dos planteles estables para hacer quinientas funciones en un año, y dirigido por el gran maestro argentino Eduardo Di Mauro (84), esta embajada de los títeres trabaja constantemente para que se puedan establecer normas y condiciones que regulen y permitan brindar un servicio cultural permanente. “La concreción del TEMPO es un ejemplo para concebir a la cultura y el arte como servicio público, que es tan o más importante que la educación”, afirma en diálogo con Agencia NAN Andrés Cedrón, uno de los dos directores del cortometraje, que está en vías de comercialización. “Quisimos dignificar el camino de Eduardo Di Mauro en toda esta lucha, y también el de la profesión titiritera, que está tan dejada de lado en toda América latina”, completa Matías Cibanik, el otro realizador, orgulloso nieto del “maestro de los títeres”.

Di Mauro, también fundador del teatro, que tiene como característica principal ser itinerante, recorrió gran parte de Argentina (allí creó los primeros circuitos de títeres durante la última dictadura militar), Chile, Uruguay y Bolivia junto a su hermano Héctor, difundiendo la mágica experiencia del teatro de títeres. A partir de su obligado exilio durante los ’70, encontró en Venezuela el lugar en donde poder crear un teatro estable y acercarse así a una sistematización de las funciones: su búsqueda consiste en llegar a un sistema que permita la regularización del hecho cultural, que llegue a los ciudadanos de forma gratuita, obligatoria y sistemática. TEMPO: sistematizando el hecho cultural” reafirma ese querer y muestra, como ningún otro documento audiovisual producido hasta hora en materia de títeres, la verdadera situación de los artistas. “Las imágenes de las sonrisas y en el aprendizaje de los niños durante las funciones de titiriteros latinoamericanos y españoles que se unieron a esta causa ayudan a comprender la importancia de esta experiencia”, dice Cedrón.

Pese a los esfuerzos del TEMPO, y al aporte documental de los jóvenes directores, Cibanik cuenta que la situación del titiritero “no cambió nada” desde que se filmó el material y que los artistas “siguen siempre en la lucha por conseguir dinero para tener una vida digna”. De todos modos, afirma que “en Argentina hay un movimiento de títeres interesante y una mayor posibilidad de vivir de ellos que en otros sitios”. Cedrón reafirma esta postura y sostiene que “la situación cultural en Argentina es un poco distinta, algo aún más preservada y atendida, pero no porque haya decisión política sino porque está impulsada casi por inercia a partir de un cierto gusto hereditario por las artes que subsisten”. Si nos remitimos a hechos concretos, el Teatro San Martín de Buenos Aires es una de las dos únicas instituciones/escuelas estables de titiriteros que hay desde México hasta Argentina (la otra es el TEMPO, claro), que obligan a los artistas del cono sur a trasladarse constantemente hasta allí para perfeccionar su oficio. De todos modos, “al igual que el resto de los países latinoamericanos, Argentina es parte de un mismo proceso de dominación cultural del cual debemos estar dispuestos a liberarnos”, retruca Cedrón.

“El teatro es revolucionario porque sensibiliza. Los títeres también; son una representación irónica del ser humano, una crítica constante; son ideología, teatro de protesta”, dice Cibanik, que sostiene que “los artistas deberían ser servidores públicos, empleados de un Estado que les demande una cantidad determinada de funciones y talleres por año y los retribuya por eso”. “El sistema cultural ideal sería el que permitiera la participación de todos y todas, y que tenga un claro sentido público, para que la vocación de uno sea volcada a la sociedad y no al dinero”, concluye Cedrón. Mirando el vaso medio vacío, las estadísticas que sostienen que sólo un diez por mil de la población de América latina tiene acceso a la cultura parecerían ser irremontables. Con una mirada más optimistam, en cambio, se puede llegar a pensar que la ley de cultura está cada vez más cerca, que la integración latinoamericana facilitará esa lucha profunda y que una vez que salga en alguno de los países, en el resto será cuestión de horas. Los directores de TEMPO: sistematizando el hecho cultural apuestan a eso y siguen a la espera de la democratización.