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Movida para preservar al Tita.-

El histórico complejo dedicado a la exhibición de films nacionales e independientes cerró sus puertas hace casi un mes, situación que intenta revertir un petitorio que ya firmaron 2 mil personas. Se espera que el Tita Merello, antiguo espacio Incaa, no corra la misma suerte que otras salas de similares fines, que acabaron como bingos o playas de estacionamiento.

Por Rocío Ilama
Fotografía gentileza de Yanaina Giurastante

Buenos Aires, julio 28 (Agencia NAN-2010).- ¿Qué le tendrá preparado el destino al Complejo de cines Tita Merello? Sus gigantes pantallas, encendidas durante años para la exhibición de películas nacionales e independientes, fueron apagadas en forma definitiva hace menos de treinta días, aunque se intenta que no sea para siempre. Alrededor de dos mil personas firmaron un petitorio que fue presentado el miércoles 21 de julio ante la Legislatura porteña para que el Tita Merello, ex cine Suipacha, ubicado en esa misma calle en pleno centro porteño, no ceda su espacio a favor del surgimiento de quien sabe qué emprendimiento o negocio. Es que los antecedentes demuestran que la suerte, por lo general, no estuvo del lado de la cultura cinematográfica en la ciudad de Buenos Aires, donde varias salas de cines tradicionales quedaron en el pasado para dar paso a proyectos de distinta naturaleza como bingos, playas de estacionamiento o algún otro tipo de comercio. “Las autoridades locales son las que tiene la capacidad de declarar la sala de utilidad pública y definir el modo para resguardarla, mediante el sistema de expropiación o de contrato administrativo”, asegura a Agencia NAN José Miguel Onaindia, ex presidente del Incaa y uno de los propulsores del petitorio.

A metros de la calle Corrientes, exactamente sobre Suipacha 442, se erige el Complejo Tita Merello, “el primer cine en Buenos Aires dedicado a la exhibición de películas argentinas, y su existencia permitió que películas independientes pudieran sostenerse en cartelera y llegar a mayores cantidades de público”, indica el blog (noalcierredeltitamerello.blogspot.com) que invita a firmar el petitorio para que el cine siga contando historias como desde 1997.

El Tita es una propiedad privada que estuvo alquilada por el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (Incaa) desde ese mismo año, y se encargó de la programación y administración de las tres salas por más de doce. En diciembre del año pasado el Instituto rescindió su contrato con los dueños de la propiedad, al parecer, una familia de apellido Suñé, que tiene más de 70 pantallas en todo el país. Pese a que dejó de funcionar como espacio Incaa en 2009, el cine siguió brindando funciones –programadas por los propios dueños– hasta el 1 de julio, cuando sus propietarios cerraron definitivamente sus puertas. “No entiendo muy bien cuál fue el criterio de la actual gestión del Incaa para no renovar, pero intuyo que pudo haber sido por una cuestión económica, lo mismo que pudo haber sido lo que impulsó al privado a cerrar” la actividad, se anima a disparar como una de las posibles causas, Fernando Madedo, profesor de cine del Instituto de Universitario Nacional del Arte (IUNA) y de la UBA.

Madedo y Onaindia fueron los que, como cabeza de la iniciativa, elevaron un petitorio el miércoles 21 julio a la Legislatura porteña para que “mediante el sistema de expropiación o de contrato administrativo, ceda su uso a una entidad no gubernamental con destino a la proyección de cine argentino independiente y extranjero que no es programado en las salas comerciales”, se detalla en el blog sobre el proyecto. Además, el documento busca que “se otorguen partidas para su renovación mobiliaria y tecnológica”. Asimismo, que se “adopten las medidas de seguridad y control que acompañan en todas las ciudades modernas y democráticas decisiones de preservación de espacios culturales de esta naturaleza”, se incluye en la página.

La idea del rescate del Tita llegó a los vecinos a través de la redes sociales, poderosos medios de difusión de llegada masiva e instantánea. Madedo y Onaindia subieron la iniciativa al blog y crearon un grupo de Facebook, “No al cierre del Tita Merello”, que a poco más de veinte días de su apertura logró captar la adhesión de alrededor de 5 mil seguidores. Más allá de los casi dos mil firmantes del petitorio, las adhesiones a través del blog también se siguen sumando. “Las redes sociales funcionaron como una herramienta muy importante para que la gente participe y se involucre”, asegura Madedo.

Este histórico cine “no sólo tenía un valor trascendental como espacio Incaa, sino que el edificio es portador de un valor arquitectónico y cultural muy importante, y por eso debe ser preservado tanto el inmueble como su destino”, resalta Onaindia. El edificio fue construido en la década de 1930 por el arquitecto Andrés Kálnay, artífice de otras tantas edificaciones emblemáticas de la ciudad de Buenos Aires, como la Cervecería Munich. Debido a su riqueza edilicia y como patrimonio cultural, el cierre de este simbólico complejo cinematográfico “atenta contra nuestra cultura”, sostiene el profesor de cine.

Para las salas que no pertenecen al circuito multipantalla, como el Tita, “es muy compleja la supervivencia, por todo lo que implica el sostenimiento de un lugar como éste: condiciones específicas y sus costos, la puesta en marcha de tecnología para exhibir cine tal como están acostumbrados hoy los espectadores. Además, se debe tener en cuenta que los hábitos sociales han cambiado”, expone el ex funcionario del Incaa. Justamente en estos casos, “es el Estado el que debe, si está interesado, intervenir a través de políticas públicas que garanticen la supervivencia de estos espacios culturales”.

La movida ciudadana que pretende la intervención de la Legislatura tiene por objetivo preservar al Tita para que no corra la misma y lamentable suerte que corrieron otras de las históricas salas porteñas. Es que este espacio cultural “era una de las pocas salas que se habían salvaguardado, porque todas las que estaban sobre la calle Suipacha y algunas significativas sobre Lavalle, que formaron parte de un importante circuito de exhibición hasta la década de 1980, han desaparecido», subraya Onaindia. «En el lugar del Cinema Uno hoy funciona un bingo, en el Cine Ideal se proyectan películas pornográficas, y el Cine Ambrassador se transformó en una tienda”, enumera. Incluso, “los cines de barrio se ha cerrado casi en su totalidad”.

Para Madedo, “el antecedente más claro” de estas transformaciones culturales, es lo que sucedió con el teatro Odeón, ubicado en Esmeralda y Corrientes. En él “se realizó el 18 de julio de 1896 la primera exhibición cinematográfica del país. En 1991 se procedió a su demolición, violando, de esta forma, la ley 14800 que concierta que si se demuele una sala se debe construir otra. Hoy en su lugar existe una playa de estacionamiento”, relató. Al caminar por Lavalle o Suipacha se encuentran distintas “placas que dan cuenta de que anteriormente algunos lugares eran salas cinematográficas, como si fuera un cementerio de cines”, grafica el profesor.

Aunque las luces de las pantallas del Tita Merello hoy permanecen apagadas, en su interior el movimiento todavía existe. Walter, que trabajó en el lugar por casi una década, sigue asistiendo para cumplir con su jornada laboral, pese a que el cine no abre sus puertas. De la misma forma lo hacen los demás empleados, alrededor de trece entre acomodadores, boleteros, operadores y la gente de maestranza. Su situación es incierta: “nadie nos dice nada”, comenta Walter. Sin rodeos pero con cautela, afirma que “el Incaa hizo contrato con otra sala en el (barrio) de Constitución”. Se refiere al cine Arte Cinema, ubicado sobre Salta, que hace un mes y medio se convirtió en un nuevo espacio Incaa.

El movimiento que mantiene aún con vida al Tita Merello, también está por fuera. Los vecinos, los seguidores de Facebook y todos los que firmaron (y los que firmarán) el petitorio aguardan la resolución de las autoridades porteñas. Mientras tanto, a través de la web intercambian propuestas sobre los pasos a seguir para no perder otro espacio que pertenece a la cultura.