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Lucila Quieto: «Siempre estoy reconstruyendo la historia que me generó».-

Con esa frase, la artista y ex militante de H.I.J.O.S. explica el nombre de su flamante muestra en el Espacio Cultural Nuestros Hijos: Re-construcción. Quieto utiliza diversas técnicas (fotografía, collage, tránsfer y papel glasé) para rearmar su historia y La Historia. En esta exposición aparecen El Cordobazo, un personaje legendario de Oesterheld y la última dictadura militar.

Por Ailín Bullentini
Fotografía gentileza de Lucila Quieto

Buenos Aires, julio 9 (Agencia NAN – 2010).- Es fotógrafa. Le gustan las artes plásticas; siempre tuvo contacto con ellas. Tiene a su viejo desaparecido y una obsesión: re-construir historias. Un poco de todo eso puso Lucila Quieto, artista, ex militante de H.I.J.O.S –dejó de serlo en 2001– y trabajadora en el área de fotografía del Archivo Nacional de la Memoria, para armar Re-Construcción, su nueva muestra, que vestirá dos paredes del Espacio Cultural Nuestros Hijos (EcuNHi, Avenida del Libertador 8465) hasta el 4 de septiembre.

Antes de la charla con Lucila, es necesario ofrecer al lector una serie de detalles acerca de la muestra, que en realidad son dos, cada una compuesta de cuatro trabajos. Las láminas monocromáticas que componen El Sargento Kirk y El Cordobazo están realizadas en base a las técnicas de foto collage y el tránsfer, y mezclan escenas de esa historia de Héctor Oesterheld, de la protesta que trabajadores y estudiantes impulsaron en las ciudades más importantes de Córdoba en 1969 y paisajes de un fotógrafo. Las otras cuatro piezas están unificadas en la técnica de papel glasé picado a punzón con la que la artista redimensionó imágenes de la época de la última dictadura militar rescatadas del archivo fotográfico de la Policía Federal con el que la vida la cruzó, casi por casualidad.

— ¿Qué le encontró en común a la historia del Sargento Kirk y el Cordobazo?
— Los crucé desde lo discursivo de sus escenas. Es una muestra que armé en 2007, cuando me convocaron para participar de un homenaje a Oesterheld que se iba a hacer el el Museo de Arte y Memoria de La Plata. Me encantó la propuesta porque me gustaba el desafío planteado ya que me gusta mucho el escritor y no sólo por El Eternauta. El tipo hizo muchísimas cosas súper interesantes. Él era interesante. Cómo escribía, cómo pensaba. Por ese entonces había terminado de leer la historia del Sargento Kirk, un relato fascinante por el hilo conductor, los personajes, los paisajes, lo que planteaba. Quería hacer algo con esa historia.

Otro detalle antes de seguir: Sargento Kirk es una de las historietas más famosas de Oesterheld. Surgió en 1953, en el número 225 de la revista Misterix. El relato se encarnaba en los dibujos de Hugo Pratt y así tomaba vida Kirk, un desertor de las milicias estadounidenses que, asqueado de matanzas inútiles, reniega de su pasado como milico y se une a los indígenas yanquis.

“Por otro lado, había una imagen del Cordobazo que me había impactado mucho. Es una que muestra a la (Policía) Montada queriéndose acercar a la gente en una plaza, sin poder hacerlo. Se ve a esa gente tirarle piedras, echándolos. Ese gesto de los caballos de los canas frenando y retrocediendo me parecía muy impactante visualmente. Me quedó muy presente. Ahí fue que crucé al Sargento con un milico que se pasa del lado del pueblo y el Cordobazo.”

— ¿Y el trabajo con papel glasé?
— Ese proyecto empezó hace un año. Bah, no. En realidad empezó hace mucho más, cuando entré a trabajar en la fototeca de Argra, mientras ordenaba una serie de sobres con fotos del diario La razón. El diario había tirado todo su archivo fotográfico a la calle, y lo encontró un alumno de la escuela de fotografía. Entre esos sobres había unos con fotos de la Policía Federal de la época de la dictadura. “Terrorismo”, “Subversión”, “Argentina ’76”, “Terroristas”, decían esos sobres. Eran fotos que la Policía sacaba durante allanamientos que hacía por orden de los milicos, de gente detenida, golpeada, con los datos de nombre, apellido, alias y a qué organización pertenecía. O planos de casas, imprentas clandestinas de organizaciones. Un material increíble que los chabones entraban, registraban con la cámara y mandaban a los diarios junto con gacetillas en las que decían qué tenía que aparecer en la nota. Esas fotos siempre me quedaron en la cabeza, hasta que un día me decidí, fotocopié las que más me llamaban la atención y me las llevé. Algo tenía que hacer con ellas. Y las intervine con pedacitos de papel glasé y punzón.

La reconstrucción de una ausencia

Para entender por qué la artista bautizó la exhibición de sus dos trabajos bajo el nombre de Re-Construcción, hay que indagar en el peso que la fotografía, base de ambos conjuntos de obras, tiene en el proceso de –valga la redundancia–, reconstrucción que Quieto llevó a cabo de su propia historia.

“Desde chica la foto fue la manera de construir una imagen de mi historia familiar, de mis padres, de mis tíos. La historia de mi infancia. La foto estuvo muy presente en mi búsqueda y en el armado de mi historia. A través de la foto yo iba viendo la vida de mi padre hasta su desaparición, que sucedió cuando mi mamá estaba embarazada de mí. De ahí, las obsesiones. Estuve muy obsesionada con conseguir imágenes nuevas de mi papá, porque su imagen siempre me faltó, ya sea alguna de mis viejos juntos, o de mi papá conmigo. Después esa obsesión se trasladó a mi propia vida. Y me obstiné en registrar determinados momentos míos. En mi casa había una cámara de fotos que casi ni se usaba, pero ya desde chica jugaba con ella. A los once tuve una mía, y la llevaba a todos lados. La idea del registro fotográfico siempre fue poder mostrarle a mis hijos cómo era mi vida en determinados momentos.»

— Sin embargo, el arte que explota no es la fotografía en sí, porque ésta no es una muestra fotográfica.
— No, pero está basada completamente en la fotografía. Siempre estuve relacionada con las artes plásticas, visuales; desde chica. Y después cuando terminé las secundaria me puse a estudiar fotografía. Me interesaba estudiar la técnica. Ahí empecé a laburar definitivamente con la creación de imágenes, que fue siempre la manera en la que yo creía que podía contar una idea. A la técnica fotográfica la empecé a mezclar con conocimientos que yo traía de otros lados y que fui adquiriendo con el tiempo. Empecé a mezclar plástica con la fotografía, a trabajar con fotocopias de fotos y ampliaciones. Las pegaba, les pegaba cosas arriba o las dibujaba, las hacía tránsfer. Armaba collages. La base siempre fue la foto, como registro de una realidad para de ahí armar una ficción.

— ¿Cómo estas dos muestras se unen al concepto de “reconstrucción” de tu historia?
— Yo siempre estoy reconstruyéndome, reconstruyendo la historia que me generó. La marca de la desaparición es algo tan inexplicable, tan fuerte, que uno siempre está buscando nuevos datos, nuevos relatos, nuevas piezas para seguir armando el rompecabezas. Yo me aferré a la imagen porque fue algo que me faltó de mi papá, y que siempre agrandó el vacío que ya de por sí existía por su ausencia física. Sin embargo, Re-construcción no está basado en eso principalmente. No es sólo la reconstrucción de mi historia, sino la de determinados hechos o momentos. O es la construcción que yo puedo hacer de un momento histórico. Es mi relato. Es lo que me sale contar, lo que quiero contar, desde la imagen.

— En el caso de las fotos intervenidas con papel, ¿cómo sería eso?
— Esas imágenes era muy pesadas, muy fuertes. Y la técnica del papel glasé, muy infantil. Cruzándolas a las dos también estaba cruzando dos partes de mi vida. Esa imagen que estaba ahí había sucedido durante mi infancia y era lo que me había marcado para siempre, emocionalmente, generacionalmente. Intervenirlas con el papel y el punzón era como generar un retroceso hacia mi infancia. Además, la idea también fue poner en contraste el laburo de a pasitos mínimos que requiere la técnica y la enormidad de las imágenes agigantadas, a lo que por metonimia muestran: todo un pedazo de historia mía, del país.

— ¿Y en el caso del Sargento Kirk?
— A partir de las fotocopias de escenas de la historieta y de esa imagen del Cordobazo, de tránsfer de collage, construyo una realidad fantasiosa entre una historieta que habla de un personaje determinado, sus compañeros de aventuras, un territorio y la convivencia entre diferentes pueblos y el ejército, por un lado, y la posibilidad de que Kirk hubiera estado luchando en El Cordobazo junto a los estudiantes y obreros de Córdoba.