Por Luis Paz
Diseño de Daniel Villalba y fotografía gentileza de Fantasma
Buenos Aires, mayo 28 (Agencia NAN-2010).- “En la villa, todos los que hacen algún tipo de arte, sin saber que lo es, trabajan en cumpleaños de 15. Las bandas de rock, de cumbia, los fotógrafos y diseñadores. Todos ganan más laburando en cumpleaños de 15 que haciendo un circuito artístico”, explica este fenómeno cultural, social y económico el VJ Martín Borini, miembro del colectivo audiovisual Fantasma, o bien una banda de cumbia villera o bien un proyecto incluso más integrador. Su gira Magic Cumbia Tour, una maratón de shows para mostrar su reciente debut Fantasma City, hará base en esos escenarios: “El circuito de los 15”, bautiza Borini. “Tocamos en clubes, salones, casas, lugares donde hay cumpleaños o aniversarios”, amplía Martín Roisi, productor musical del grupo que inicia hoy su gira en Niceto (Niceto Vega 5510) a la 1.
“Tener Fantasma City en la mano es cerrar un ciclo. Ahora viene el momento de mostrarlo”, pone el ancla Mr. Negro, pirotécnico cantante y compulsivo saludador en escena. La primera iniciativa fue iluminada: decidieron vender, durante una semana, su disco por Facebook a solo 10 pesos. No sólo recuperaron la mitad de la inversión, también mostraron otras posibilidades de las redes sociales de contacto virtual, aparte de la organización de rateadas. Pero Facebook no existía en 2001, al comenzar a delinear lo que sería Fantasma. “De la crisis de 2001 salió la inspiración para tocar cumbia. Fue para amoldarnos a esos tiempos”, admite Roisi, también creador de los tours turísticos por las villas.
De lo que se trata la cumbiaCuando la mesera del bar de comida peruana Chabuca Granda, ubicado frente al shopping del Abasto, se acerca a dejar el libro de actas para que los de esta mesa anoten sus comentarios, se sorprende por el grabador. “Ah, ¿una entrevista? ¿Y ustedes qué son?”, les consulta. Mr. Negro explica que músicos. “¿De rock?”, sigue la amable mesera. “No, de cumbia villera”, especifica Roisi. “Ah, no parecen”, marca ella. Y él mira al cronista con gesto de “¿Viste? De eso se trata”.
“Escuchábamos cumbia antes, nos gusta mucho la cumbia amazónica de los ’60 y ’70, y teníamos un grupo de rock tropical. Pero era rock con batería, tenía otro funcionamiento a nivel música y a nivel actitud. En la cumbia hay obreros. Y en el rock, vagos”, saca chispas Roisi. ¿Cómo es esa diferencia? “Los cumbieros que conocí, en su mayoría son albañiles y músicos de oído, no hay tipos que hayan ido a estudiar música. El rockero está en la estratósfera. A diferencia, estos pibes laburan desde otro lugar, más humilde, y se ve reflejado en la música. No existe el que toca más o menos. Los que tocan, tocan muy bien. Si no, no tocan”, va describiendo la lógica villera, primero musical, luego estética, con la salvedad de referirse a artistas “de verdad” y no a las bandas de casting que adornan el único programa del género en la televisión abierta. El VJ se suma: “No hay técnicas en el arte villero, sólo una escuela del sentir, muy familiar, visual y del entorno, del ahora”.
–¿Cómo fue la entrada a esa estética tan nueva y, como bien dicen, tan del ahora? Hoy se sabe qué es la cumbia villera, pero en 2001…Roisi: –Claro, no era cool como ahora. En los ’90 me cruzaba con gente de clase media y les tenía que explicar a uno por uno qué era la cumbia, que no había una sola. Después de la crisis y del programa de los sábados de canal 2, tal vez ya saben. Pero igual hay que explicar que de lo que sucede ahí, el 90 por ciento son bandas de casting, pero hay artistas de cumbia grosos como La Nueva Luna. En cambio, a la gente de la villa no tuvimos que explicarle nada. Fuimos y aprendimos a tocarla. Si les gusta lo que escuchan, la bailan. Y si no, se van.
En el género existen diferentes tipos. Colombiana, santafesina, amazónica, guaracha, chamamé, romántica, testimonial, villera. Cada una con sus ramificaciones. “La cumbia no es una sola, son miles de situaciones, de ficciones y de testimonios. Y la nuestra es mágica”, cataloga Roisi. Que los pibes escuchan las bandas del momento y las que oyen sus padres, también explican. Y que, habitualmente, disfrutan de más de un tipo de cumbia. “En la villa, en los barrios, en la clase media y en la adinerada se escucha cumbia. El problema es unirlos, pero es un problema de públicos”, señalan a coro.
–El pibe que los va a ver a una fiesta de 15, ¿va a Niceto?
Roisi: –No por las suyas. Hay pibes que no conocen el Obelisco y viven en Lugano, a kilómetros. Conocidos que no saben leer y no pueden tomar un colectivo o ubicar una calle. Hemos puesto micros y ha sido una experiencia increíble para ellos, pero es jodido por el dinero.
Borini: –Todo el mundo escucha cumbia y lo he hablado con gente en ArteBA, en la Creamfields, donde a veces trabajo en producciones de puestas, aunque no entiendo qué pasa en la electrónica, y todos lo bailan. Que no se mezclen es un problema social y hay gente que utiliza esa división para hacer un manejo político o para montarse un negocio con eso, como lo que pasó con lo de las tribus urbanas.
Roisi: –Además, el argentino cree que sabe de todo, pero no sabe nada de cumbia. Lo que saben es lo de canal 2, pero no más. Entonces no distinguen y creen que todo es una mierda. Lo entiendo, porque ponés ese programa y es puro casting, pero creo que se trata de ignorancia y que no se dan la posibilidad de conocer, le tienen miedo.
–¿A qué? ¿Por qué?
Roisi: –Prendés la tele y no hay pibes de la villa haciendo murales o tocando, hay pibes fumando base o choreando, todo lo terrible. La gente cree que la villa es eso. Y no. Incluso si lo fuera, eso tiene una artística también. Nosotros estamos detrás de esas artísticas, en un trabajo de producción cultural. No juzgo al chorro ni al pibe que fuma base. En la villa cada uno hace su movida, y yo sólo los miro.
La artística de lo villeroRoisi miente. No sólo miran. Son los impulsores del proyecto Odisea 20, un muy valioso espacio de producción cultural en la villa 20, que ha logrado incluir una galería con talleres de artes plásticas para niños y adultos, un cine, una editorial, un sello de música, un club social y una productora de cine y televisión. El objetivo es ofrecer una plataforma artística para los habitantes de La 20. Todo es hecho exclusivamente por ellos, sin llamarse a sí mismos artistas. “La gente participa de los talleres y se apropia de los proyectos. Si nos surge una idea, se la llevamos, pero son ellos los que se la apropian cuando aportan su imaginario”, cede Mr. Negro. “El que dibuja muy bien en la villa, no sabe que es artista, labura de otra cosa y no pretende ir a cursos de dibujo. Pero si alguien le pide uno, lo hace”, lanza Roisi. –¿Cómo es la artística de lo villero?
Borini: –Es una artística de lo común. Un arte pop bien argentino donde están Gilda, Mickey, Campanita, el Gauchito Gil y Justice, lo más cool del momento y la pura tradición, como un Disney mágico. –Pero entre el Gauchito Gil, San La Muerte y Mickey hay distancia…
Borini: –Con el Gauchito no se jode, es de lo primero que aprendés. El que se hace un tatuaje del Gauchito es porque prometió algo, no es como ponerse una remera con la banana de Warhol para que te la vean. –Una estética muy visual e instantánea se explica, en parte, por lo que citaban del analfabetismo y la falta de información no visual.
Borini: –Agarran lo que está dando vuelta y lo usan. No hay tanto filtro, si les funciona bien, lo usan. Es algo muy visual, muy pop.
Ahora es Rosy, “la RRPP de Chabuca”, la que interrumpe para dejar un ejemplar de una revista de la comunidad y su tarjeta. “Rosy Suárez, locutora”, precisa el cartoncito. Sobre el borde inferior, una onda radiofónica en forma de ola. A la derecha, bien esquinada, una torre Eiffel. Inmediatamente el productor señala: “¿Ves? Es eso de lo que hablamos”. Le pregunta a Rosy por el origen del diseño. “Ah, lo hizo mi sobrino, le pedí algo que dé la idea de radio y usó la torre Eiffel como si fuera la torre de una radio. Es chico, tiene 17”, excusa. “Es un genio”, le celebra Roisi. A su lado, Borini asiente y retoma: “Es la estética Disney, los ‘90 en una licuadora con lo más de onda de 2010. Y eso es Fantasma también. Es algo mágico, como Disney on Ice. Cuando cruzamos mails con ideas de temas o visuales, los comentarios son ‘metele más Mirlos’, ‘ponele más brillantina de Campanita’. Así es la representación en la villa”.
La gran novela villera–En lo social, ¿funciona esa misma lógica que en el arte?
Borini: –Hay construcciones muy fuertes de los ideales del mundo perfecto, sobre la existencia del Príncipe Azul, todo es de novela.
Roisi: –Y venganzas novelescas, algunas jodidas, como “te voy a hacer papá garrón” o el “pata de lana” que se coge a la que está “con el bombo”. Es real, eso sucede, los “patas de lana” andan a full y se cuelan por todos los techos. La villa es una gran novela de cogidas.
–Por cierto, ¿acuerdan con que la cumbia villera es misógina?
Roisi: –El rock es misógino, el pop es misógino, la cumbia es misógina y las chicas lo aprueban, no todas, pero hay muchas a las que cuanto más turro sos, más les gusta. Funciona de esa manera, no lo juzgo. Está ahí, existe, es de esas cosas socialmente autolegitimadas.
Mr. Negro: –Nosotros, en Fantasma, desde un lugar de juego tocamos esos temas. Pero desde el cliché: decir “mueve el culo, mami” es una cosa, pero no tenemos un desprecio hacia la mujer.
Uno de esos clichés relacionados con las chicas son las bailarinas del susodicho programa de canal 2. Fantasma tiene a Fantasy para el baile, al Negro para el agite y a los Martín para videos y sonidos. Llegarán hoy a Niceto plenos de energía: en las villas, el locro se extendió desde el viernes 21 hasta este 28, durante las 24 horas. “Hay mucho patriotismo y mucha tradición en la villa también”, remarcan. También solidaridad. Cualquiera de ellos puede dar fe de que visitar una casa humilde es visitar una forma del compartir inexistente en otro ámbito: “Te dan el último plato de comida y te dejan su cama”, asegura Roisi.
Lo mismo pasa en los bailes que se arman en clubes y salones de la villa. De repente, el baile se corta y sirven una cena. El productor recuerda haber disfrutado fideos retobados, al dente y pasados. “Cuando quise aprender a tocar cumbia, fui a bailantas de jueves a domingo y anotaba todo. Flasheaba porque los grupos no prueban sonido como en el rock, que van cuatro horas antes a pegarle a un redoblante. Después vi que todo era por línea, que no había micrófonos y no había batería sino octapad, afinado siempre y con un bombo que te destroza”, figura.
–Otra vez esa política de lo instantáneo…
Roisi: –Muy punk en un sentido. Toda esa época de 2001, la crisis y el surgimiento de la cumbia villera fue como estar en Londres en el ’77. Ibas a un cumpleaños y tocaba Pibes Chorros y no sabías dónde estabas. Era algo demasiado moderno e increíble, con audio perfecto, un tema atrás de otro, chau y la gente descontrolada bailando. Todo un negocio surgió montado alrededor: pagando 10 pesos te sacás una foto con tu ídolo y si te gusta le das un beso en la boca. Hay un montón de servicios y de producción asociados. Vas a bailantas de Constitución y hay 70 tipos de seguridad, nunca va a pasar lo de Cromañón porque es todo pro. Hay una radio adentro del boliche. Se mueve muchísima plata.
–Pero esa plata no va a los artistas…
Roisi: Por supuesto, va a parar al dueño de la bailanta. Además, no hay casi artistas con derechos de autor. Mucha cumbia villera está escrita por productores que hacen castings y contratan a bandas pero se quedan toda la ganancia, o que los hacen tocar temas viejos, de Leo Dan, de Dyango. Ponen mucha guita en difusión para que su grupo de moda suene en todos lados, toda la semana. A la otra, ya desapareció.
Como la luz en el bar Chabuca. Saltó la térmica. Sólo queda un discreto tubo de emergencia, justo sobre la mesa. “Qué bueno, no hay tele”, celebra Borini. “Es que la gente que mira tele, sobre todo ahora, está cada vez más cerca del fachismo”. Sin luz, como en la villa, al parecer el embrujo de la caja boba desaparece. “Sabés que en los ’70, la gente de Lugano fue testigo de muchos fusilamientos. Pero no tenían televisores y no les llegaban noticias. Pensaban que se trataba de asesinatos a sangre fría de chorros, ni sabían que había una dictadura”, revela Roisi.
–Sobre estéticas pop, televisores, policía represora y la villa, ¿qué opinan de Policías en acción?Roisi: –Es raro lo que pasa con ese programa, porque tiene una bajada de línea muy tendenciosa, pero le va muy bien. ¿Por qué? Tal vez sea el morbo de la clase media. En capital, están todos en sus casas, encerrados mirando la tele. Pero en las villas todo está ahí afuera, se ve todo, las piñas, los bailes, la droga y el choreo, y también el arte, los murales villeros. Pero eso nadie lo muestra, obviamente.
Borini: –Igual, lo de Fantasma va por el lado de la diversión, de pasarla bien. No hacemos bandera, no atacamos ni defendemos a nadie.
Roisi: –Lo nuestro en Fantasma es un trabajo artístico. Nuestras opiniones sociales y el laburo que hacemos en las villas no aparecen en el disco. El laburo que hacemos con la música es dar diversión.
*Fantasma comienza su gira Magic Cumbia Tour esta noche, desde la 1 en Niceto Club (Niceto Vega 5510, Palermo, Ciudad de Buenos Aires).
Sitio de Fantasma:
http://www.fantasmax.com/MySpace de Fantasma: http://www.myspace.com/fantasmax
Sitio de Odisea 20: http://www.odisea20.com/