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Gloria al cine en las alturas.-

A partir del impulso de un pibe de 16 años, los vecinos de los barrios porteños de Villa Devoto y Villa Pueyrredón se unieron para recuperar el cine teatro Aconcagua, emblema cultural de la zona durante los ’80. Luego de un intersticio como templo evangelista, la organización vecinal logró tener de vuelta la sala del ahora cine teatro 25 de Mayo. Pero van por más: ya tienen seis mil firmas que avalan las ganas de convertirlo en el Centro Cultural 25 de Mayo.

Por Ailín Bullentini
Fotografía gentileza del Cine-Teatro Aconcagua

Buenos Aires, abril 14 (Agencia NAN-2010).- Por su gigantez, la primera familia propietaria lo llamó Aconcagua. “No existía en el barrio un edificio tan grande. Era gigante. Y el nombre encajaba perfecto”, rememoró Antonio Patti, que era un veinteañero cuando, en noviembre de 1945, el cine teatro ubicado entre los barrios porteños de Villa Devoto y Villa Pueyrredón ofreció su primer “continuado”. A 65 años, y tras haberse disfrazado de Iglesia evangelista durante la primera década del nuevo siglo, el espacio permanece cerrado. Pero no solo. Un grupo de vecinos recogió casi seis mil firmas, diseñó un proyecto y aguarda a que el Gobierno de la ciudad los ayude en la recuperación del edificio para que sus 1200 butacas vuelvan a ocuparse y la gran pantalla refracte imágenes de películas y documentales.

La idea de reabrir el Aconcagua nació de Román Bonanni, de 16 años, cuando los gerenciadores de una rama de la religión evangelista decidieron cerrar el templo que mantuvieron en funcionamiento durante los últimos ocho años en el edificio de Mosconi 3360. “Eso le despertó la duda. Y se acercó al centro de jubilados Juvenilia, que reúne a abuelos y abuelas de todo el barrio, para plantear sus dudas y compartir sus ganas. Nos entusiasmó a todos. Los chicos de su edad no visitaron nunca el cine, pero nosotros sí. Y era una muy linda idea volver a tenerlo de nuevo en el barrio”, remarcó Aldo Paz, fundador del centro.

Así, hace casi medio año, Román y sus amigos, junto a Aldo y sus compañeros de tardes en el centro, pusieron manos a la obra y comenzaron a andar “el camino de la recuperación”, un sendero que emprendieron con éxito los vecinos que lucharon por la reapertura del hoy teatro 25 de Mayo; y que continuaron los habitantes de Mataderos, para proteger el cine El Plata.

El primer paso de los de Pueyrredón y Devoto fue, paradójicamente, la llegada a destino: “Ubicar una mesita y unas sillas en la puerta del cine, todos los días, para contarles a los vecinos nuestras ganas, para contagiarlos y sumarlos al proyecto”, continuó Paz. Sobre aquella mesa, las planillas que abogan por “la reapertura del Cine Teatro Aconcagua” comenzaron a llenarse de firmas de adhesión que, hasta hoy, alcanzan las seis mil.

No obstante, la consigna que distribuyen por las calles no se agota en la reapertura del cine. Las asambleas que llevaron a cabo fueron el terreno ideal donde germinó un proyecto más ambicioso: “Devolverle al barrio la vida cultural que antes tenía. Queremos asegurarnos como vecinos un espacio donde el arte y la cultura propia se respire, todo el tiempo y donde tengamos voz y voto”, reveló el presidente de Juvenilia. Así, el documento que acompañará a las firmas en la presentación ante la Legislatura porteña, y que aún cuenta con detalles a culminar –lo pulirán en la próxima reunión, el jueves–, propone ampliar la propuesta del cine hasta convertirla en un “centro cultural donde la comunidad pueda expresarse artísticamente, acceder a conocimientos y ofertas relacionadas con la cultura y el arte, a precios accesibles“, concluyó, además de exigir la participación de una comisión vecinal en la administración del mentado espacio.

“El Aconcagua”, como es conocido en Villa Pueyrredón, funcionó como cine hasta los últimos meses de la década del 80. La familia Patti apostó al proyecto cuando el espacio aún estaba desierto, en los medianos cuarenta. Allí, el padre de la familia, dedicado a la construcción, se entusiasmó con la idea de levantar un cine en el barrio, atraído por las historias de un viejo cinéfilo amigo. “La plata alcanzó para el edificio, pero no para amoblarlo. Por eso mi padre vendió el 50 por ciento a Argentina Sonofilm, que se hizo cargo de ponerlo a punto para su estreno”, relató Antonio, que trabajó como boletero durante los primeros meses de películas.

La familia vendió su parte a mediados del 46, pero las butacas del Aconcagua continuaron siendo ocupadas durante cuatro décadas, en continuados de tres películas de estreno o especiales de Luis Sandrini, Niní Marshall o Libertad Lamarque. “Solían venir 800 personas por turno –dos turnos por día–, y durante las ‘jornadas de mujeres‘, cuando el precio era más barato y se ofrecían comedias, la sala se llenaba”, rememoró Patti. El primer golpe lo recibió, como todos los cines, con la aparición de la “bendita televisión”. Sin embargo, las manos que lo regentearon como cine fueron varias, hasta que a finales de los 80, y tras el cierre de sus puertas, las tardes de película de Mosconi al 3300 dejaron de existir.

Las grandes cadenas de cine y sus “supuestas mejores comodidades“, sus interminables tarros de pochochos; en fin, “la globalización, que llegó a los cines –opinó Paz–, mató a al Aconcagua”, que permaneció en silencio durante más de una década. Despertó iniciado el Siglo XXI, cuando se convirtió en uno de tantísimos templos de la Iglesia Universal de los evangelistas brasileros. Ocho años después, muchos de los vecinos que ocuparon sus butacas, y otros que quieren hacerlo por primera vez, quieren decidir su destino.

“A partir de la inquietud de Román comenzamos a investigar. Sabemos que la dueña es una mujer, pero no sus intenciones. Rumores, escuchamos miles, y tememos que quieran demoler el edificio y levantar torres de departamentos”, sostuvo el hombre de 63 años que, como sus compañeros de lucha, no se rinde. El reclamo de los vecinos hizo eco en los despachos de la Comisión de Planificación Urbana de la Legislatura de la ciudad. Su presidenta, Silvana Pedreira, presentó una medida cautelar para “proteger el espacio“, que según el documento debe ser destinado sólo a disciplinas artísticas: “La preservación de espacios culturales barriales es importante porque atañe a la preservación de una identidad que de otra manera se pierde. Lugares como El Aconcagua o el Cine Rivadavia, también en proceso de recuperación por los vecinos, abrazan emociones, alegrías y vivencias de los barrios, por lo que son sustanciales a la construcción de su propia identidad”, explicó a Agencia NAN la legisladora por el Frente para la Victoria.

No obstante, la presentación de la medida cautelar no significa que el lugar esté inmunizado contra cualquier otra intención que provenga desde afuera del área artística, ya que aún aguarda ser tratada en comisiones, para recién llegar al recinto. “Está en el inicio del proceso. Aún falta un largo camino”, remarcó Pedreira. En tanto, los vecinos continúan su propio sendero. El sábado 24 realizarán un festival frente al cine, del que participarán conjuntos musicales y teatrales de Villa Devoto, Villa Pueyrredón y barrios aledaños. “Si somos muchos, vamos a tener que cortar la calle. Es un corte, por una apertura. Queremos al cine, nada más”, apostó Paz.