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Entrelíneas: el arte de la «In-Comunicación».-

Fundamentalmente a través de la danza, pero también de la música y la animación, el colectivo que empezó a emerger hace tres años “habla” de la “no comunicación”: una máxima de la actualidad que se trasluce en toda una serie de situaciones cotidianas que dejan al descubierto la “falta de conexión” entre las personas. Las brechas, las condiciones y las desigualdades son algunas de las temáticas que eligen poner en escena desde el colectivo que, en una charla con Agencia NAN, deja reflejado su trabajo.

Por Ailín Bullentini
Fotografía gentileza de Entrelíneas

Buenos Aires, febrero 25 (Agencia NAN-2010).- Aseguran que cada elemento que conforma su espacio escénico habla de lo mismo. Pero el verbo “hablar” se golpea de frente con su objeto, que es a la vez el eje central de In-Comunicación –el espectáculo que nació de ellos–, y “a la vez uno y miles porque nunca es el mismo”, apunta Laura Feijoó. Ella es bailarina y una de las tres fundadoras de Entrelíneas, un colectivo artístico que reúne la danza, la música y la animación en cada una de sus construcciones. Suena contradictorio que la puesta “hable”, justamente, de la no comunicación; pero es así: “La obra es una constante de situaciones cotidianas en las que la violencia de la incomunicación se hace protagonista: en la calle, la tele, el subte. En la vida. Buscamos trasladar las vivencias de esa falta de conexión entre las personas al espacio escénico”, continúa su compañera, Alina Marinelli, que también baila. Ambas coinciden con Georgina Forconesi, su otra colega, en recalcar que su trabajo sobre el suelo artístico –que es el que pisan los niños en una plaza, el de varios centros culturales o la calle– no es mera mimesis, sino más bien una construcción discursiva que chorrea sentido. Ese que emana Entrelíneas desde su propia “manera de hacer arte”.

Laura es porteña, Alina llegó desde Hurlingham. Y Georgina, la tercera en sumarse al núcleo iniciático del colectivo, cambió su San Nicolás natal, de la provincia de Buenos Aires, por la urbe porteña para estudiar el arte que practica desde que tiene memoria: danza. Y aclararlo a esta altura ya es obvio, es uno de sus puntos en común. Sin embargo, niegan que sea el elemento que amalgame cada pedazo del colectivo –y por pedazo entiéndase artistas, objetos, sonidos e incluso teoría–. “El espacio escénico –quiebra Laura– nos abraza y lo abraza a todo”. Luces, vestuario, sonidos, animación, músicos, bailarines, escenografía. Todo es en In-Comunicación pero también en el grupo pedazo de la obra, pedazo de su esencia. Todo habla. “Nos atraviesa la visión social del arte”, concluye.

— ¿Cómo es eso?
Laura Feijoó: — No están dadas las condiciones para que el arte por el arte mismo se dé. Son circunstancias que conllevan un montón de condicionamientos, tanto al acceso como a su producción. Consideramos al arte desde el centro mismo de esos condicionamientos. No estamos en contra de los teatros: si nos invitan a bailar al San Martín, vamos a ir. Pero no son lugares que el grupo elija. Sí elegimos los espacios públicos, no convencionales, porque son a los que tienen mayor acceso, y porque, además, eso habla: es una forma de decir que no nos queda mucha opción.

Como está a la vista, es una “decisión política”, asegura Alina. Como lo fue, también, tirarse el lance para participar del próximo Festival Internacional de Danza de Cuba Habana Vieja: Ciudad en Movimiento, que tendrá lugar del 7 al 11 de abril. Allí presentarán la obra “Nervio”, un solo de danza contemporánea interpretado por Feijóo. En Argentina, en plazas, centros culturales, veredas y hasta la propia calle son cinco los bailarines que “se suben” a cada escenario improvisado para poner en funcionamiento la comunicación de la no-comunicación, o –mejor llamarlo por su nombre– In-Comunicación, el espectáculo que arman, desarman y rearman desde que se independizaron y nacieron como colectivo.

Todos esos artes se entremezclan en el espectáculo, se combinan para construir el mensaje: “In-Comunicaición está hecha de nuestra vivencias –abre el juego Laura–. Son miles las situaciones que a diario, en la calle, el subte y la tele presenciamos, en las no hay comunicación entre los individuos. Y eso es tremendamente violento. Que un nene esté pidiendo una moneda en la calle y que la gente que pasa por su lado ni lo mire, lo invisibilice por completo; eso es violento”. In-Comunicación es el traslado de todas esas situaciones al espacio escénico. “Al fin y al cabo, la obra termina reflejando el núcleo ideológico del grupo, las interminables desigualdades en las condiciones de acceso a ciertos bienes, productos, derechos”, concluyó la bailarina.

Se conocieron hace tres años en una mutual cooperativa del barrio porteño de Mataderos, en donde Feijóo era la encargada de formar un cuerpo de danza que lo representara. Las otras dos olfatearon y se plegaron, aunque “el proyecto de la mutual se cayó rápido. Y con él, la mutual. Así que decidimos abrirnos”, recordó Marinelli. El espacio ya no estaba, pero las ganas seguían fluyendo por sus venas: ganas de bailar, de investigar, de conocerse, de crear juntas. Las convicciones, también, sugiere Forconesi: “Siempre fue bastante clara la orientación de nuestra búsqueda: la de un trabajo influenciado por lo social, lo cotidiano y las falencias de las que esos ámbitos están llenos”.

Básicamente, lo que siempre tuvieron en claro es qué clase de arte querían hacer con sus dones, esos que llevan en la sangre y les permite, según ellas, “quebrar todo parámetro”. Laura piensa un momento. Es que eso de tenerlo venas adentro le provoca, muchas veces, la imposibilidad de acomodar las ideas para expresar en palabras lo que significa. “El cuerpo está totalmente educado para hacer movimientos mecánicos, para cumplir determinadas funciones durante el día, para ser percha de otras cuestiones. La danza rompe con eso: con el espacio, con el tiempo y el uso cotidiano del cuerpo”. Queda claro. Y no queda ni pizca de lugar para las dudas si se las ve bailar.

Sin un lugar fijo, lo primero que hicieron “en ese punto de inicio, esa especie de precipicio que es todo comienzo”, fue definir las temáticas que iban a ser ejes de su arte y de cada paso que dieran como grupo. “No fue casual. Queríamos hablar de la falta de comunicación y de la amplia brecha que separa a la sociedad según las condiciones de acceso a todo”. El segundo paso fue definir cómo decirlo. “Y ahí sí, nos surgió nuestra base: el movimiento”, culminó Feijóo, bailarina que hace no mucho tiempo decidió “largar todo a la mierda” para animarse a vivir de lo que ama. Hoy sobrevive dando clases de entrenamiento en danza contemporánea en centros culturales.

Entrelíneas no sigue un estilo específico de danza. Ni de música. Mucho menos de animación. “In-Comunicación tiene partes de lo que cada uno de los integrantes del colectivo trajo y trae”, señala Alina. “Somos muchos, cada uno de orígenes artísticos diversos. Es imposible, como grupo, cerrarse a los aportes que cada uno trae. No se podría llevar nunca a la práctica en la construcción colectiva”, agrega Georgina. Es que a ellas tres, con el tiempo se sumaron dos bailarines más, un cuerpo de músicos –“artistas amigos que hacen músicas con elementos-no-instrumentos”– y una animadora encargada de los audiovisuales que se proyectan en sus espectáculos. Cada uno de ellos pone un poco de su esencia, en el versátil cuerpo del grupo Entrelíneas.

Blog: http://grupoentrelineas.blogspot.com/