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“La investigación es aún el momento más pleno”

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Lo dice Nelly Scarpitto, directora de la compañía teatral El Nudo, que cumple quince años y lo celebra con “Hay que esconder el elefante”, un espectáculo infantil. Fotografía: gentileza de El Nudo

Por Soledad Arréguez Manozzo
s.arreguez@gmail.com

¿Por qué hay que seguir escondiendo al elefante? Parece inevitable que ciertos interrogantes conduzcan al punto de inicio, vuelvan las miradas a los comienzos y sean un motivo más de reencuentro. La compañía teatral El Nudo cumple quince años sobre el escenario de la mano de los títeres, esos objetos a los que saben dotar de vida para crear historias mágicas tanto para los chicos como para los adultos. De la mano de Felipe, animal protagonista de Hay que esconder el elefante, el elenco celebra más de una década ofreciendo espectáculos que tratan con respeto a los más pequeños, historias atractivas y calidad artística. “Nos pareció interesante volver al inicio, que de alguna manera te da la posibilidad de pensarte, de parar a ver qué pasó. ¿Seguimos? Sí. Es como un festejo: no somos los mismos”, reflexiona Nelly Scarpitto, directora de la compañía, en diálogo con NaN.

Las pulguitas anaranjadas saltan bajo las luces de la sala del Centro Cultural de la Cooperación, donde hace diez años El Nudo presentó por primera vez una pieza. Los chicos siguen atentos a los animales que se mueven de punta a punta por el lugar. A pesar de la oscuridad, uno puede sentirse en la selva. De a poco, los espectadores se adentran en la historia, que sin artilugios más que los movimientos de los objetos puede hacer viajar. La travesía comienza cuando uno deja de verse en la sala para vivir la historia. Unos cazadores llegan para romper con la cotidianidad de esa comunidad. Los animales de toda la selva buscan varias soluciones al problema hasta que descubren, después de pasar por una infinidad de situaciones disparatadas, que la mejor salida es enfrentarlo todos juntos. Con guiños para los adultos, esta historia de solidaridad atrapa a los chicos, que desde sus butacas también quieren dejar su huella en la misión de salvar a Felipe. Los gritos de socorro generan un diálogo entre esos dos mundos, que en realidad acerca unos a otros, ya que todos buscan defender un lugar común, aquel que los define, el de su identidad.

No es casual que la compañía formada por Mariana Trajtenberg, Daniel Scarpitto, Claudia Villalba y Telma Skocznadek haya optado montar esta obra, el primer espectáculo para niños del grupo, en un año tan particular. La historia de Felipe, el elefante que es perseguido por dos inexpertos cazadores, puede contar mucho sobre el trabajo de una década. Es una historia de compañerismo y trabajo en equipo que representa, según cuenta Scarpitto, la esencia del grupo, que desde 1998 focaliza su trabajo en la investigación y producción de la poética del objeto.

Con un lenguaje claro, la historia de Laura Monti plantea sin vueltas un tema tan simple y complejo como el de la solidaridad, la identidad y la pertenencia a una comunidad. La pieza, con una estética cuidada y títeres diseñados para atraer a los más chicos, transmite mensajes sobre los valores. “Imaginamos que para un gran número de nuestros espectadores ésta será su primera experiencia teatral. Nos interesa y moviliza la posibilidad de acompañarlos en el tránsito por el mundo cultural que empiezan a atravesar. Nuestro deseo es invitarlos a conocer y compartir el ritual del teatro”, asegura Nelly.

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“Los padres cada vez tienen más conciencia de la necesidad de que los chicos entren en el ámbito cultural a través del cine, la literatura, el teatro o los títeres”, dicen.

¿Qué balance hace de estos años de trabajo en equipo?
Empezamos a trabajar juntos cuando salimos del taller del Teatro San Martín (N. de la R.: Taller Escuela de Titiriteros Ariel Bufano). Después del estudio intensivo, necesitamos tiempo para bajar las ideas y absorber el bagaje de conocimientos. El primer año y medio nos dedicamos a la investigación del lenguaje del objeto. Luego vinieron las producciones y los viajes. Lo interesante es que después de quince años seguimos teniendo la misma esencia. El momento de la investigación es en el que más plenos nos sentimos: probamos todas las técnicas más las que inventamos. Somos un grupo de investigación, ése sigue siendo un punto de encuentro.

¿Se plantearon cómo hacer títeres para chicos en un mundo tan interactivo?
El concepto de infancia hoy no es el mismo que hace 50 años. Los padres cada vez tienen más conciencia de la necesidad de que los chicos entren en el ámbito cultural a través del cine, la literatura, el teatro o los títeres. Lo cultural es el anclaje a tierra en un mundo virtual. Tengo una visión positiva de las nuevas tecnologías, sin embargo. El teatro no va a desaparecer. En la escuela los chicos están con la computadora y después juegan con el elástico. No hay nada que prive que los chicos vean una película en su computadora, vayan al teatro y jueguen a la pelota en el parque. Todo esto genera un adulto que después puede decidir.

¿Por qué muchos chicos eligen los títeres a los videojuegos?
No sabría decirte por qué funciona pero considero que se le empezó a dar otra valoración a partir de que Ariel Bufano creó la Escuela de Titiriteros, en los ‘60. Hasta ese momento era un arte de los caminos. De la plaza subió al escenario y tomó otro valor. Empezó a haber un público habitué de títeres. Los padres deciden llevar a los chicos porque consideran que es una puerta de entrada al mundo cultural.

Con la experiencia de Un tigre en el gallinero, El señor Nicodemo, Un hipo desafinado y Un ovillo con pelusa, ¿consideran que hay temáticas específicas para tratar en obras infantiles?
Hay distintas teorías sobre este punto. Coincidimos en que no hay temas para grandes o para chicos. Uno puede tocar cualquier tema. Sí creemos que hay diferentes tratamientos. Somos conscientes de eso y no lo perdemos de vista. Nos enfocamos en títeres para los más chiquitos. Tratamos de conectarnos con ellos desde la acción, la puesta, la estética, la música, las texturas, la paleta de colores. Tratamos de usar esos elementos que permiten conectar mejor con ese chico que te está mirando. Por más pequeños que sean, captan lo que está pasando.

¿Por qué eligieron volver con Hay que esconder el elefante?
La historia del elefante tiene que ver con nosotros. Para poder estar quince años juntos tuvimos que absorber todo lo que nos pasó como grupo en la vida. El conflicto de uno es el de todos. La comunidad se junta para ver cómo ayudar al elefante. Después de diez años, hay cazadores que se quieren llevar al elefante. Siempre habrá cazadores. Siempre hay alguien que te quiere pinchar el globo. Cuando hicimos la obra, nos preguntamos qué hacer con el final, cómo generar una situación que logre sacarse de encima a los cazadores sin que sea un acto de maldad. La mejor manera de alejarse del mal es caminando hacia el bien.

¿Qué diferencia a El Nudo de otras compañías?
No tenemos una estética definida. Vemos con qué técnica nos conviene contar la historia. Nos caracterizamos por la terminación de los objetos. Cuidamos el detalle. No usamos música de acompañamiento sino que tratamos que la música cuente. Los titiriteros creamos mundos y los manipulamos. El actor pone su cuerpo, está frente al público y actúa. El titiritero es casi su propio director: estás manipulando y todo el tiempo podés corregir. Somos actores que nos expresamos a través de un objeto. Y ésa es una sensación fascinante.

* Hay que esconder al elefante se presenta sábados y domingos a las 16 en el Centro Cultural de la Cooperación (Av. Corrientes 1543, Ciudad de Buenos Aires).