
Por Ailín Bullentini
“Yo quiero una ley nacional de danza.” El pedido que se replicó en voces de hombres y mujeres de diferentes partes del país, intérpretes de los estilos más variados, reconocidos referentes de la capa mainstream de esta disciplina o luchadores de su ebullición subterránea; bailarines y bailarinas, pero también actores y actrices, coreógrafos y funcionarios, es el slogan pero también el eje más genuino de un movimiento que hace un lustro brega por eso mismo: una ley nacional de danza.
Hoy, en el día nacional de ese arte, un grupo de representantes del cada vez más numeroso colectivo que le da vida presentó en el Senado de la Nación un proyecto de ley, el segundo desde que comenzó a soñar una nueva realidad. Acompañaron con su firma un puñado de diputados y senadores de diferentes bloques, quienes se comprometieron a “trabajar” en su tratamiento. Alrededor de dos mil personas celebraron en la Plaza de los Dos Congresos —y otras tantas lo hicieron en plazas y espacios libres de todo el país— como mejor saben: bailando.
Por ser las encargadas de la redacción del proyecto de ley que llega al Congreso por segunda vez, las bailarinas y coreógrafas Mariela Ruggeri, Eugenia Schvartzman y la gestora cultural —y ex asesora de la Comisión de Cultura de la Cámara de Diputados— Noel Sbodio fueron los cuerpos bailantes en la presentación de hoy en el salón Arturo Illia del Senado de la Nación. “La cultura es un derecho de todos y es el Estado quien debe fomentar y proteger a sus hacedores”, arengó Schvartzman y así ubicó en el ambiente uno de los porqués principales que fundamentan la conversión en ley de la iniciativa presentada. “Somos hacedores de cultura, somos productores de sentido”, completó.
El proyecto fue elaborado por el Movimiento por la Ley Nacional de Danza, un gran —cada vez más “gran”— colectivo integrado por colegas de las tres mujeres, además de estudiantes, docentes, críticos, investigadores y espectadores de diferentes partes del país. “Esta ley es federal y participativa”, insistieron esta mañana frente al micrófono durante su presentación para ratificar algo que decidieron mostrar al inicio del acto a través de un audiovisual que reunió los apoyos y pedidos de “Yo quiero una ley nacional de danza” coreografiados e interpretados por hombres y mujeres de diferentes partes del país. Hombres y mujeres se filmaron bailando en sus distintivos rincones geográficos en reclamo de una norma que los represente, pedido que compartieron algunos figurones de la disciplina, como los bailarines Maximiliano Guerra, Julio Bocca, Laura Fidalgo, Mora Godoy y Patricia Baca Urquiza, los coreógrafos Lino Patalano y Mauricio Wainrot, y afines como los actores Ricardo Darín y Julio Chávez.
La “militancia bailada” proyectada a comienzos del acto se replicó todo el día en plazas y espacios abiertos de toda la Argentina, en donde cada pedacito de la comunidad nacional de la danza le puso vida y contenido al acto burocrático. Los zapateos de los bailarines de flamenco, que intervinieron por unos minutos la explanada del Parlamento, funcionaron de música de fondo de lo que ocurrió en la escondida sala Arturo Illia del Senado. Más tarde, las inmediaciones de la Plaza de los Dos Congresos fueron sala de ensayo de clases magistrales de danza contemporánea, jazz, danzas urbanas y locales. Entre las 16 y las 18, un sin fin de ballets oficiales se adueñaron del escenario preparado específicamente para la ocasión. La celebración culminó con cientos de almas poniéndole el cuerpo a la coreografía multitudinaria (flashmob) elaborada por Laura Roatta.
La iniciativa ingresó hoy al Senado con las firmas de los diputados Víctor De Gennaro (Unión Popular), Juan Carlos Junio (Nuevo Encuentro), Rubén Giustiniani (Socialismo), Gustavo Martínez Campos (Frente para la Victoria) y Miguel Del Sel (PRO), y los senadores Fernando Solanas (Unen) y Alfredo Martínez (UCR). Es un texto diferente al presentado en septiembre de 2012, que permaneció en Diputados sin ser jamás debatido y perdió estado parlamentario. Podría decirse que la iniciativa actual es hija del último cimbronazo que recibió el sector: la casi ausencia de obras de danza en la última edición del Festival Internacional de Buenos Aires. La discusión sobre qué hacer al respecto puso en carne viva los problemas de siempre: falta de políticas, circuito poco visible, precarización laboral.

Ruggeri, Scvartzman y Sbodio resumieron ante un auditorio mayoritariamente integrado por “grandes maestros” —legendarios coreógrafos y bailarines que se sumaron al frente al momento de las firmas protocolares de los legisladores— los ejes principales de este nuevo documento, que aprendió de leyes hermanas, como la de la música, la del cine o la del teatro:
– La creación del Instituto Federal de la Danza (IFDA), encargado de “llevar adelante políticas de fomento e integración” dedicados a los diferentes estilos de la disciplina en todo el territorio nacional, detalló Schvartzman. La institución contará con sedes provinciales y municipales. A través del IFDA y sus sedes, cada gobierno destinará recursos para asegurar espacios de circulación cultural federal y apuntalar la producción de obras y de proyectos de investigación. La creatividad a disposición de las necesidades del sector logró que la iniciativa contemplara la creación de un Observatorio, destinado a “analizar” para “generar” políticas futuras; y de un Archivo Nacional de la Danza. No existe en la actualidad un organismo que reúna en sí mismo las políticas públicas destinadas al sector, que por otro lado son escasas y difusas. Los proyectos que surgen en la zona metropolitana, tan sólo por focalizar en un sector del territorio nacional a modo de ejemplo, deben pugnar por subsidios de Prodanza (Ciudad de Buenos Aires) y del Fondo Metropolitano de las Artes.
– El reconocimiento de los integrantes del universo de la danza como trabajadores, “status que hoy no tienen”, remarcó Sbodio. De aprobarse, será la primera normativa que considere, con fuerza de ley, “trabajadores de la danza a aquellos que tengan relación directa con el público en función de una manifestación de danza (intérpretes)” y también a los “que tengan relación directa con la actividad, aunque no con el público (coreógrafos, directores, docentes, ensayadores, investigadores, gestores, productores, críticos)”.
– Tales cuestiones aportarán sustentabilidad a la actividad. Según Ruggeri: “En este momento somos autogestores y estamos sujetos a políticas eventuales. Es el momento de que esto empiece a cambiar”. “Se trata de un rol fundamental del Estado”, sumó Schvarztman.
De a uno, los legisladores fueron sumando sus firmas al documento. Antes, las referentes del movimiento leyeron otro texto en el que el colectivo en pleno solicitaba a todo el cuerpo parlamentario que se comprometiera con el tratamiento y aprobación de la ley. “Ningún bloque de este Congreso puede decirle que no a un proyecto como éste”, inauguró la lapicera De Gennaro, quien además saludó a la comunidad de la danza por “dar una lección muy importante: construir legislación popular”. En esa línea habló Junio: “Este Congreso se carga de sentido cuando son los propios protagonistas los que luchan por sus derechos”. Luego comprometió su mandato a impulsar el proyecto. Giustiniani agradeció al colectivo por permitirle “disfrutar de esta maravillosa cultura” y sumó el “compromiso del socialismo” al proyecto de ley. Para Solanas, la ley es “una deuda”. De estreno en su rol legislativo, Del Sel fue fiel a su estilo: “Esto sale como por un tubo”.