
Por Matías Córdoba
“Hijos del aburrimiento y la resaca dominguera”, tal como se definen a través de su sitio de Internet, los Buenos Muchachos son una de las bandas uruguayas más importantes de los últimos veinte años (nacieron al amanecer de los ‘90). Navegan libremente los mares del circuito under y mainstream de Montevideo, suelen compartir fechas con La Vela Puerca o La Hermana Menor y, en un giro inaudito, llegaron a tocar en el histórico Teatro Solís de la capital uruguaya, algo así como el Teatro Colón en Buenos Aires.
Describir el sonido de Buenos Muchachos es como encontrarle respuesta a un acertijo indescifrable. Pedro Dalton, su cantante, además de ser un letrista excepcional, es un cantante huidizo, conectado directamente con Tom Waits pero también con el suburbio barrial de una ciudad latinoamericana, con todo lo que eso implica en cuanto a géneros musicales. Su voz es como el crepitar de la leña o el sonido que puede llegar a salir de una caverna. Pero cuando NaN le pide una descripción de su cualidad vocal, Dalton responde “etílica”, sin vacilar.
Él es músico, poeta, actor, dibujante. Tiene construida alrededor de su figura la imagen de artista de culto y misterioso, que en algunas oportunidades trató de derribar. Con Buenos Muchachos se sienten locales, ya que esta escena independiente los cobijó en cada una de sus visitas. Suelen aparecer por lo menos una vez por año en la Argentina. Y con doble presentación, mañana y pasado, Buenos Muchachos debutará en el Festipulenta (volúmen 21), en el Centro Cultural Zaguán Sur (Moreno, 2320), esta vez acompañados de Tulús, El Perrodiablo, Tick Topper y El Festival de los Viajes, entre otros. Antes de vernirse, desde Montevideo, Dalton responde algunas preguntas de este sitio.
—¿Qué significa para vos la música, el rock en sí mismo? ¿Y qué significa en tu vida Buenos Muchachos?
—Con la música conocí la forma más rápida y contundente de llegar a emocionarme. La música me mueve el cuerpo a través del alma. Entonces, Buenos Muchachos es mi alma.
—Con la banda tuviste la oportunidad de tocar en el Teatro Solís, que es de esa clase de lugares donde el rock no circula con frecuencia. ¿Creés que su show ahí tuvo que ver con lo inclasificable que es Buenos Muchachos debido a su exploración sonora?
—Nos han clasificado como banda de culto, y para mí está bien. Somos experimentales y tenemos un set tan variado de canciones como para sentirnos tan cómodos en el Solís como en Bluzz Live (un reducto de Montevideo similar a los que se encuentran en el circuito under de Buenos Aires, como El Especial, por ejemplo).
—¿Cómo fueron tus inicios en la música y el momento en que dejaste de ser un escucha y asistir a recitales para pasar a ser un músico, un autor? ¿Recordás cuál fue el momento revelador?
—Lo recuerdo perfecto. Fue en mi primer ensayo con mis amigos de Neanderthal. Ellos tocaban hacía años y yo era un admirador de lo que hacían, y en una sala de ensayo pequeña donde colgaba del techo una luz azul, mi voz salía a través de un equipo casero que tenía un reverb gigante que sonaba como una caverna. En una de las zapadas me salieron unos aullidos que me erizaron el cerebro casi hasta las lágrimas. Nunca había tenido tal emoción y desde ese momento hasta hoy es lo que busco lograr cuando canto.

—Es su primera vez en el Festipulenta. ¿Qué opinión tenés acerca del festival y de las bandas que tocan allí según lo que pudiste leer o escuchar?
—José Nozar, baterista de Buenos Muchachos, es también baterista de La Hermana Menor y tuvo el placer de vivir el festival. Cuando volvió a Uruguay y nos encontramos en el ensayo, nos habló muy emocionado de lo bien que lo pasó en el Zaguán Sur en las fechas del Festipulenta. Es un festival auténtico.
—Estos últimos años han tocado bastante en Buenos Aires y en más de una ocasión lo han hecho junto a Los Pakidermos, otra de las bandas que suelen participar en el Festipulenta. ¿Qué conexión podés encontrar entre Buenos Muchachos y el under argentino? ¿Qué les cuentan Los Pakidermos?
—El under es por sí mismo un país perfecto para conectar, es el lugar donde las bandas traban amistad y para nosotros, que venimos de una ciudad pequeña, el under porteño nos abrigó. Arrancamos en 1999 con dos bandas hermanas, Dios y Ángela Tullida. Estas dos bandas nos dieron el techo para que pudiéramos disfrutar de tocar en reductos con gente despierta, como diría Luca. Y los Pakidermos nos hicieron revivir la misma situación en 2012. Son puro corazón y no nos cuentan nada de lo que pasa, sino de lo que hacen. Conocimos su reducto en Quilmes y te aseguro que en lugar de hablar, hacen.
—En Buenos Aires se viven momentos intensos con respecto al rock. Están surgiendo muchas bandas buenas y el periodista Alfredo Rosso, en una entrevista para NaN, consideró que en todo el país estamos atravesando uno de los mejores tiempos con respecto a lo musical. ¿Cómo es la escena independiente en Montevideo? ¿Se puede hablar del mismo fenómeno?
—La escena emergente en Montevideo es más lineal. En 2005, hubo muchos recitales, festivales y conciertos masivos de La Vela Puerca, Buitres, No Te Va Gustar, Trotsky Vengarán y La Trampa. Acá el rock tuvo un par de años intensos. Pero más bien la escena es siempre independiente, y las bandas en general son grupos de amigos que se ponen a componer por el placer de estar tocando juntos. Es alucinante que en un medio tan pequeño la gente no tenga que pensar en que es el momento dorado para hacerlo. Esto es lo normal en Uruguay.
—En algunas notas te describen como un artista multifacético, algo así como un Tom Waits uruguayo. ¿Qué opinión te merecen esas apreciaciones? ¿Cómo te ves vos y a la banda en el contexto del rock uruguayo?
—Lo de multifacético viene por el lado de que hago ilustraciones, publiqué tres libros de poesía y una novela, y el año pasado actué en la película Los enemigos del dolor, de Arauco Hernández. Lo de Tom Waits me queda medio grande: tener una voz etílica por momentos no me hace semejante artista. Es el link más sencillo para explicar mi forma de cantar y está muy bien porque es un maestro en mi vida, al igual que Jim Morrison, Luca Prodan y Nick Cave. Y en cuanto al rock uruguayo, estamos en el contexto en el que podemos hacer las cosas de la manera que nos gustan. Somos respetados y queridos, y disfrutamos vivir el lujo que es tocar con músicos en escenarios que al principio ni siquiera soñábamos.