
Por Nahuel Lag
“¡Vos, dale, a la cancha!” Luego de esa frase azarosa, atada a mil circunstancias y caprichos que la exceden, un deportista comienza su carrera. Gloriosa como la del Diego y Messi, regular como la de todos los que soñamos con llegar a Primera, para el olvido como la del que jugó un partido por obligación y se comió un pelotazo en la cara. “¡Ustedes, denle, al escenario!” En el mundo de la música no existe tal cosa, pero sí están Las Ligas Menores. O sea, también son cinco, como en el baby fútbol, pero hacen algo de pop, un poco de rock, algún arrebato de ritmos punks, música, canciones. Simples, inspiradas por los motores amor-odio, luz-oscuridad y urbanidad-soledad.
Es que todavía esperaban foguearse con menos público y atención por parte de sus colegas, cuando Tom Quintans (Bestia Bebé, Go-Neko! y Tom & El Niño Elefante) les dijo: “¡Ustedes, denle, al estudio!” En la sala La Bestia Bebé les grabó los seis temas que tenían cerrados en una sola noche, un día antes de que empiece 2012 y cinco meses después de ensayar por primera vez. Con un EP (El disco suplente) en el debut, Las Ligas Menores fueron convocadas por El Mató A Un Policía Motorizado para tocar en la Ciudad Cultural Konex y, ya integrados al equipo de Laptra ―uno de los sellos más consolidados de la escena indie―, jugaron en Niceto Club, ZAS y los ciclos Festipulenta y FestiLaptra, entre otros. Este año, con un rodaje inesperado y el oído más pulido, comenzaron a grabar lo que será su primer disco. Mientras, entregaron versiones primerizas de dos nuevas canciones (“Europa” y “Tema 7”) para que integren, en forma de anticipo, los inminentes Compipulenta (será el segundo volumen de los agitadores del Festipulenta) y CompiLaptra.
Las inferiores las hicieron en el Colegio Pellegrini, donde Pablo Kemper (voz y guitarra), María “Luli” Zamtlejfer (voz y bajo) y Micaela García (batería) eran compañeros de secundaria. Por entonces, se sumaron a una banda con sonido noventoso y letras en inglés. La cosa no funcionó y anduvieron un año lejos de los ensayos, componiendo por su cuenta. Hasta que, hermana mediante, Anabella “Ani” Cartolano (voz y guitarra) les pasó unas canciones grabadas con acústica y micrófono. Esas sumaron a las del trío y empezaron los ensayos. “¡A mí me gustó! ¿A ustedes?”, recuerda Ani la primera tocada. La respuesta fue un sí y empezaron a salir al “vivo”. Pronto se sumaría Nina Carrara (teclados, percusión y coros) y llegaría esa noche en el estudio La Bestia Bebé.
“Accidente”, “El Baile de Elvis”, “Buscando”, “De la mano”, “Movimiento” y “Crecer”, los seis temas del EP. Se resuelven en 15 minutos de sonido lo-fi. Por el tiempo de las canciones, la melodía de “De la mano” podría ser punk; y las de “El Baile de Elvis” y “Crecer”, pop-rock (del platense). El sonido de Las Ligas podría calificarse de “indie” y salvar las papas al cronista, pero ellos tampoco se sienten identificados con esas ropas: “Siempre aparece lo indie para englobar a muchas bandas totalmente diferentes. Para nosotros la idea es la canción. El género es algo que no te ponés a pensar”, percibe Pablo. “Las veces que nos ponemos a hablar de qué es el indie, nunca llegamos a ninguna conclusión. Es algo que no tiene mucho sentido”, descarta Nina.
“Las canciones que salieron para el EP son simples, pero cuando las escuchábamos nos encantaban, algo que no nos había pasado hasta el momento. Fue algo auténtico, hubo una conexión entre todos y no intentamos seguir estilos de otros”, va a lo concreto Luli. “El disco suplente es algo muy raro, lo único que nos representa, lo único que grabamos, pero se hizo de una manera muy al azar y rápida, sin pensar casi”, agrega Pablo y mirá para adelante, ya que tanto rodaje en tan poco tiempo hace sonar un poco viejas las canciones que los trajeron hasta esta entrevista (el que no las haya escuchado puede descargarlas gratis). “Cuando escucho el EP lo hago con cierta nostalgia, lo veo muy puro, y siento que no vamos a volver a tener algo así, porque inevitablemente seguimos creciendo como banda. Siento que nos expusimos demasiado. Lo escucho y es como si fuéramos otros”, asegura Luli.
Si se habla de nostalgia, es porque hay cariño a esa media docena de obras primerizas que los puso a rodar como a admiradores y colegas, a curtir la escena junto a El Mató, 107 Faunos, Go-Neko!, Valentín & Los Volcanes y The Hojas Secas, por nombrar algunos. “Si sólo se toman como referencia bandas del exterior, se hace difícil trasladarlo a un proyecto musical acá. Lo que nos interesó fue ver la escena que surgía acá, con canciones en castellano, para no terminar haciendo una copia de lo que viene de afuera y generar, a partir de un estilo local, canciones que puedas seguir de cerca y escuchar todo el tiempo”.

Hay quienes dicen que el quinteto entró tan rápido al ruedo con bandas que llevan años de remar porque son “amigos”, pero Nina recuerda que cuando los motorizados los invitaron a ser teloneros, pensaron: “Hagamos de cuenta que sabemos”. Ahora se ríe. “La amistad se dio con el tiempo y la música. Y nos invitaron a tocar porque algo les gustaba. Nosotros también estábamos sorprendidos de tocar con bandas que nos encantaban y la sensación nuestra era: ¿les gustará en serio?”, cierra Luli. Ani asegura que todo es “camaradería” en la “familia” Laptra.
Sin duda, hay una característica que distingue a la banda: una alta cuota de feromonas. “En los ensayos sólo me doy cuenta con ciertos temas y por algunas caras, pero en la música no existen diferencias”, bromea Pablo, y aunque consideran que inevitablemente imprime una identidad, Luli liquida las diferencias y se despega: “Es chocante cuando nos presentan sólo como ‘las chicas’. Se entiende porque sólo está Pablo, pero creemos que la presencia masculina también pesa en la música, no es un chabón tocando para nosotras. Hay algo de ‘la banda de minitas’ que es una cagada, pero a nosotros no nos pasa. De todas maneras, al señalar que somos mayoría de chicas hay algo muy machista todavía porque a las otras bandas no les dicen que son mayoría de chicos”.
Para el nuevo disco habrá que esperar la vuelta de Micaela, que grabó la batería y marchó por trabajo a Italia. Pero, claro, “la base está”, y ya no hablamos en términos futbolísticos. Ani se alegra de que las grabaciones de Mica hayan congelado el proceso creativo que maduraron en el verano porque “si no se hace eterno, siempre aparece un nuevo arreglo y el cierre del disco no se hace nunca”. Da un adelanto: el próximo álbum vendrá “más terrible” respecto de las letras que hablan del desengaño amoroso con ese inquietante tono primaveral que le da el coro de voces femeninas, aunque la letra de “Renault Fuego” desmiente su broma.
Hay otra particularidad que parecen adelantar los dos temas que saldrán editados en los compilados y luego, con otra versión, en el disco. “Va a haber temas de tiempos más rápidos, con otras dinámicas. En el EP la música era muy fiel a lo que se estaba diciendo, ahora jugamos más”, adelanta Luli. “De todas formas es nuestro estilo, las bases varían más, pero es la forma que tenemos de tocar. No buscamos crear un clima metiendo pausas y volviendo arrancar, o cosas de ese estilo”, avisa Pablo.
―¿Cómo definirían el momento musical de la banda para el próximo disco?
Luli: ―Al principio era: “Esto es lo que tenemos, hagámoslo”. Ahora cuando alguien llega con una canción todos necesitamos hacerle algo, nos la apropiamos, y eso se escucha. Empezamos a buscar una identidad, todos los temas están salpicados por cada integrante.
Ani: ―Entre que decidimos grabar el EP y lo hicimos no pasó nada. Y ahora estuvimos grabando todo el verano, después de tocar un año un montón en vivo. Juntarnos a ensayar para grabar no es lo mismo que tocar en vivo, ya que prestamos atención a los arreglos y detalles.
Luli: ―Hay una idea de que el indie, por llamarlo de alguna manera, intenta endiosar el tocar mal. Ahí hay un error, porque uno se va adaptando a lo que tiene y sale adelante con eso, pero no significa que no se desee hacer más. Después de estar tres meses encerrados pensando los nuevos temas, comenzamos a escuchar otras cosas. Todos los sonidos empiezan a tener importancia. Grabar ya no es tocar lo que cada uno había compuesto hasta ese momento.
* Fuente: NaN #12 (mayo-junio 2013)