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“El estilo viene de nuestras influencias”

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Fanas de Michael Jackson y Depeche Mode al filo del snobismo, Hippidons elabora su primer disco de larga duración, bailable pero más austero que su celebrado EP. Fotografía: Cecilia Medina

Por Gonzalo Bustos

Vas a bailar sin importar cómo: esa parece ser la finalidad de Hippidons, combinado de cinco porteños que hace dos años no tenía idea de cómo conseguir una fecha en un bar. Euguene (22, voz, viola), Guido Porcinito (25, voces, sintetizador, guitarra), Bruno Franco (25, voces, sintetizador), Tomás Albarracín (24, voces, bajo) y Ariel Porcinito (22, batería, percusión) sólo querían hacer música y tocar en los lugares a los que iban: The Roxy, Niceto Club, Makena. En pos de eso, dejaron de zapar y se pusieron a trabajar de manera seria. Compusieron canciones que buscan “hacer bailar dentro de una cajita de modernidad con aspiraciones futuristas”, dice Eugene. Dentro de esas paredes ocurre una tormenta sideral. Montados a un groove siempre intenso (que como poco te va a hacer mover la patita, casi por instinto) te tiran encima una lluvia de sintetizadores tan luminosos como serían los láseres de la rave más pastillera de tu vida. Pero estos pibes son más que pura potencia tecnológica. Te pueden clavar un tema en el que una guitarra densa a lo The Smiths atraviesa hasta el último acorde, metiéndole rock, atrapándote.

“Te soy re honesto dice Guido—: el estilo viene de nuestras influencias, no hay mucha más explicación.” Ellos escuchan Phoenix, Hop Chip, MGMT, New Order, The Cure. Los nombres pueden seguir por un rato largo, pero cuando se llega a dos es el fin, o el comienzo: “Depeche Mode y Michael Jackson son los pilares. Tenemos ese groove de bata bien pegada al bajo, muy de Michael”. Da la sensación de que las bandas que mencionan son las que quisieran ser, sobre todo cuando uno escucha sus canciones que, detalle nada menor, cantan en inglés. Respecto a este punto, Guido explica que para ellos ése es “un idioma universal”. “Muchos grupos que nos influencian y no lo tienen como idioma oficial lo usan. Y en nuestras composiciones cuajaba bien, sacaba lo más copado. Nuestro trabajo se volvía más concreto y completo, las canciones cerraban más lindas en inglés”. La cosa se ensucia y resuena eso de que el estilo viene de sus influencias.

Eugene, quien se encarga de las composiciones, tiene una respuesta que dice mucho: “Me atrae la idea de que tanto un tipo en Sumatra como uno en Tierra del fuego o en Tokyo tenga la misma chance de entender de qué trata una obra nuestra”. Es la pretensión de ser escuchados, de universalidad, como ellos mismos mencionan. En esa línea aspiracional, no resulta insólito que una de las metas de la banda sea tocar en el extranjero. En su lista de objetivos a corto plazo, la idea es concretar un viaje no más allá del año que viene. Ya los escucharon en Estados Unidos y están gestando la posibilidad de actuar en lugares como Los Ángeles, Miami, Nueva York. “Estamos trabajando para concretar eso”, explica Guido. Van por su sueño americano.

Con esa música que busca cautivar masas y ponerlas en movimiento, llamaron la atención de Richard Coleman. El colaborador de Charly García y Gustavo Cerati los eligió como la banda independiente ganadora de un concurso de Pepsi para participar de la edición 2013 del festival organizado por la empresa de bebidas. Sin embargo, les tiró que si cantaban en español la rompían. La respuesta de ellos fue cerrada: “Tranquilo, así va a salir”. Coleman los entendió. “Y eso fue lo más grosso”, dicen. El líder de 7 Delfines se quedó con otra cosa más allá del idioma; apreció lo ajustado que suenan y la calidad de las canciones, lo mejor de Hippidons. Eso los llevó a tocar junto con bandas como Pearl Jam y Hot Chip. Estuvieron donde querían estar. “Fue re grosso porque éramos re boludos. Muy chiquitos para lo grande que nos estaba pasando. Hacía cinco meses habíamos tenido nuestra primera fecha”, confiesa Guido y los ojos se le llenan de luz.

VÍCTIMAS DEL BAILE

Cuando Hippidons ganó el concurso de Pepsi, no tenía nada oficial grabado. Los músicos subieron maquetas de algunos temas para participar. Por eso los sorprendió haber quedado seleccionados. El material no era del todo fiel a su sonido, dicen. Pero cuando tuvieron la oportunidad de lograr un buen registro, fueron a full con eso. Estuvieron tres meses preproduciendo From outer space, su primer EP. Fue un trabajo de “estructurar” las canciones. Por ejemplo, “Guinea Pig” duraba seis minutos. “No podíamos salir con un tema así”, dice Guido y agrega que “había cosas que eran súper ambiciosas para un material que buscábamos tuviera llegada”. Ese trabajo lo hicieron con la producción de los Ese Perro Mauricio Tovar y Ale Crimi (también Cuentos Borgeanos) más Alejandro Zapiola, que fue el ingeniero de sonido. Con el registro en mano, y gracias a la colaboración de la productora Damasco, masterizaron en San Francisco, Estados Unidos, con Justin Weis. Parieron el EP en octubre: seis canciones siderales, neumáticas, algo rockeras y sobre todo bailables.

Eugene es el responsable de gestar el embrión de cada composición. “Es el virtuoso musicalmente, el más grosso”, concede Guido. La voz principal de Hippidons cuenta que todo suele empezar en su guitarra acústica de cuatro o cinco cuerdas. “Tengo la teoría de que si una canción suena hermosa sólo con mi guitarra y mi voz, no hay nada que la frene», larga el frontman, que luego de ese primer paso va a la computadora y arma las bases de batería, bajo, guitarras, synthes y voces, en ese orden. Cuando termina la canción, viaja por correo electrónico al resto de la banda. Así es la construcción de obras de lírica introspectiva, muchas veces cargadas de metáforas rugosas, que son cantadas sobre ritmos festivos. “La copado es que bailás con una letra que te está hablando de los miedos”, reflexiona Guido. Y de esa amalgama de dos planetas tan opuestos, el resultado final es canciones que suenan sintéticas y cargadas como las de MGMT, oscuras como las de Depeche Mode, furiosas como las de Hop Chip e intensas como las de Michael Jackson. La voz sutil y aguda, por momentos femenina, de Eugene se asemeja a la de Dave Gahan. Cuando los coros viajan sobre melodías deslizantes tienen el mismo impacto que logran Andrew VanWyngarden y Ben Goldwasser en temas como “Time to pretend”. Hippidons hace bombas nucleares.

Y luego de la explosión, recoge las cenizas y vuelve a empezar. Eso planean hacer de vuelta en el estudio. A pesar de que la esencia de hacer bailar seguirá, la fórmula mutará. Irán por canciones más simples, casi minimalistas. Guido lo explica así: “Tranquilidad, pero vas a bailar más”. El gen de esta nueva estética sale, una vez más, de sus influencias, ahora discos más recientes; trabajos que oyeron a fondo, que les “pegaron” y a los que van a sacarles el jugo. AM de Artic Monkeys parece ser el punto cero de esta nueva ruta. “Estamos buscando que haya menos de todo y más aire”, dice el guitarrista, y añade que después de los shows los analizan en la sala.“Eso hace que quizás tomes otra dirección”, avisa. “Artic Monkey nos pegó mucho porque el disco nuevo es el menos intenso, pero va al golpe de una. Ya tienen claro lo que quieren hacer y eso es súper grosso”, señala. Luego, remata y sorprende diciendo que ahí puede surgir el lado más rockero de Hippidons. Eugene profundiza un poco más, se vuelve autocrítico: “Se trata de una búsqueda por enfatizar los elementos de nuestro estilo que nos hacen felices. Caímos en la cuenta de que veníamos sumando sonidos por un simple impulso y eso no siempre suma”. Entonces, hace la siguiente cuenta: “¿Más por menos no es más?”. Gran sic.

Lo que será el primer LP de la banda, que probablemente se registre en Estudios Panda, contará con el mismo plan de trabajo que el EP: tres meses de preproducción antes de entrar a grabar en octubre. Además de su simpleza, adelantan que las canciones “van a ser muy sexys”. Solo resta esperar, no pensar demasiado y dejarse seducir por el baile.

* Hippidons se presentará el sábado 17 de mayo a las 21 en Naturaleza Música, Nicaragua 5935, Ciudad de Buenos Aires.