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Libros: “36º edición ¡¡¡200.000 ejemplares vendidos!!! y otros cuentos breves” (Juan Faerman, 2008).-

El redactor de la revista NAH! es un mentiroso. Bueno, no tanto. Pero el libro no incluye cuentos breves sino humoradas que provocan risas largas gracias a su ingenio. Ideal para sala de espera de consultorio ¡y a enfrentarse al odontólogo con una sonrisa de carie a carie!.

Por Facundo Gari

Buenos Aires, agosto 3 (Agencia NAN-2009).- Pocos se jactan de los libros de humor que tienen en la biblioteca, como si fueran menos importantes que los otros, obras literarias y académicas. ¿Por qué? ¿Resulta un signo de debilidad intelectual conservar entre William Faulkner y Oscar Wilde a René Goscinny? Si en una encuesta universitaria preguntaran cuál fue el último libro leído ¿cuántos, de los que lo hubieran hecho, se animarían a decir que fue uno de chistes verdes, aunque haya sido en extremo efectivo? Sucede algo similar con el cine, salvo que se trate de comedias de culto. Por fortuna, el cajón de la significancia efímera a la que son relegadas no ha impedido que se continúen proliferando obras para la chacota.

36° edición ¡¡¡200.000 ejemplares vendidos!!! y otros cuentos breves (NAH! ediciones), de Juan Faerman, es sólo una de ellas. Más de 70 textos humorísticos, cortos e independientes unos de otros, se apilan en el primer libro del escritor que en 2007 resultó ganador de un concurso de autores realizado por Les Luthiers. A manera de prólogo, el publicista Sebastián Rodas resume la vida de Faerman en tres páginas: Juan trabajaba produciendo ideas para comerciales, aunque difícilmente se las respetaban; su trabajo no lo hacía feliz y quería dar un vuelco a su vida. Y eso fue lo que hizo: ahora es redactor de Revista NAH! y, dice Rodas, es libre.

A no dejarse engañar por el título de la obra. En 36° edición… el lector no encontrará cuentos breves, sino ensayos cortos de variadas temáticas. Indudablemente, se trata de un libro para empezar a leer por cualquier parte, ideal para los viajes cortos en colectivo o la espera en la sala del dentista. Eso sí: la lectura de principio a fin puede ser perjudicial para la salud, pues se sabe que la exposición prolongada a una fórmula repetida deja de producir el efecto buscado. La dosis más placentera varía entre los cinco y los diez textos por día hasta acabar con la faena.

En cuanto al estilo de Faerman, es irreverente, a veces un poco agresivo, pero no se desgrana a lo atolondrado en insultos pedorros. Su cualidad más sobresaliente es, sin duda, el ingenio. ¿Y cómo no reírse con esas manitos pintadas con lápiz labial que ilustran el “Pajasutra” masculino? O con las “Perlitas” que siempre vemos en las películas y nunca en los libros: “¿Las vemos, señor editor?”, pide el escritor. “Jajaja… me tenté. Cortá… cortá…”. O el “(axuX) éiralI”, que pasa la canción de la Reina de los Bajitos al revés en busca del mensaje diabólico:

“éiral iralI
ho ho ho
éiral iralI
ho ho ho
adoremos a Satán, rey de los cielos”

¡Say no more! Claro, aunque se haga vicio compartir los chistes, para este tipo de libros mucho más no se puede decir. No vaya a ser que se arruine la humorada. Basta, para los que aún no hayan cazado el estilo de 36° edición… consignar, al azar, algunos otros textos que lo componen: “¿Indianápolis o Hindunápolis?”, “Respuestas fáciles a preguntas difíciles”, “Nuevos ritmos para nuevos tiempos: cumbia oligarca” y “Forróscopo”. En éste último, Faerman… No, mejor no contarlo.