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Mujeres de jabón en El Piccolino.-

Una “princesita”, una desenamorada, una novia de alcohólico y una (casi) solterona vecinas del mismo edificio deciden convocar a un taxi boy que las saque del adormecimiento de sus parejas (a las tres que la tienen) y su soledad (a todas por igual).

Por Esteban Vera
Fotografía de prensa de Mujeres de jabón

Buenos Aires, agosto 4 (Agencia NAN-2009).- La situación es la siguiente: cuatro mujeres de treinta y pocos años insatisfechas viven en un mismo edificio realidades diferentes. Una es una “princesita” atrapada en un castillo de naipes, achatada por la vida de ama de casa; la otra está en pareja con un varón metroemocional y no tiene ganas de estar con él; la tercera está en conflicto con su pareja, un ex alcohólico e ingeniero electrónico sin empleo; y la última es una soltera que busca novio. Brevemente, ése es el mundo cotidiano de cada una de ellas en Mujeres de jabón, obra escrita y dirigida por Daniela Campos que se puede ver los viernes a las 21 en el Teatro El Piccolino, Fitz Roy 2056, Palermo.

Cercana a la comedia y poblada de situaciones desopilantes, lo que se cuenta es la sucesión de dificultades y sinsabores de las cuatro mujeres que buscan escapar. La obra gira en torno a los problemas por los que atraviesan tres parejas, desde la perspectiva de ellas. Salvo por Carla que aún no comparte su vida con nadie. Así, todas las parejas navegan rumbo a la separación. La historia está estructurada a partir de los conflictos que surgen en cada departamento del edificio. Allí, un encadenamiento de hechos será disparador de una serie de replanteos que finalizará en catarsis: se desahogarán con un taxi boy.

Violeta (Sofía Yattah), “princesita” para su pareja Homero (Nicolás Albamonte), está presa en su propia voluntad y sin querer, limitada a una rutina que cada día la achata más. No es dueña de una personalidad avasallante, todo lo contrario. Pero un día, finalmente, toma una decisión, en medio de los reproches de Homero: separase de su cónyuge para comenzar una nueva vida. Mientras, en el piso seis, Pitu (Sheila Lemesoff) también está en crisis con su pareja Mariano (Marcelo Vacas): ella necesita nuevas emociones, aunque él quiera avivar las cenizas de una felicidad extinguida, agitándolas y removiéndolas. Más allá de todo, Pitu se aferra a él para no estar sola.

Un piso abajo, Carla (Claudia Mazer) es una de esas mujeres independientes, exitosas en lo profesional, que da la sensación de que nada ni nadie puede correrla de su eje. Sin embargo, se sabe que la realidad no es como se aparenta: ella no es feliz. Y se quiebra por la falta de caricias y amor: un novio. Éste sería su ADN. Mientras contempla las relaciones que se le rehúsan, ella sale en busca de amor y encuentra una aventura descontrolada: conoce en un bar a León (Hernán Bergstein), un cazador de mujeres, un gigoló. Eso sí, ella no se da cuenta. “Por un momento me sentí linda; estoy tan cansada de que me lastimen. Yo solo quería un novio, dormir cucharita, no quiero más dormir sola. Estoy tan cansada de estar sola”, se quiebra Carla ante el taxi boy. Justamente, él será el medio que utilizarán estas mujeres para descargarse y comenzar otra vez.

En el piso ocho, Naira (Daniela Campos) vive en una pareja en descomposición, dado que Ernesto (Martín Crespo), acosado por la falta de trabajo, parece estar muy nervioso como en aquellos días de alcohol en exceso que Naira le recuerda, con resignación y bronca. Pese a todo, ella lo ama con el dolor de una amante golpeada y pisoteada e insiste en la relación.

Ese es, más o menos, el universo de este edificio. En el monoambiente de Naira, en medio de crisis para ellas, se encerrarán junto al prostituto atado a una silla y amordazado. “Chicas, si pudieran hacer lo que quisieran con un hombre, ¿qué harían?”, interroga Pitu. Esa pregunta desencadenará un proceso de catarsis en las mujeres, mediante golpes, reproches, sexo y caricias.

Blog: http://mujeresdejabon.blogspot.com