Por Luciano Melchiori
Fotografía de Mariano Iñiguez
Buenos Aires, agosto 5 (Agencia NAN 2009).- Alberto Tito Verenzuela es miembro de Bersuit Vergarabat hace 15 años, desde que reemplazó a Charly Bianco en guitarra durante las grabaciones para Don Leopardo (1996). En esa banda hoy algo desbandada, Tito aportó composiciones que invitan al baile y al movimiento, pero no dejan de ser un agudo y burlón análisis de ciertos estereotipos instalados del argentino medio: “Yendo al grano, para hacer negocios lo mejor es tener un socio amigo como yo, de fierro, lo que se dice buena genchi”, resume el guitarrista en “Porteño de ley”, una de sus composiciones más conocidas, incluidas en Hijos del culo (2000). Pero además de esa cara más o menos conocida, Verenzuela está al frente de La Demanda con su voz y cuerdas. Y más allá de eso, está claro que no sólo es la alegría de sus canciones jodonas con Bersuit, sino que tiene un claro perfil combativo por su participación en el Frente Popular Darío Santillán, y los pies sobre la tierra, como quedó claro en su entrevista con Agencia NAN.
El encuentro con el autor de las recientes “Fisurar”, “Ades tiempo” y “Zi zi zi” (todos de La argentinidad al palo, 2004), “Vamo’ en la salud” (Testosterona, 2005), “Luna hermosa” y “Ebrio sin razón” (?, 2007) ocurre un lunes a la tarde en un barcito de Almagro con clima familiar y porteño. Cuando Tito entra, la gente parece reconocerlo. Un adolescente se acerca con una hoja en blanco y le pide un autógrafo, que él otorga amablemente. Pero parece que al tipo el éxito no lo marea, que sabe de dónde viene y adónde va. “Mis canciones son sólo pequeñas expresiones de un músico más”, explica humildemente. Pero ese “músico más” es parte de una de las bandas más importantes para el rock argentino de la última década, y dado el parate de la banda liderada por el pelado Gustavo Cordera, la primera pregunta cae de madura.
— ¿En que está la Bersuit Vergarabat actualmente?
— La Bersuit está en un paréntesis, del que se desprenden actividades personales. Ese tiempo se ve transformado en oxígeno y nos da energía, por lo que pensamos aprovecharlo para que cada uno elabore sus proyectos personales. De esta manera, creemos que cada uno podrá desarrollar su impronta, su música como proyecto y después vendrá el fruto de cada creación. El disparador de esta movida fue el nacimiento de los proyectos personales que nacieron en el seno de Bersuit. Ahí nace lo que podríamos llamar una pausa indefinida o un despertar, una emergencia –en el sentido de emerger–, una oportunidad para cada uno de plasmar su arte.
— ¿Es una separación?
— No, separación no. Lo que buscamos es que cada uno pueda darle cuerda a sus proyectos.
— ¿Qué podés adelantar acerca del tuyo, La Demanda?
— Es un proyecto que está bastante avanzado. Tenemos un disco con 16 canciones que, aunque aún no tiene nombre, la idea es que salga a fines este año. Hay canciones que quedaron fuera, pero que pueden volver. Tenemos más, pero por el momento son estas 16 las que pensamos editar. El disco va a mostrar las tres caras principales de esto que es una suerte de viaje nostálgico de cierta época del rock. Por momentos puede ir desde el pop hasta el hard, pero también tiene colores oscuros y algo stone. No puedo encasillarlo en un estilo único. Para mí este disco es como un cuerpo único, no son canciones al azar sino con cierta lógica interna.
— Y en las letras, ¿retomás las temáticas sociales?
— Sí, hay algunas que tocan la temática social o la lucha. Son escritas por mí pero a la vez tuvo mucha intervención el bajista, Sebastián Cilimovich, muchas veces marcando el andar positivo de la letra o un camino literario distinto al mío. Yo estoy más ensimismado, dejando “ser” a mi personaje musical.
— Y el otro, el militante, ¿cómo se fue gestando?
— Hice algunas tareas de perfil político a fines del ’96, haciendo escraches con el grupo Etcétera a los integrantes de la última dictadura. Ahí conocí a uno de los chicos que está hoy conmigo en el FPDS. Conseguimos una gran casa, en Almagro, y con esfuerzo armamos una biblioteca. Allí se debatía, nos juntábamos para armar los escraches o para pronunciarnos contra actitudes autoritarias de aquellos personajes nefastos del Plan Cóndor. Ya no soy de ir tanto a marchas y en el último tiempo mis intervenciones pudieron ser irregulares, por mis compromisos con Bersuit, las giras y grabaciones. Pero sigo participando de asambleas y plenarios, además de mi aporte musical.
— O sea que para vos es inseparable el Tito músico del militante…
— Mi aporte al grupo trata de lograr una coherencia y madurez en las letras de las canciones del FPDS, que tengan la fuerza suficiente de impacto, que suenen mejor y puedan llevar los mensajes, con distintos matices, pero siempre desde el alma. La gente del Frente sabe que puede contar conmigo para recitales o actos a beneficio.
— Eso también discute una idea bastante extendida sobre el “rock careta”, ¿no?
— Es la idea. Esto en mí nació como una revelación, fue una manera de reencontrarme con mi costado político. Vi que podía hacer algo que me gustaba y me dio ganas de aportar, no sólo con las palabras y las notas sino haciendo algo desde adentro. De esta manera sentí que podía establecer mis ideas con más solidez. A la vez, encontré un lugar donde participar y construir junto a gente que rescata valores de libertad, convivencia, trabajo, educación, vivienda y salud. Sentía que todo eso podía hacerme ser mejor persona. Es el día de hoy que estoy tratando de hacer algo por todo esto, que no quede todo en una canción, sino ser consecuente, obviamente conviviendo con las contradicciones que todos tenemos, pero con principios lo más fuertes posible.
— Con Etcétera alzaste la voz contra los dictadores. Ahora, en democracia, ¿qué reclamos amplificás con tu arte?
— Creo que en votar no está la solución. Pero también pienso –y puede parecer contradictorio– que esta democracia imperfecta que responde a los intereses de la burguesía, es algo sagrado al lado de lo que vivimos como país hace 30 años. Aunque es carente de respuestas concretas y de esencia. El luchador pierde su esencia en el momento que lo votan, y en el acto deja de luchar. La democracia, tal como la concebimos es sagrada al lado de esos años nefastos, pero incompleta al lado de trabajos que se hacen desde las organizaciones de base. Estas estructuras no-políticas están firmes y a favor de la recuperación de tierras públicas, luchando por ejemplo por los “sin tierra”, o quieren recuperar fábricas para desocupados que puedan desarrollar sus tareas. Hay muchas experiencias colectivas que se están llevando a cabo de un modo muy creciente y prolífico desde la brutal crisis de 2001. Y, lamentablemente, de esto la gente no conoce mucho. La gente cree que está la izquierda, el MST, el PO y solamente ve el fraccionamiento. Construye una imagen negativa, cae en una trampa construida desde arriba.
— ¿Cómo se sale de esa trampa?
— Viendo que hay otra realidad en las organizaciones de base, que incentiva el cooperativismo, el trabajo no explotador y la solidaridad como forma de ver la vida. Una forma de reivindicar a los caídos, de defender la libertad para poder levantar la bandera de la igualdad. Esta gente hace. Hace sin necesidad de ser votada. Y si bien este trabajo está creciendo de a poco, de manera paulatina pero a la vez sin cesar, está cada vez más cerca de realidades que los medios no miran desde un lugar comprensivo sino condenatorio.
— En ese contexto post crisis apareció un fenómeno también a menudo condenado, la piratería. ¿Qué opinás sobre el tema?
— Si le hacés eso a Robbie Williams, ¿en qué le afecta? O a algunas de las bandas conocidas de acá ¿les afecta? No es lo ideal, pero creo que es parte de un contexto. La aparición de lo trucho es una consecuencia infaltable. Es efecto de la humillación, la exclusión, la alienación, la marginación, los grados extremos de pobreza. En fin, el ostracismo al que condena el capitalismo salvaje. Creo que es un poco más profundo que decir “está bien o está mal”. Es algo que existe y que es parte de esta realidad sociopolítica.
— ¿Y cómo te ves dentro de otra década, cuando esa realidad tal vez haya cambiado?
— Me veo siempre dentro del mundo de la música y con hijos. Haciendo canciones, grabando, creciendo artísticamente, militando, cerca de la gente. Produciendo a artistas que considero que valen la pena, como los Contraviento, que son los chicos del MTD de La Cañada. Hay otros músicos que me encanta como componen y que necesitan una mano y me gustaría dárselas, me gustaría producirlos. Desde el lado que me toque o que elija, me imagino en la música, con la guitarra en el hombro, escribiendo, componiendo. No se sabe cuánto tiempo puede durar Bersuit. Tampoco sé hasta dónde podemos llegar con La Demanda. Pero siempre le puse todo mi empeño a los proyectos y eso también será así en diez años. Me considero dichoso de poder vivir de lo que amo: la música.