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Libros: “Un dios demasiado pequeño” (Juan José Burzi, 2009).-

Una pareja sadomasoquista, un predicador incestuoso y un fetichista son algunos de los personajes que uno de los fundadores del grupo literario Alejandría presenta en esta colección de siete cuentos cortos donde intenta acercarse al horror desde lo bello y al mal desde la voluptuosidad, desde los arquetipos de lo inmoral.

Por Esteban Vera

Buenos Aires, mayo 23 (Agencia NAN-2009).- El horror, la malicia, la perversión y la depravación sobrevuelan como espectros en cada una de las historias de Un dios demasiado pequeño, de Juan José Burzi. Ya desde las tres citas que anteceden a los cuentos se comienza a tejer una trama oscura que cohesionará el libro. Cada una podría funcionar como anticipo de lo que ocurrirá en cada segmento. Con guiños a nombres religiosos (Betsabé, Teodoro, Esther, Pablo, San Camilo, Irene), varios de los personajes de Burzi son arquetipos de lo instituido como inmoral: una pareja sadomasoquista, un predicador incestuoso o un fetichista, entre otros. Sobre todos ellos flota un desborde que se traduce en acciones desmesuradas. Pero el autor no los juzga sino que deja esa tarea para el lector, que tendrá en sus manos los hechos narrados.

Publicado por la Editorial de la Universidad Nacional de La Plata (Edulp), el libro integra la colección “Sólo cuentos”, dirigida por el propio Burzi, miembro fundador del Grupo Alejandría y director de la revista literaria Los asesinos tímidos. Conforman la colección, además, Hacia el mar, de Marina Arias; El salto del final, de Pablo Vinci; y De la noche rota, de Marina Porcelli. Un dios demasiado pequeño reúne siete cuentos cortos, divididos en tres segmentos. Son 103 páginas que se leen de un tirón, no sólo por su brevedad, sino sobre todo por la construcción verosímil de los relatos.

Cita 1: “Sólo los que no son artistas de verdad pueden no encontrar atractivos en lo horrible”. Akutagawa, Las puertas del infierno.

En “Mil ojos” (cuento incluido en la antología Tres mundos, que reúne ficciones creadas en el ciclo narrativo organizado por el Grupo Alejandría) se narra la experiencia de una mujer que simula ser un cadáver en un bar. “Simplemente iban a mirarla, a jugar a un juego de apariencia y fantasía. Quienes concurrían a ese lugar, en su mayoría hombres, simulaban creer todo, y tanto ellos como los que trabajaban ahí se entregaban a la farsa al punto de tomarla como verdadera”. En torno a esa ficción se construye el relato.

Mientras que en “Cuando la rosas caen”, una pareja sadomasoquista (él, con parálisis casi total en su cuerpo; ella, con un brazo menos) juega a mutilarse con un cuchillo, para sentir placer. La historia podría ser clasificada dentro del género de ficción cinematográfica clase B denominado splatter, que consiste en la destrucción física del cuerpo. Claro, si se aceptara nominar una obra con categorías ajenas (¿etnocentrismo cinematográfico?). Así, en ambos cuentos se presenta al horror como arista de la belleza.

Cita 2: “La voluptuosidad única y suprema del amor radica en la certidumbre de hacer el mal. Y el hombre y la mujer saben de nacimiento que en el mal se encuentra toda voluptuosidad”. Charles Baudelaire, Mi corazón al desnudo.

En el segundo segmento, Burzi ofrece tres cuentos que giran alrededor de los integrantes de una misma familia, en tres tiempos y lugares distintos. Así en “Reyna” se relata la historia de Pablo Ferrer. Él, con 35 años, no tiene ambiciones, trabaja en un hospicio (“un depósito de seres humanos no deseados por sus familias”, describe el narrador). Allí, Pablo Ferrer establece, autoritariamente, una relación amorosa-morbosa con una de las pacientes: una veinteañera que tiene “en lugar de brazos, dos muñones de no más de 10 centímetros” y que tampoco tiene piernas. La joven, además, sufre debilidad mental y no puede hablar. Pablo ve en ella el recuerdo de su madre y un pasado que es lo único que posee.

En “Un dios demasiado pequeño” emerge la familia Ferrer y tres cualidades que la abarcan: malicia, sufrimiento y dolor. Raúl, el padre, es un pastor evangélico que obra milagros de curación. Creó una iglesia, un dios e ideales de redención. Por ellos, deja morir a su mujer, víctima de un cáncer. Para él, su dios la había elegido para sufrir, ya que así “había sucedido con Job y así había elegido morir Jesucristo”. Irene, la hija adolescente, ocupa entonces el lugar de su madre en el hogar, incluso en la cama del matrimonio. Ella es sumisa y al mismo tiempo autoritaria como su padre. Pablo, su otro hijo, relegado, es el tercero excluido en lo que queda de la familia Ferrer. Finalmente, Raúl sufrirá una parálisis que lo dejará en silla de ruedas. En “Una tarde soleada y fría” se pone de manifiesto la relación de Esther (la madre de Pablo e Irene y mujer de Raúl) con ellos. ¿Final abierto o la continuación de la historia de los Ferrer? En fin, la trilogía cumple la aseveración de Baudelaire citada por Burzi.

Cita 3:“Miraba el mal para realizar su concepción de lo bello”. Oscar Wilde, El retrato de Dorian Gray.

Con la orientación de Wilde, en “Como gotas de polen” y “Un acto privado” se narra la historia de una joven anoréxica y un hombre filonazi, respectivamente, que sienten placer de maneras aberrantes. Ella emulando la delgadez de los judíos asesinados por el nazismo (“hombres y mujeres en sus formas más puras”, para ella). Él, vistiendo un uniforme del ejército hitleriano en la soledad de su habitación.