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Saberes antiguos para la reconstrucción del orgullo indígena.-

En Abra Pampa, una ciudad que es punto clave para el comercio en La Puna, se originó una biblioteca con el firme objetivo de difundir la cultura andina. “Nuestras costumbres fueron folklorizadas, cuando en realidad son parte de nuestra expresión”, reclamó frente al cronista mochilero uno de sus creadores, Enrique González. La avanzada por la historia real de nuestra América se da en el marco del “pachakuti”, la vuelta a los orígenes que generó en las comunidades indígenas la fortaleza y la motivación necesarias para continuar sus reclamos históricos. “Estamos viendo cómo el imperio va decayendo ¿Pero cómo nuestra cultura fue permaneciendo desde hace tanto tiempo? Porque estaba bien organizada. Este sistema hace más gente ociosa que trabajadora. Pero eso no es nuestro, no es propio del kolla”, analizó la docente Miriam Vilte, otra creadora de la biblioteca Ñawpayachaykuna, totalmente autogestionada.

Por Sergio Sánchez (desde Jujuy)

Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.

Eduardo Galeano – “Los Nadies” (fragmento)

Abra Pampa, abril 12 (Agencia NAN-2009).‑ Para comprender la lucha de los pueblos originarios es necesario no solamente conocer su historia, sino también sus pautas culturales. Porque dentro de su cosmovisión nada está librado al azar, sino que cada ser forma parte de un todo que no sólo integra, sino que convive en perfecta armonía y equilibrio, sin ánimos de dominación. Por eso, cuando un hecho extraño irrumpe en esa lógica, se produce el caos. Y el primer acontecimiento negativo no es muy difícil de adivinar: la llegada del hombre blanco a las tierras del Abya Yala (América) o al mal llamado “Nuevo continente”, en octubre de 1492. Luego, la historia es conocida: 500 años de aniquilamiento indígena, aculturación, expropiación de territorios y explotación de los recursos naturales. No obstante, pese al sistemático exterminio, los descendientes de los primeros pobladores del suelo “americano” están en pleno proceso de recuperación de sus costumbres, revalorización de su identidad originaria y firmes en la lucha histórica por la recuperación del territorio al que pertenecen y la defensa y preservación de los recursos.

Y como todo guarda coherencia dentro de la perspectiva indigenista, ese conjunto de acciones también tiene su fundamento. Porque desde 1992, cumplidos cinco siglos de la conquista, comenzó el periodo positivo denominado Pachakuti (vuelta a los orígenes, en quechua), que generó en las comunidades indígenas la fortaleza y la motivación necesarias para la continuidad de los reclamos históricos y válidos.

Por todo eso, Agencia NAN se calzó la mochila en la espalda y viajó hacia el pueblo kolla de Abra Pampa, capital de La Puna jujeña, para conocer más de cerca la militancia que llevan a cabo las organizaciones sociales y movimientos indigenistas de la región norte de Los Andes. Entre ellos, charló con Enrique González y Miriam Vilte, dos de los creadores de una biblioteca independiente denominada Ñawpayachaykuna (saberes antiguos, en quechua), que tiene como fin la difusión de la historia de los pueblos andinos. Los conocimientos de las comunidades del Tawantinsuyu (los cuatro territorios del Imperio incaico) que muchas veces fueron olvidados u ocultados por la educación oficial del sistema dominante.

– ¿Por qué decidieron crear una biblioteca con material sobre cultura andina?
Enrique González: La idea fue recopilar material acerca de las luchas de nuestros abuelos, de nuestra historia que no figuraba hasta hace dos o tres años en ninguna bibliografía. Por ejemplo, las gestas heroicas de los levantamientos de La Batalla de Quera, de Abra de La Cruz o El Malón de la Paz, que fue una marcha que realizaron 174 kollas desde La Puna hacia Buenos Aires durante tres meses para pedirle a Juan Domingo Perón, en 1946, la restitución de sus territorios. Perón hizo oídos sordos a sus reclamos. Son acontecimientos de los cuales había escasos datos. Muchas costumbres nuestras fueron “folklorizadas”, cuando en realidad son parte de nuestro vivir y de nuestra expresión. Entonces, hemos decidido poner al servicio de la comunidad todo el material que habíamos adquirido un grupo de jóvenes que íbamos a distintos encuentros de comunidades, tratar de lograr un ida y vuelta, reafirmar nuestra identidad.

– ¿Cuál es el objetivo principal?
– Hacer nuestra intraculturalidad: reconocer y fortalecer lo que somos. Y de esa manera seguir avanzando y reivindicando nuestra causa, la causa de los pueblos originarios. No queremos ser adosados, ser una cuestión secundaria o de moda, como lo plantean muchas veces los estados y la escuela. Simplemente queremos hacer valer lo que somos con datos concretos. Tenemos muchos datos bibliográficos sobre lo que han escrito de nosotros, algunas veces bien y otras no tanto. Pero lo importante es construir y este espacio es para eso.

– ¿Qué acontecimientos reivindican?
– Fechas históricas que ni la escuela ni otra institución han reivindicado. Y también nuestro sentido de un calendario agrícola en el que estamos celebrando distintas festividades que han hecho nuestros pueblos, como hace poquito tuvimos el Pauka Raymi, que es el tiempo para agradecer al agua –a la Mama Cocha– por la abundancia que nos ha dado en este verano: mucha lluvia y mucha siembra. Volvemos a retornar lo que nuestros abuelos nos han dejado. Por ahí escondidos y tergiversados, pero lo estamos haciendo. Eso nos da fortaleza. Y ésa es un poco la idea de un espacio autónomo, de autogestión, de voluntad. Cada uno va haciendo su esfuercito y tratamos de sostener este espacio para eso. Con altos y bajos, pero lo importante es que estamos aquí. Podríamos estar fácilmente en una ONG, pero no formamos parte de ninguna y por eso podemos explayarnos libremente. No tenemos ningún pacto, ni con una ONG ni con el intendente ni con los partidos políticos.

– ¿Qué protagonistas históricos de su pueblo reivindican? ¿Y a cuáles de la historia “oficial” rechazan?
– Hemos tenido muchos compañeros de lucha mineros desaparecidos, como Avelino Basán, que fue un gremialista kolla que trabajaba en mina El Aguilar. Él ya visualizaba nuestra cosmovisión andina, pero también tenía su lucha. Avelino fue otro desaparecido durante la dictadura. Sin embargo, nosotros decimos que nuestra dictadura comenzó hace 500 años, en la cual sistemáticamente fueron “limpiando” a nuestros pueblos. Osvaldo Bayer muestra en sus escritos el exterminio a los mapuches. Y las figuras nefastas son Julio Argentino Roca, Jorge Rafael Videla y gran parte del sistema político. Ante todo eso, tenemos que hacer memoria.

Para la costumbre urbana, Abra Pampa es un pueblo chico. Sin embargo, es la ciudad principal del departamento de Cochinoca y representa un punto de comercio clave para La Puna. Habitado por 16 mil personas, está a casi 3500 metros sobre el nivel del mar y a 70 kilómetros de La Quiaca. Sus calles son de tierra y sus pobladores cálidos y amables. Por esta época, es normal que las gotas de lluvia convivan con el sol seco pero intenso, característico de la zona. Como resultado, nacen casi diariamente arcoiris gigantes que ya no sorprenden a la gente del pueblo, pero sí a los viajeros. La biblioteca está frente de la plaza, a metros de la iglesia, en un local pequeño pero con muchas verdades. Cuando uno ingresa, lo primero que ve colgada sobre la pared es la Whipala, la bandera multicolor –como el arco iris puneño– que representa a las etnias andinas.

Sobre los estantes, los libros se clasifican en “Cuentos y leyendas”, “Análisis latinoamericano”, “Pensamiento de izquierda”, “Luchadores, análisis y símbolos andinos”, “Qollasuyu”, “Tawantisuyu”, “Educación intercultural”, “Derecho indígena” y “EZLN”. Y algunos de los títulos que se pueden encontrar son La rebelión de Túpac Amaru, de Boleslao Lewin; Los indios invisibles del Malón de La Paz, de Marcelo Valko; Etnias andinas de Bolivia, de Federico Aguiló; El libros de los abrazos, de Eduardo Galeano; Nayjama, Introducción a la mitología andina, de Fernando Diez de Medina; Tragedia del Fin de Atawallpa, de Jesús Lara; Matar la tierra, de Alberto Rodríguez; Subcomandante Marcos, el sueño zapatista, de Yvon Le Bot; Chiapas, cuando la dignidad se levanta y camina, de Marcelo Fabián Monges o Marcos, la dignidad rebelde, conversaciones con Ignacio Ramonet, entre muchos otros.

– ¿Cuál es la importancia de esta bibliografía?
– Por ejemplo, Marcelo Valko escribió un libro sobre El Malón de La Paz que aportó una visión distinta de esa historia. Hay mucho material también sobre la reivindicación de los pueblos originarios. Nosotros no hacemos distinción entre Bolivia y Argentina, sino que somos el Qollasuyo (región de la nación Qolla –también se puede escribir “Kolla” o “Colla”–, en quechua), que es una de las cuatro regiones del Tawantinsuyu. Bolivia pertenece al Qollasuyo norte, junto con el norte de Chile, donde están los aymaras. Nosotros somos aymara-quechua. Entonces, juntamos todo este material para ir construyendo algo. Y también nuestra idea es compartir la obra de pensadores libres como Eduardo Galeano u Osvaldo Bayer, que reivindican nuestra causa.

– ¿Cómo consiguen los libros?
– La gente que viaja dona mucho. Y también hacemos un fondito para comprar libros, por ejemplo, en encuentros que se realizan en todo el continente y a los que van hermanos a participar. También somos abiertos, ya que pasan grupos de distintos movimientos a visitarnos. Entonces vamos recopilando bibliografía. Hermanos que nos dejan, por ejemplo, libros sobre el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) de Chiapas, México. De esta manera, compartimos la lucha de todos los pueblos originarios, que es una sola. En distintos puntos tienen sus procesos, y eso es lo más rico que podemos tener.

Los miembros de la biblioteca trabajan activamente dentro de la comunidad. Por ejemplo, realizan talleres dentro de las escuelas. “Los profesores saben el material que hay acá, entonces vamos haciendo un trabajo de recopilación y han salido cosas muy buenas como resultado”, destacó González. Además, Miriam Vilte, integrante desde los orígenes de la biblioteca, allá por 2006, es docente de Ciencias Sociales y Lengua en la escuela primaria de Abra Pampa. Entonces, aprovecha su condición para enseñar cultura andina, como conocimientos alternativos al programa oficial. “Tuve una reunión con los papás, muy grata, porque vamos a empezar a trabajar con la actual Ley de Educación, que deja un poco relegada a la interculturalidad, ya que la toma como si fuera folklore, nada más. Y no es eso, sino que es nuestra vida diaria”, apuntó Vilte, antes de resumir que la idea es enseñar cómo llevan su cosmovisión andina.

– ¿Y cómo se capacitan y recuperan los conocimientos ancestrales?
Miriam Vilte: No solamente nos autoeducamos, sino que también recibimos preparaciones. Nos movilizamos como biblioteca para asistir a congresos y charlas con catedráticos que trabajan con comunidades aborígenes. Charlamos con los abuelos, que son sabios. Y ahora, una propuesta que le hice a los padres de los chicos, es que tal vez empecemos a traer al abuelo al aula. A partir del abuelo yo voy a dar mis clases sobre cosmovisión andina, porque él me va a guiar. Hoy en día estamos viendo cómo el imperio o Europa se va decayendo ¿Pero cómo nuestra cultura fue permaneciendo desde hace tanto tiempo? Porque estaba bien organizada. Cada natalidad que había se lo registraba, había un control de población, cosa de que nadie pasara hambre. Otro ejemplo es el respeto hacia los padres y hacia los hijos. Había un control estricto.

– ¿Y en la actualidad qué sucede?
– Llamás al papá para contarle que el hijo se portó mal y reacciona mal contra el maestro, pero no va a reprender al hijo. Por eso el rol de papá también está siendo dejado de lado. Algo así pasó con el trabajo, aunque ahora la gente por suerte está volviendo a pedirlo. Es decir, está volviendo a ganarse el dinero con el sudor y no a través del asistencialismo. El sistema hace más gente ociosa que trabajadora. Pero eso no es nuestro, no es propio del kolla. Es propio del occidentalismo que nos invadió con sus ideas y acá las fuimos absorbiendo. El kolla siempre fue trabajador y se dedicó a la agricultura y a la ganadería.

– Entonces, uno de los valores que se intenta recuperar es el trabajo relacionado con la tierra…
– Claro, eso estamos haciendo: volviendo a los orígenes. Porque va a llegar un tiempo en el que ni el Estado va a poder salvar las cosas que se van a venir. Entonces, lo que nosotros hacemos como andinos es volver a lo nuestro. Volver a sembrar, volver a los cereales, volver a nuestra cría de ganado.

– ¿Cómo incentivan a las personas para que se acerquen a leer?
– Al comienzo fue difícil, porque veían una biblioteca con libros y nada más. Con el tiempo nos fuimos involucrando. Por ejemplo, con la problemática de la minería o cuando considerábamos que una situación no era correcta, tratábamos de conversar con la gente para evitar que fueran arrasados sus derechos, sobre todo como indígenas. En lo que refiere al territorio, estamos muy fuertes: queremos que se devuelvan las tierras a nuestros abuelos y a nosotros mismos. No son nuestras tierras, sino que pertenecemos nosotros a ellas. Es nuestra Pachamama. Somos parte del todo.

Contacto: niawpayachaykuna@yahoo.com.ar