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Escenas de una Barcelona sin Messi

BARCELONASIN_ENTRADA
#MUNDIAL2014 Los perros actúan raro, los académicos confunden butifarra con salami y las catalanas odian el acento argentino. Complejo de castración de dimensión citadina. Ilustración: Juanma Tumburus (Blogger)

Por Laureano Debat
Especial de Barcelona Inconclusa para NaN

Dos nenes árabes salen disparados de una casa del barrio del Raval como cachorros a tomar aire. Están bastante decididos a desobedecer un cartel que cuelga en la pared de un rincón asfaltado que la nomenclatura municipal decidió llamar plaza: “Prohibit jugar a la pilota”. El más bajito, el dueño de la pelota, mira hacia atrás. Su padre ha quedado lejos, conversa en el portal con un imán barbudo y canoso. No hay manera de que pueda escucharlo, pero ni así se quiere arriesgar. Le pregunta a su amigo con un murmuro, cara de travieso: “¿Puedo ser Messi?”.

Barcelona es una ciudad de perros mimados que van a la peluquería y salen a pasear con vestidos, camperas y remeras entalladas. Perros de clase media que, no contentos con tener cosas que no necesitan, también se deprimen y van al psicólogo de perros. Dicen que por estas fechas hay muchos canes en plena crisis de identidad: un 63 por ciento, más o menos, según la última encuesta del Colegio de Veterinarios de Cataluña. Ese porcentaje de perros barceloneses que hasta hace poco tenían el Nombre Impronunciable y que ahora se llaman Merchi, Mesti, Melendi, Melli y otros derivados por el estilo.

Las parrillas, los bares, los restaurantes donde dicen que decían que comió y bebió siguen haciendo marketing, pero con un spot a la negativa: “Aquí nunca hubo ninguna pulga”. Todos los otros sitios donde nunca dicen que dijeron que comió y bebió, también: “Desde siempre, de toda la vida, sitio libre de pulgas”. En ambos casos, no se trata de carteles pintados a mano sino de afiches oficiales con el sello del Ayuntamiento de Barcelona, que han ido colgando en los locales los funcionarios expertos tras un extendido peritaje.

Estaban orgullosos de que tenía sangre catalana. Periodistas de la cadena TV3 dijeron que lo rastrearon, que habían consultado los archivos, que subieron muy lejos en las ramas de su árbol genealógico y que comprobaron que sí, que sus bisabuelos vivían en pueblos del interior catalán y que preparaban fideuá y butifarras. Pero el Instituto Antropológico de la Universitat Pompeu Fabra, con avales académicos y sellos y mucha prisa, convirtió la versión patriótica en un rumor televisivo: el muchacho nunca tuvo sangre catalana, los supuestos parientes directos no eran ni siquiera lejanos, los pueblos o cambiaron de nombre o dejaron de existir, la fideuá era tagliatelle y la butifarra un salami calabrés.

El 13 de julio de este año será la última noche del festival Cruïlla 2014 en el Parc del Fórum. Los portorriqueños de Calle 13 harán el cierre, teloneados por un nuevo grupo llamado Pint-Hop cuyo líder, vocalista y DJ es el ex arquero del Barça José Manuel Pinto. El andaluz sigue manteniendo su look, ese surco de trenzas morenas bien formadas, pero ahora se deja ver por el centro de la ciudad a bordo de limusinas Hummer de color rosa. Es el nuevo rey del rap catalán. Retirado del fútbol y ya sin su patriarca protector, parece haber encontrado al fin su verdadera vocación.

La marca de papas fritas Lays ya no tiene a un desgarbado niño cara de bueno comiendo del paquete: ahora lo aprieta con virilidad británica un calvo Wayne Rooney que viste la camiseta blaugrana. Kobe Bryant se juega su ego con el Cholo Simeone en los pasillos de un avión de Turkish Airlines. Del escaparate de la tienda oficial Nike del Paseo de Gracia han desaparecido los botines científicos y ergonómicos que hacían milagros: ahora hay maniquíes musculosos sin cabeza, blancos impávidos luciendo trajes anti-transpirantes del futuro.

Las chicas catalanas odian el acento argentino. No es sólo que antes las mojaba y ahora ya no les guste y nada más: ahora les produce arcadas, lágrimas, ataques de pánico. Los pocos argentinos que quedan tratan, en vano, de hacerse pasar por uruguayos. Y a los uruguayos auténticos no les queda otra que ensayar dejos chilenos o paraguayos, sin mayores resultados. Esa verba segura y sobrada, tan solicitada hace apenas meses, hoy es cosa de museo que ya nadie quiere visitar. Si la mítica Madame Ivonne del tango de Cadícamo viviese hoy en Barcelona podría llamarse Montserrat Dalmau y en lugar de ser la papusa del viejo Montmartre sería la mistonga florcita de liz del Molino de Poble Sec. Y habría un 90 por ciento de probabilidades de que a ese argentino que entre tango y mates le propone irse a Buenos Aires lo hiciera sacar del lugar por patovicas rumanos de varias patadas en el culo.

Es furor el programa de TV La Argentina de Tato, aquel especial futurista que conducía Leonardo Sbaraglia y que estaba narrado como falso documental, compilando los mejores momentos de Tato Bores en televisión como único rastro concreto de un país que se llamaba Argentina y que había desaparecido del planeta. La empresa textil Zara ha lanzado unas remeras especiales y unisex como las joyas de su colección primavera-verano, que tienen estampado un mapamundi en el que el territorio argentino ha sido tragado por el Océano Atlántico, con la leyenda “Argentina has never existed”.

Había una especie de pájaro silvestre conocido como loro argentino. Era verde chillón. Le gustaba sobrevolar las plazas céntricas de la ciudad. Era bastante pequeño, pero el sonido que emitía resultaba aterrador para las otras especies con las que compartía árboles. Era considerado una plaga, sobre todo en el verano, cuando se reproducía y multiplicaba. Según el mito, había llegado de ilegal en un embarque un poco confuso. Las autoridades ambientales siempre discutían cómo reducir los ejemplares sin que ello significara un nocivo impacto ecológico. La discusión se acabó con la partida del hijo pródigo: el loro argentino es hoy una especie en extinción absoluta. ¿Cómo lo lograron? Trayendo containers de gatos rosarinos, considerados aquí un animal sagrado luego de que trascendiera, en un exceso de anacronismo total, el rumor del noticiero amarillo del Canal 9 de la década de los noventa sobre la dieta herética de los pobres rosarinos. “En Barcelona, los gatos no se comen. Son ellos los que se comen a las plagas”, comienza el informe del Departamento de Medio Ambiente de la Generalitat de Cataluña, en el que explican los detalles y resultados del proceso de saneamiento.

Están los Paranoides Conspirativos Positivos. Los que hablan de una gitana bellísima del barrio de La Mina que quedó embarazada del crac y de la consiguiente huida para evitar una campaña de prensa fulminante. Los que conocen cifras de una deuda inflada e imposible que dibujaron los fascistas del Ministerio de Hacienda de España. Los que tienen datos de amenazas concretas de la mafia rusa para apresurar su contrato con el Zenith de San Petersburgo. Los que escribieron El exilio forzado de la víctima, el primer libro prohibido en Barcelona desde la vuelta de la democracia.

Y están los Paranoides Conspirativos Nihilistas. Los que hablan de él como un agente del gobierno de Madrid infiltrado en las canteras catalanas para desgastar las inclinaciones independentistas. Los que dicen tener facsímiles de documentos que lo vinculan en negociados con el ex presidente Aznar y el mismísimo Juan Carlos I antes de su abdicación. Los que buscan de manera obsesiva el lugar de reunión de la logia secreta en la que el muchacho conspiraba junto con Figo, Ibraimović, Martino, Villa y otros tristemente célebres que integraron las filas del Barça.

Ambos grupos tienen sus templos messiánicos y anti-messiánicos, sus fieles y sus fanzines. Y viven prometiéndose tragedias shakespeareanas.