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Alejandro Zambra: “Es más fácil ser un héroe en democracia”.―

Uno de los escritores más representativos de la literatura latinoamericana actual repasa algunas ideas que se desprenden de su última novela, Formas de volver a casa: pinochetismo, el gobierno de Sebastián Piñera y las relaciones familiares.

Por Carola Murata
Fotografía gentileza de Guadalupe Lombardo

Buenos Aires, junio 8 (Agencia NAN―2012).―Es reconocido por su novela Bonsái, llevada al cine, presentada en el Festival de Cannes de 2008, y traducida a varios idiomas. Su prosa es intempestiva porque confronta, pone en tela de juicio el reciente pasado dictatorial de Chile. No teme tomar postura contra medidas implementadas por el gobierno del presidente chileno Sebastián Piñera. Desde el otro lado de la Cordillera, el escritor Alejandro Zambra (Santiago, 1975) dialogó con Agencia NAN sobre su última novela Formas de volver a casa (Anagrama), que sirvió de pretexto para navegar por zonas turbulentas del quehacer literario: la literatura de los hijos que vivieron durante la dictadura de Pinochet, de sus lecturas argentinas, del sentido de la escritura y para deslizar cuestionamientos a las políticas conservadoras del país trasandino.  
El protagonista de la novela es un escritor de 35 años que se acaba de separar de su pareja, Eme. En simultáneo comienza a escribir un diario personal. Allí registra el proceso de escritura de una novela cuyo disparador es una anécdota de infancia de su ex.  La historia emerge de la memoria de un niño: sus recuerdos e imágenes fragmentarias de la década del ’80 de Chile, un país sumergido en la dictadura de Augusto Pinochet. Los recuerdos de niño se iluminan en un gesto de reconstrucción, un esfuerzo por volver a casa, por recuperar desde la zona intermitente de la memoria, una historia que son muchas. “Aprender a contar su historia como si no doliera. Eso ha sido para Claudia, crecer: aprender a contar su historia con precisión, con crudeza”. Esta frase cifra como un intento de regresar de la violencia simbólica del silencio que instauró el proceso militar en Chile. Así Zambra busca resemantizar la historia, redescubrirla y contarla, contar la historia del otro que es la propia.
― En su novela Formas de volver a casapersiste la idea de Chile como un campo de batalla y un diálogo generacional debido, resentido y pendiente respecto de la dictadura de Pinochet. ¿A qué se refiere con “literatura de los hijos”?
La posibilidad de construir un discurso autónomo dentro de todo. O sea, en el libro se habla, en especial sobre esta sensación de no tener historia que creo que compartimos los de mi generación. Más bien de que la historia era algo que les había sucedido a nuestros padres. Crecimos contando lo que a ellos les había pasado, y por supuesto desde el lugar que nos tocaba o nos había tocado verlo, experimentarlo pero sin internalizarlo como una experiencia propia. En la novela se trata de recuperar con precisión, la experiencia de la infancia y como esa infancia estaba intervenida por una dictadura y como también, de pronto, esa misma infancia se parece a otras.
― Una historia que son muchas
Claro, no hay una sola manera de contar esa historia y eso lo sabemos pero creo que al escribir eso que sabemos lo comprobamos y también se modifica un poco.
― ¿Usted se siente parte de un colectivo?
Yo pienso en mi generación, en general, y en particular en algunos poetas, que hemos crecido juntos, que nuestras búsquedas coinciden o han coincidido y seguramente van a coincidir, no tanto en términos formales o estéticos ni siquiera temáticos sino una manera de buscar a través de la literatura, de formular una experiencia.
―En la novela, hay un posicionamiento ambivalente de los hijos en el proceso de la dictadura que oscila entre instaurar el diálogo rastreando la participación activa o la complicidad civil de los padres y por otro lado, el hecho de no caer en lo que usted llama “manual de comportamientos”. ¿Cuáles son las dificultades para poner en palabras ese diálogo truncado?
Yo creo que más que ambivalencia que desde luego también me importa, es la ambigüedad. Pero más que eso, es un deseo de precisión que choca con la realidad. Diría que es una moralidad, como buscar con todos los medios posibles una versión, una versión que nos convenza. Eso es muy difícil. En verdad los hijos juzgan siempre a los padres pero ese mismo movimiento es muy evidente. La historia parece siempre responder a ese impulso de los hijos por ir en contra de sus padres. Pero eso también es muy simple, no es todo. Es muy fácil para estos hijos de estos padres que no fueron héroes, sentirse ellos mismos unos héroes. Es más fácil ser un héroe en democracia.
― Es interesante esta idea de que trabaja de volver a casa como si fuera de una guerra que no ha terminado, como desertor.
Claro, a mí me parece que eso es muy importante porque el año pasado sin ir más lejos en Chile se demostró en los hechos que todos estos gestos urgentes que hizo la Concertación y en general el país para dar vuelta la página, eran gestos muy insustanciales, muy precarios. Un tema como la educación, por ejemplo, había sido olvidado prácticamente por todo el mundo y gracias a los estudiantes secundarios y universitarios se puso nuevamente en circulación y ahora a todo el mundo le parece muy obvio, muy necesario modificar la legislación y la intervención absolutamente invasiva de la dictadura de Pinochet. Todo lo que buscan los estudiantes, en rigor, es restaurar algo que existía en Chile.
― Sí, ejercer un posicionamiento crítico respecto a políticas neoliberales que fueron naturalizadas en algún punto…
Claro…
― Teniendo en cuenta las declaraciones del tercer ministro de educación del gobierno de Piñera, Harald Beyer que justificó la sustitución de la palabra “dictadura” por una más general como “régimen militar”, en el libro un profesor le dice a un chico que un día en Chile se podrá hablar de todo.  Pero, ¿se podrá?
Yo creo que se cumple en la medida en que lo que dijo Harald Beyer a una parte importante de la población chilena le parece una estupidez. La mayor parte de la gente piensa que Piñera está activando un discurso que no corresponde. La mayoría, de eso estoy seguro, de los chilenos piensa que hay que llamar dictadura a la dictadura.
― La sustitución del término no es ingenua…
En lo absoluto es ingenua pero es una estupidez. Nosotros concebimos esto como una cosa extraordinariamente autoritaria, una torpeza más de un gobierno que ha sido torpe pero que también, a través de estos gestos,  revela su ideología frontalmente cosa que se ha resistido a hacer. Piñera ha gobernado como queriendo aparecer siempre como una especie de demócrata y también ha gobernado como gobiernan los gerentes generales de una empresa. Pero claro, hay este tipo de gestos que son profundamente ideológicos como proponer este eufemismo a la dictadura que revela quiénes son realmente estos sujetos. Ahora, sí creo que fue muy valiosa la reacción de la gente en las redes sociales y en la calle  propósito de las manifestaciones.
― Volviendo a la novela, hay un territorio poético que es tangible como contrapartida al silencio de la dictadura, hay una red discursiva que entrama, que resulta interesante y que conjuga la poesía y la música….
Claro, yo creo que hay un momento en que esta infancia, esta opacidad de la infancia de los años ‘80, esta proximidad entre el silencio y el silenciamiento fueron modificados por la aparición de la literatura. Y yo creo que el libro también habla un poco de eso, del descubrimiento, del poderío del lenguaje más allá incluso de lo que se puede decir objetivamente, más allá de los temas incluso. Cuando era chico fue extraordinariamente valioso el descubrimiento de las palabras en sí mismas, de la posibilidad que te daban las palabras, incluso de la capacidad de la palabra de abrir un mundo sensorialmente… un lenguaje que no era funcional, un lenguaje que te pudiera conectar con sensaciones inéditas, nuevas.
― Claro, de hecho el libro da la sensación de que está impregnado de esta percepción, de una zona intermitente del recuerdo que tiene el niño.
Bueno… (risas). Es un libro de la infancia y del presente. La literatura es una herramienta muy valiosa, más allá de la simple constatación de hechos. Me parece que nos permite conectarnos con cosas que inclusive no sabemos muy bien cuáles son pero que son importantísimas porque nos constituyen.
― Claro, la literatura como, tal vez, un espacio de develamiento de ciertas zonas oscuras en los discursos oficiales también.
Sí, claro.
― Dentro de tu producción, ¿Formas de volver a casa  integra un proyecto poético, un corpus?
Mira, yo creo que sí está conectada con novelas anteriores. En particular con la que la antecede La vida privada de los árboles, hay  un momento en que el personaje, el protagonista recuerda su infancia en los años ‘80 y piensa en ese tiempo y en la necesidad de recuperar ese tiempo y de escribirlo. Y de ahí nace esta novela, aunque en verdad siempre creí que iba a escribir una novela sobre ese tiempo, sobre los años ‘80. Porque claro, y también en ese sentido, es muy difícil. Yo no sabía muy bien cómo lo iba a abordar. Desde luego, hablar sobre la infancia en mi caso es hablar sobre la dictadura. Este libro habla de la generación de quienes nacimos en los primeros  años de la dictadura. Yo tenía la sensación de que así iba a ser, de que iba a escribir ese libro en algún momento y en los últimos años se hizo urgente escribirlo.
― ¿Qué lecturas lo movilizan ahora?
Bueno, muchas cosas. Justamente he estado leyendo, hace bastante tiempo que estoy leyendo mucho a Hebe Uhart, una escritora argentina impresionante. Me interesa mucho lo que ella hace. También he estado leyendo a un poeta chileno Leonardo Sanhueza y a Andrés Anwandt que publicó un libro muy bueno, muy importante, Amarillo crepúsculo.
― La última pregunta, ¿por qué escribe?
Yo creo porque es absolutamente necesario, en lo personal. O sea, es un juego al principio, luego nunca deja de ser un juego pero de pronto se transforma en un hábito. Creo que tiene mucho sentido escribir, mucho sentido publicar… pero si soy completamente honesto escribo porque en algún momento, casi sin saberlo, decidí que de esa manera iba a ver yo el mundo desde ese lugar. En verdad no podría no escribir.