Ciudad Captada es el nombre de este colectivo que trabaja con la literatura e imágenes urbanas. Primero convocaron a fotógrafos que los llenaron de instantáneas cotidianas y luego éstas fueron apropiadas por escritores que volvieron a disparar sobre la calle pero con palabras. En ese ida y vuelta los resultados arrojaron 79 trabajos en conjunto que pueden verse gratis en internet.
Por Laura Bernatené
Fotografía gentileza de Nicolás Zonvi
Buenos Aires, junio 7 (Agencia NAN-2012).- En el mundo actual las imágenes y las palabras se mueven juntas construyendo mensajes, tanto publicitarios como informativos. Las revistas publican textos apoyados en fotografías, los diarios utilizan epígrafes para anclar las imágenes y los carteles publicitarios callejeros imprimen fotos enormes acompañados de alguna leyenda corta y eficaz. A primera vista podría decirse que cumplen la función que se proponen: ya sea vender objetos, ideas, información o estereotipos. ¿Pero qué sucede cuando la conjunción de ambos soportes se macera únicamente con fines artísticos, poéticos y estéticos? ¿Logra construirse un mensaje homogéneo?
Entre algunos de los experimentos que incorporan fotografía y escritura está La ciudad captada, una iniciativa de Eternautas, un grupo de historiadores que brindan visitas guiadas turísticas y culturales por los recovecos porteños. La idea se concibió para contar historias de Buenos Aires a partir de “la multiplicidad y arbitrariedad”, dos condimentos poco frecuentes. “No hay búsqueda de coherencia”, señala Lucas Rentero desde la organización. Los fotógrafos enviaron sus imágenes de la ciudad las cuales funcionarían como disparadores de historias. “Se necesitaban valientes no historiadores”, propone el encabezado de www.laciudadcaptada.blogspot.com.arsitio donde el material fue subido. “Las fotos permiten una relación histórica narrada pero su abordaje desde la ficción o la poesía las proyecta más intensamente que una narración histórica”, explica Rentero.
Marcelo Guerrieri, oriundo de Lomas de Zamora, estudiante de los últimos años de Antropología, escritor de El ciclista serial y de otros cuentos publicados en diferentes antologías y revistas literarias, fue uno de los colaboradores del proyecto que inspiró dos de sus textos en fotografías de Nicolás Zonvi. Zonvi es fotógrafo y tras haber cursado (casi toda) la carrera de periodismo colabora fotográficamente con diarios suizos -vive allá- y prefiere “lo instantáneo de la fotografía”. Agencia NAN conversó con ambos para reflexionar acerca de esta unión de lenguajes.
Cuentos y fotografías
La primera duda que se genera a partir del proyecto brota a partir de la gestación del texto mediante una imagen. ¿Es posible? ¿Cómo se hace? Guerrieri lo encuentra común a su formación, ya que en los talleres de narración que tomó con el escritor Alberto Laiseca era recurrente trabajar con consignas. “Eso te ubica en un lugar al que quizás vos no hubieses ido naturalmente. Las imágenes nos vinieron de afuera, entonces el tema era cómo la traías hacia vos: ver qué vibraba en mí para conectarlo con algo propio. Después, lo traduje a una historia que de alguna manera lo simboliza”.
Tempranamente, en 1962, Julio Cortázar planteó la idea de resonancia entre el cuento y la fotografía en “Algunos aspectos sobre el cuento”. En un pasaje del texto, Cortázar decía: “el fotógrafo o el cuentista se ven precisados a escoger y limitar una imagen o un acaecimiento que sean significativos, que no solamente valgan por sí mismos sino que sean capaces de actuar en el espectador o en el lector como una especie de apertura, de fermento que proyecta la inteligencia y la sensibilidad hacia algo que va mucho más allá de la anécdota visual o literaria contenidas en la foto o en el cuento.”
Guerrieri halla puntos comunes en esta postura, no sólo desde el lugar de la corta extensión, donde “el recorte es central”, sino también porque considera que se puede hacer “el camino desde los dos lados: del cuento hacia una foto y de la foto hacia un cuento”. En uno de los talleres de escritura creativa que da en el Espacio Cultural Carlos Gardel de Chacarita, trabaja de forma conjunta con Florencia de la Vega a cargo del taller de fotografía. Los chicos hacen sus fotos y se las dan a los alumnos del taller narrativo y viceversa. Producto de eso el año pasado hicieron una muestra conjunta de este vaivén.
Desde la distancia, a través de Skype, Zonvi indica que pensar un proyecto del estilo de La ciudad… pero de manera inversa, donde la escritura dispare la idea de una foto, concebiría una imagen “más literal. Con una foto la persona que escribe puede ir hacia cualquier lado, en cambio si alguien está escribiendo de fútbol es más difícil salir de ahí”.
Para Guerrieri esta experimentación de mixtura de formatos no es nueva. Además de la actividad generada entre los talleres de escritura y fotografía, había participado en 54 semanas -similar a La ciudad – y en la construcción de la blognovela Detective Bonaerense, un novedosa forma de relato nacido desde y para las amplias posibilidades que brinda internet, sirviéndose de un popurrí de audios, videos, fotografías y links que vinculan a otros sitios. “No tenía idea de cómo iba a ser ese entramado, pero me paré del lado de la escritura y trabajé los elementos ajenos a la palabra tratando de componer algo. No es como una traducción donde lo que escribía en papel después lo pasaba al blog”.
En el caso de La ciudad… la imagen iba a estar incluida en el resultado final, es decir que no iba a utilizarse sólo como puntapié sino como un elemento necesario para el resultado final. “De entrada sentí que tenía que hacer algo con eso. No podía trabajar como si la foto no fuera a estar sino que se iba a componer algo entre los dos”
Siguiendo la línea de Cortázar, el escritor indica que su trabajo partió también de una resonancia. “Me parece que lo interesante es trabajar con la idea no de condicionamiento, ni siquiera de complementariedad, sino de cómo resuenan ambos formatos componiendo uno nuevo. Es saber que estás trabajando con los dos al mismo tiempo y tenés que solucionar eso”.
Acumulación o integración
Entonces, ¿existe la creación de una tercera entidad con texto y fotografía? Para Guerrieri el sí es rotundo ya que ambos formatos no están plantados ahí como cosas individuales sino que se retroalimentan. Cuenta que las tres narraciones que elaboró a partir de dos fotografías de Nicolás Zonvi y una de Matías Canelson integran historia e imágenes: “Veo la foto y lo que escribí y me cuesta verlas separadas. Traje algo que no era mío a una historia mía y produjo algo de unión, de intercambio. Las veo como dos partes de algo”.
Zonvi cuenta que al hacer fotografías no está pensando en mostrar algo determinado o en elaborar una crítica puntual sino que desde su arte –y dejando de lado su labor como fotoperiodista- lo trabaja desde la percepción y no desde “un punto muy intelectual”, donde la intuición al componer es esencial. “Cuando la tomé me llamaron la atención los chicos jugando a la pelota en una cancha que era como una L, con todo el polvo; me parecía linda visualmente. Que estuviese de fondo el Congreso era un anclaje de tipo geográfico: chicos jugando al fútbol en Argentina.”
Así como Zonvi hizo una interpretación y un recorte de lo que tenía delante de sus ojos y lo plasmó en una fotografía, Guerrieri hizo la suya al observar la imagen: “Sentí una mezcla entre lo popular y la base, entre lo institucional y lo que está por encima mezclado en un mismo espacio. Y en seguida conecté con el 2001, ese momento donde lo institucional estaba tan en crisis –describe. Hubo una conexión de experiencia de vida. No analicé si trabajaba los claroscuros sino el impacto que me produjo la foto”. Sin embargo, Zonvi, que hizo la fotografía en otro contexto al imaginado, lejano a esa fecha, señala: “La interpretación que yo hago es otra. Pero en definitiva toda la historia que armó Marcelo está buena y es muy loco ver cómo alguien puede crear una historia con tu foto.”
Es por eso que desde la visión de Zonvi esta tercera entidad se construye recién al aparecer la mirada de una tercera persona: “Quien lo ve desde afuera no sabe toda la información que tienen el fotógrafo y el escritor”, lo que facilita la comprensión de esa fusión compuesta por dos partes, pero conformando un todo e incluso, a veces, reinterpretándolo nuevamente.
El interrogante sigue dando vueltas: ¿Cómo podría darse esta fusión, de manera que ambos lenguajes se pongan en práctica en el mismo momento, que alcancen cada uno el mismo protagonismo con el fin de construir un mensaje homogéneo? Al estilo del cadáver exquisito: “Podría hacerse con varias fotos y varios textos –imagina Zonvi-. El fotógrafo da una foto, el escritor escribe un texto y de acuerdo a lo que él escribió se busca hacer una foto. Y que de ahí tenga que seguir improvisándose el texto.”