A diez años de la muerte de Ricky Espinosa, decenas de editoriales independientes llevaron a cabo un encuentro para darle luz a los libros de ese movimiento. Hubo mesas debates, muestras de fotos y, claro está, música punk.
Por Nahuel Gómez
Fotografía de Federico Moscoso
Buenos Aires, junio 8 (Agencia NAN―2012).― ¿Cómo llegó un pequeño movimiento nacido en el patio trasero del viejo imperio a expandirse hacia estas latitudes? ¿Quiénes lo hicieron posible? ¿Qué destellos de aquella explosión filosófica, cultural, política y musical del viejo continente se hicieron presentes en nuestro país? ¿Qué papel jugó el fanzine en la proliferación de la cultura punk nacional? Estas y otras cuestiones fueron abordadas, de diversas maneras, en la primera Feria del Libro Punk.
Esa generación de los ‘80 que, también en el país, profesaba el “no future”, se reunió para reflexionar sobre su pasado. Lo desmenuzó en una propuesta que incluyó desde los ya clásicos (e íntimamente ligados a la cultura punk) fanzines, hasta libros, pinturas, fotografías de aquellos años, debates y proyecciones. Todos estos elementos, acompañados por el sonido rasposo de los acordes de quinta que sonaron durante toda la tarde-noche, ayudaron a generar una atmósfera que invadió de recuerdos incluso a los jóvenes que se acercaron a Salón Pueyrredón el domingo último, quizás hipnotizados por la nostalgia de un pasado que no vivieron.
Sin duda, esa nostalgia fue principalmente impulsada por el material bibliográfico disponible en el encuentro: libros que retratan la historia de los íconos y movimientos emparentados con el punk criollo. Por ejemplo, La historia de Los Violadores, de Esteban Cavanna; Derrumbando la Casa Rosada, una obra punk documental con contenido político, firmada por varios autores, que se escabulle en los mitos y verdades de los orígenes del movimiento en Argentina; o El último punk, de Sebastián Duarte: una por demás exitosa biografía de Ricky Espinosa.
Además, se exhibieron libros con temáticas netamente emparentadas con esta movida, como Historias del Buenos Aires Hardcore, de Julián Vadalá; y La manera correcta de gritar, una reseña de Daniel Flores, y sustentada en una recopilación de cerca de cincuenta entrevistas a voces autorizadas del ska, que indagan sobre los inicios de este escuela. Tampoco faltaron las recopilaciones de fanzines en versión libro como, En la cancha se ven los pingos, de Fernando Prim; y la presentación de Mi pequeña colección de funzinez, de Boom Boom Kid, que lo tuvo a Nekro ocupado en la atención de un pequeño stand del evento.
Quizás el libro retrospectivo por excelencia ―y también el más homenajeado― que se presentó en esta feria haya sido Punk: la muerte joven, del periodista y escritor Juan Carlos Kreimer, escrito, en 1977, en Londres. El texto es una simple crónica periodística que su autor define como “un libro sobre punk, no un libro punk”, que “solo buscaba informar sobre lo que sucedía”. Pero casi como si fuera un libro punk, es decir, sin demasiadas pretensiones, es que el autor marcó a muchos músicos y escritores argentinos y latinoamericanos, sedientos de noticias sobre lo que se estaba gestando en una isla del otro lado de Atlántico.
Una de las perlas de la feria fue una charla debate entre algunos referentes importantes (y otros no tanto) de la cultura punk, como Patricia Pietrafesa (escritora y editora de fanzines, ex integrante de la banda Cadáveres de niños, actual Kumbia Queers, y principal organizadora del evento), Marcelo Pocavida (leyenda del punk de los ’80) junto con los periodistas y escritores Sebastián Duarte, Daniel Flores y Esteban Cavanna; reflexionaron sobre cómo y por qué el libro de Kreimer influyó en sus vidas.
La propuesta se condimentó con una serie de intervenciones artísticas, como una pequeña exposición fotográfica sobre los inicios del movimiento en el país y la presencia del fotógrafo que documentó los primeros recitales de Los Violadores, Pedro Bartholomai, quien este último domingo se dedicó a registrar con su cámara a todo aquel asistente que quisiera verse retratado a la manera en que se estilaba en un verdadero recital punk de 30 años atrás.

