El colectivo de danza compuesto por 25 hombre y mujeres bolivianos y del norte argentino tiene por misión no perder el legado cultural de sus antepasados, aunque se permite actualizar el folklore andino con pizcas de rock. “Los inmigrantes se convocaron a partir de la soledad y por la necesidad de querer encontrarse con los suyos”, cuenta el origen del conjunto Liliana Zuloaga, su directora. Actualmente prepara una puesta sobre el Taqui Ongoy de 1870: “Es que nuestros genocidios nunca se muestran, no se habla del tema”, se lamenta en una charla con Agencia NAN.
Por María Luz Carmona y Sergio Sánchez
Fotografía gentileza de Amerindia
Buenos Aires, noviembre 12 (Agencia NAN-2010).- Como muchos otros grupos culturales que nacen de la necesidad de expresar vivencias, ideas y sentimientos, surgió hace 24 años Amerindia, un colectivo de danzas andinas y autóctonas que generó un espacio de manifestación cultural y contención para los jóvenes que llegaban a Argentina desde Bolivia y el noroeste del país en busca de oportunidades laborales. Durante el proceso de adaptación, sólo tenían una certeza: no perder el fuerte legado cultural de sus antepasados. Y esa idea se fortaleció en la década del noventa. “Antes no hubieron oleadas tan grandes, como la que sucedió durante el ‘uno a uno’. En ese entonces, los inmigrantes se convocaron a partir de la soledad y por la necesidad de querer encontrarse con los suyos, es decir, de poder sostener la identidad. Creo que el ser humano siempre trata de manifestarse, comunicarse y tiene la capacidad para integrarse”, recordó ante el micrófono de Agencia NAN Liliana Zuloaga, directora de Amerindia.
Integración artística
Cuando Zuloaga habla de “integración” lo hace desde una posición favorable, que no esconde ninguna coerción. De hecho, una dosis importante de la creación artística y el espíritu del colectivo se debe a la interacción con la música popular con tintes rockeros del área metropolitana de Buenos Aires. “Cuando bailamos por primera vez con el grupo de música folklórica latinoamericana Imperio Diablo conocimos al público argentino, a esa ‘gente blanquita’ de ‘ojos claritos’ que saltaba en los recitales haciendo pogo. Entonces, en las coreografías fuimos incorporando saltitos en los bailes. Dijimos: ‘Si Imperio Diablo hace algo nuevo, tenemos que buscar códigos de movimientos que no nos deformen, pero que llamen la atención y el público vea que lo puede bailar’”, destacó Zuloaga, quien alimentó la idea de fusión musical a través de la inclusión de otros ritmos como el rock para crear una propuesta nueva que no perdiera la raíz originaria.
“Después de esa decisión se empezó a generar un crecimiento diferente”, completó la también trabajadora social. Y no se equivocaron: en 2007 fueron convocados por Vicentico para formar parte del video clip “El árbol de la plaza” (Los Pájaros, 2006). “El director del video produjo un quiebre. Uno que también se estaba produciendo en Bolivia en lo musical, porque el rock se mete dentro del folklore y lo transforma, pero no lo hace perder su ritmo, su melodía original. En Bolivia hay unos procesos culturales tremendos de búsquedas y de integración que aparecieron en los últimos diez años. Y sorprendió con esa novedad. Ese video recorrió el mundo y así se conocieron otras realidades”, se entusiasmó. Actualmente, también acompañan al grupo Arbolito en las presentaciones importantes: Cosquín 2010, Luna Park y Estadio Malvinas Argentinas fueron algunas de ellas.
Integración cultural
Además de reivindicar al folklore de los pueblos originarios de América del Sur a través de danzas típicas como caporales, sayas afrobolivianas, carnavalitos, tinkus, tobas, bailecitos, cuecas y diabladas, Amerindia logró consolidarse como un movimiento cultural, político y de inclusión social. “No bailamos únicamente, sino que analizamos lo que pasa en la sociedad, lo que nos pasa. Tenemos un componente social y cultural muy fuerte. Y estamos sorprendidos y muy agradecimos por la cantidad de jóvenes interesados por esta cultura, por el concepto de la tierra, de Pachamama. Creo que lo que estos chicos quieren es que les cuenten historias diferentes en relación a nuestra propia historia, es decir, relatos verdaderos de nuestra religión y de la gente que construyó América del Sur. Y esos son los jóvenes que están moviendo mucho el acontecer artístico”, analizó la coordinadora del ballet y del centro cultural homónimo radicado en el barrio porteño de Balvanera, puntualmente en la zona de Once.
Hace poco menos de una década, reconocer la descendencia indígena en Argentina era motivo de vergüenza. Y la discriminación aumentaba si se trataba de un boliviano. Aunque aún falta maduración, la cosa parece haber cambiado bastante: conservar los valores y costumbres indígenas hoy constituyen un motivo de orgullo. Eso se debe tanto a la llegada de un presidente aymara a Bolivia como la mejora de derechos para los que inmigraron a Argentina. “Antes, cuando las mujeres bolivianas venían a Buenos Aires se cambiaban la pollera por un pantalón y las dos trenzas pasaban a ser un colita, a causa de la discriminación que había. Y los jóvenes que venían a vivir a la ciudad solían negar su propio folklore, su propia identidad. Ahora es distinta la situación. De todas formas, hay que trabajar mucho con los chicos sobre ese tema. El rol de la mamá es muy importante en ese sentido, porque en la vida cotidiana es donde se transmite todo: la forma de comunicarte con otro, la comida, el idioma y la vestimenta. Hay que tener muy en claro cuáles son todas las herencias que tenemos y es importante que los padres las transmitan, porque cuando tomamos cuestiones foráneas hasta uno mismo se desconoce. Los procesos culturales, de transformación, son lentos en la vida cotidiana y artística pero son búsquedas que están afrontando los jóvenes”, resaltó Zuloaga.
Integración a secas
En Amerindia conviven no sólo los sonidos de la región de Los Andes, sino también los cálidos ritmos de los valles, como la cueca. Según el departamento en que se la interprete, la expresión varía. Por ejemplo, en Chuquisaca se caracteriza por ser un baile elegante que combina segmentos tristes y alegres; en Cochabamba es más popular y sencilla y en Tarija es mucho más agitada. Esas variaciones, con un vestuario siempre acorde, son las que representan fielmente los 25 integrantes del grupo: hombres y mujeres, jóvenes y adultos. Aunque los une la danza y la música, persiguen objetivos distintos: “En Amerindia hay quienes bailan porque les gusta, hay otros que lo hacen sólo para mostrar el folklore, algunos vienen para hacer amigos y hay quienes dicen que hay que hacer un plan de lucha”, diferenció la referente.
“Incorporamos a todos los que quieran bailar –continuó–, sin distinguir a nadie. Ahora estamos preparando una puesta sobre uno de los movimientos políticos y culturales de mayor resistencia que hubo en el continente a partir de 1870: el Taqui Ongoy. Unas 800 personas que se organizaron y resistieron la influencia religiosa y las enfermedades que traían los españoles. Fue un movimiento de resistencia revolucionario surgido en la región andina de Perú. Vamos a presentarlo para representar el genocidio andino. Muchos grupos muestran sus genocidios, pero los nuestros nunca se muestran. No se habla del tema. Es necesario ir para atrás para seguir hacia adelante”.
Contacto: centroculturalamerindia@gmail.com
