Por Rocío Ilama
Fotografía gentileza de Orquesta Escuela
Buenos Aires, noviembre 11 (Agencia NAN-2010).- Algo así como si fueran cables conductores, los pequeños integrantes de Orquesta Escuela aprehenden y transmiten la música popular y clásica, cargada de una energía inagotable propia de los más chicos. Es que ellos son los que la hacen sonar. Tienen entre 8 y 12 años y son los protagonistas de esta iniciativa musical en la que aprenden el instrumento elegido por ellos mismos, tal como en cualquier escuela de práctica orquestal. Así, alrededor de 80 pequeñitos de distintas escuelas y hogares de barrios periféricos de Almirante Brown se forman como músicos en la Orquesta Escuela, un proyecto de la Dirección General de Cultura y Educación de la provincia de Buenos Aires, que recibe el respaldo del municipio y, fundamentalmente, que es desarrollado a puro pulmón por los docentes y alumnos. “La propuesta musical y de contención tiene como prioridad trabajar con sectores en riesgo socioeducativo” y hacer del arte una herramienta para la inclusión y participación del chico, explicó Luis Díaz, trabajador social de la orquesta. En este espacio dedicado a la música, los chicos no sólo se juntan para desarrollar su formación sino para aprender la importancia del trabajo en equipo. Sentado en un aula que quedó vacía y silenciosa en tan sólo cuestión de minutos, Manuel Quintans, profesor de violín de la escuela, aseguró que su prioridad no es lograr que sean todos músicos profesionales, sino “personas que puedan disfrutar de lo que hacen y relacionarse sanamente con su entorno y sus pares”.
Violín, violonchelo, viola y contrabajo. Estos son los cuatro pilares que forman la orquesta. Sin ningún tipo de conocimientos previo, los niños se arriman a esos instrumentos, los exploran y “abordan libres de cualquier prejuicio; esa es la ventaja”, aseguró el profesor de violín, quien buscó despejar de esta forma algunos preconceptos sociales. En ocasiones, “quizá por desconocer la música folklórica argentina, pueden ser tildados como instrumentos elitistas, –indicó Quintans– pero se vuelve a partir de un prejuicio. El violín, por ejemplo, es un instrumento popular. Con él, en la Argentina, se tocan las Chacareras en Santiago del Estero, en Misiones la Polca, en el norte del país las Vidalas y, los guaraníes tienen un instrumento muy parecido al violín. También, interviene en el tango”. Aquí, los prejuicios no tienen lugar, son propios de los adultos y este es un terreno ganado por los más chicos.
Milagros tiene 11 años y participa de la Orquesta Escuela en el distrito de Almirante Brown, desde que comenzó a funcionar en agosto de 2009. Entre los cuatro instrumentos de cuerda que forman el grupo musical, Milagros decidió aprender a tocar el contrabajo. Su acercamiento a esa herramienta de música es únicamente en las clases, por eso después de más de un año y medio de práctica, decidió escribirle una carta al intendente de Brown, Darío Giutozzi, para poder obtener su propio contrabajo, explicó su mamá Gladis. Toda la familia participa de alguna forma y con entusiasmo de la orquesta, contribuyendo además a acercar esta posibilidad a la comunidad de su barrio. Los otros dos hijos de Gladis, Wendi, de 15 años, y Leandro, de 13, también se comprometieron y eligieron incursionar con la viola, “con el permiso del director –musical Ricardo Barrera–ya que excedían las edades para participar”, comentó la madre. Pero además, ella posibilita el acceso de otros chicos porque es la encargada de acercar a las prácticas a 11 niños más de la Escuela N°11, a donde asiste su hija, y también del Hogar El Alba, de la localidad de Ministro Rivadavia. Es que, según comentó Gladis, “de otra forma esos chicos no vendrían porque no tiene a nadie o porque sus padres trabajan o simplemente no les interesa”.
La labor de Gladis es algo que se replica en otros padres que adquieren ese rol para permitir el acceso de los chicos que sienten la necesidad de hacer música y que “en muchos casos no hubieran podido acceder por fuera de esta iniciativa”, indicó Quintans, aunque aclaró que en general “es muy difícil encontrar una propuesta como esta, que promueva el aprender la música en grupo”. En este espacio se promueve un trabajo integral para el aprendizaje del chico: cada martes y jueves (luego o antes de la escuela) concurren a La Casa de la Cultura de Adrogué para las clases individuales, grupales y los talleres de cada instrumento, como también de lenguaje musical, y luego los sábados tiene los ensayos generales con toda la orquesta. En todo el proceso de aprendizaje el grupo y la interacción con los compañeros es parte vital: Para la ejecución musical de un grupo “es primordial aprender a escuchar al otro, algo que al ser incorporado se traslada luego a cualquier otro aspecto de la vida. Si los chicos aprenden a tocar pero no pueden escuchar a la persona que tienen al lado no sirve de nada lo aprendido”, expresó el docente y músico de violín que puso de manifiesto la noción del “bien común”.
Con el tiempo los chicos fueron incorporando esa forma de trabajo vertebral que “se evidencia en pequeños, pero importantísimos cambios. Por ejemplo, aprendieron a cuidar los pocos instrumentos porque entendieron que si se rompen todos se perjudican. También, se ve la colaboración inmediata entre ellos: para un niño de 10 años es una tarea ciclópea ponerle la funda a un contrabajo y por eso se ayudan entre sí”, comentó el director de la orquesta Ricardo Barrera. También, Barrera entendió que estas actitudes se convierten en hábitos que se adquieren y transportan.
La Orquesta Escuela browniana no es la única ni la primera, hoy en la provincia de Buenos Aires funcionan otras 25, nacidas en distintos momentos. Las más antiguas cumplen ya más de una década. Cuando la orquesta de Brown dio sus primeros pasos, alrededor de 108 chicos aspiraban a aprender algunos de los cuatro instrumentos de curda que ofrece la propuesta, luego hubo una deserción que fue natural y en la actualidad son 80 los que participan activamente de la escuela y de los conciertos municipales y lo que hacen por fuera de la comuna, explicó Díaz, encargada de acompañar y contener a lo chicos. La mayor parte de los pequeños músicos provienen de la Escuela N° 32, de Rafael Calzada, y la N° 11 de, Ministro Rivadavia, pero también de esa localidad participan lo chicos del Hogar El Alba y de la Casa del Niño Homero Manzi. A todos les llegó la invitación y los chicos eligieron voluntariamente luego del primer acercamiento que tuvieron con los instrumentos: “Cuando surgió la propuesta, los profesores tuvimos que dar conciertos didáctico, en los que tocábamos desde Mozart hasta Cumbia, con la formación del cuarteto musical (violín, viola, violonchelo y contrabajo), en diferentes barrios de la periferia del municipio. Así, los chicos levantaban la mano y decían cuál les gustaba más”, explicó Quintans. Y lo que hizo que cada uno se acercara a un instrumento determinado “fue la intuición y la pureza que tiene el niño, que lo guía al timbre y a la altura del sonido que más le gusta”, resaltó.
La mayoría de los chicos que integran la iniciativa provienen de una “población de riesgo socioeducativo” y la orquesta funciona como “un medio de inclusión y conducción social a través de un trabajo artístico y educativo”, informó Barrera.
“A la edad que tienen estos chicos, la mayoría de los conflictos relacionados con la zona donde les tocó vivir todavía no los toca porque son chiquitos. Sin embargo, algunos están en el abismo porque atraviesan una etapa difícil, la preadolescencia”, consideró el docente. No obstante, –indicó Quintans– “lo que sí se pone de manifiesto en las clases y en la forma de relacionarse son los conflictos familiares. Pero esa cuestión no sólo se evidencia en los niños que vienen de barrios más humildes, sino, de la misma forma o hasta incluso con mayores niveles de rebeldía e intolerancia, en los que llegan de zonas residenciales. Ahora está en el trabajo del profesor poder canalizar la necesidad del chico en algo constructivo como puede ser el promover el sentido de pertenencia a una orquesta”, explicó.
Es que para el profesor, pertenecer o formar parte de este proyecto musical “les cambia la vida e influye en el destino de cada chico”. Luego, como si fuera una suerte de revelación, con absoluta convicción, el músico expresó: “Cualquier persona que por azar o voluntad se acerque a una manifestación artística está enriqueciendo su vida de una forma impagable”. Entonces, este trabajo se construye sobre esa certeza.