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un nuevo poder

amor elefante

Martina Trlik

Buena parte de la obra de Amor Elefante se reconoce por lo afable de sus melodías. Composiciones agradables y fáciles de procesar que devienen de un ensamble de sentimientos, voces y artilugios musicales. Tras casi cuatro años de autoproscripción discográfica, el trío de Banfield regresa a las bateas con el primer capítulo de un álbum que prometía ser trilogía, pero al final contendrá sólo un episodio más. Iluminadas por nuevas buenas, le expresan a NAN como es eso de mantener la esencia de los primeros romances compositivos y a la vez balancearse en la cuerda de la apuesta creativa propia con la utilización de sintes y otros elementos electrónicos.

 

 

El verano 15/16 acababa y las Amor Elefante daban a conocer vía YouTube la canción “Me fui”, el adelanto de lo que sería Viishnu. El videoclip era la excusa de la charla en la que le revelaban a este cronista que las producciones futuras iban a ser publicadas en tres partes. “La idea central es que sea así porque tiene un concepto basado en un tridente”, enfatizaba Rocío Bernardiner, al señalar que se escondía “toda una mística detrás del nuevo disco”, que hasta a ellas les provocaba sorpresa.

 

 

Al final no hubo tríada, no la habrá y lo nuevo de AE se verá en dos etapas. La decisión se supeditaba a las intenciones estéticas que las chicas querían expresar. Pero es sabido que las ideas no se matan y aquello que se concreta no es realmente el origen de lo que se pretendió hacer. “Todo el tiempo perseguimos cosas que queremos hacer, todo el tiempo nos proponemos cosas que después no terminamos haciendo, pero las ideas están y la trilogía fue parte de muchas meriendas, de esas meriendas eternas charlando de la banda. Quedó ahí, con el mate, el café con leche y las tostadas que comimos, porque lo cierto es que al final vamos a sacar el disco completo el año que viene, con mucho amor y alegría”,  cuenta Rocío. No obstante, aquella mística de la que hablaba Roki se mantuvo y el título de este primer EP así lo asevera. Viishnu hace referencia al dios hindú que posee, entre otros atributos, “poder de transformación”.

 

 

“A lo largo de todos estos años, desde el comienzo hasta el día de hoy, las canciones fueron fruto del encuentro entre las tres, si bien alguna traía una melodía y una letra, terminaba tomando el color y la forma que le dábamos en conjunto; pero en Viishnu, la transformación estuvo relacionada con lograr potenciar la comunión a la hora de producir y armar las canciones, que fueron realmente obra de las tres, al igual que en el próximo disco”, explica Roki, al dar cuenta de cómo se aplicó este concepto de metamorfosis en el nuevo trabajo discográfico.

 

 

 

 

Grabado, mezclado y masterizado por Manuel Schiller en los estudios Mawi y Oídos Contentos, Viishnu es un álbum conciso, que no se relame en sus ambiciones. Cinco tracks que potencian la delicadeza volcada en Parque Miñaqui. Si bien mantiene la artesanía de cuerdas y teclas del debut, se anima también al desasosiego sintético elocuente y tropical de elementos electrónicos, algo infantiles, tal vez, pero ideales para augurar días venideros.

 

 

El disco arranca con el pianito de la canción homónima, una oda a sílabas elásticas precoces que arengan entre alaridos y pereza a la suerte de un cambio hacia arriba. Sigue “De tu lado”, anunciada con rasgueos de guitarra y tenues palmas que sostienen la defensa del destino y las compañías correspondidas. “Trópico” se eleva entre ritmos más íntimos, equilibrio de amor propio, resaca de buenos compañeros y la autoconservación como conciencia del respiro. El track 4 (“Cuanto tiempo más”), heredera de viejas épocas, de jingles de Tofis y desafíos afectivos. Cierra el tracklist, la mencionada “Me fui”: melodía matinal propia de los veranos eternos.

 

 

Viishnu se consume rápido como el perfume de los aterrizajes. No obstante, esos quince minutos alcanzan para profesar diversiones, mantras armoniosos y un climax absorto de golpes bajos.

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Bruno Fontana

 

Ahora la banda de Rocío Bernardiner, Inés Copertino, Rocío Fernández y Andrés Merlo se encuentra echando voluntad al sucesor de la transformación. “Estamos muy bien, trabajando mucho. Mezclando y produciendo el próximo disco que sería la continuación del EP que sacamos en otoño”, enfatiza Roki.

 

 

La dedicación es el frenesí de lo que viene y el cultivo de la próxima obra se da también a lima de inspiraciones varias. Si de música local hablamos, en los últimos meses estuvieron nutriéndose de un montón de bandas que están al alcance de un tren, un colectivo o click en la pantalla. “Eso es maravilloso porque hay tantas que son increíbles; justo ahora pusimos play a El Orgullo de Mamá, el otro día fuimos a ver a Atrás Hay Truenos y también a Diosque”. Las Amor Elefante explotan el sol, aprovechan la eternidad mientras viven y gustan cuando se mueven tan fuerte.

 

 

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Nº de Edición: 1656