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Antología de cuentos II (Taller literario de la Escuela de Arte Banfield Teatro Ensamble, 2010).-

El segundo compendio de cuentos surgido de los artistas integrantes del espacio artístico de la zona sur regala historias cortas, plagadas de sentires, pesares, sueños y deseos ficticios.

Por Ailín Bullentini

Buenos Aires, enero 10 (Agencia NAN–2011).- La tapa se presenta sobria. La contratapa propone una invitación, mágica, poética y cruel. Dentro, las historias que se suceden a lo largo de las 120 páginas regalan un viaje por sentires, pesares, sueños y deseos ficticios que permiten, a la vez, conocer a cada uno de sus creadores. La antología es una segunda selección de las mejores producciones de los siete integrantes del Taller Literario de la Escuela de Arte Banfield Teatro Ensamble. Siete hombres y mujeres, maestras, contadoras, empelados bancarios, psicólogas; mamás, papás, esposas y maridos; hermanas, amigas y abuelas, que lograron abrir un espacio en medio de tanta rutina para poder convertirse en escritores. Y la creatividad fluye por ese centenar de páginas, y con ella se lleva mucho de cada uno. El resultado: un puñado de historias que vuelan e incitan a volar.

La antología es el segundo compendio de cuentos que nace del grupo literario del espacio artístico del sur del conurbano, coordinado por la escritora Cecilia Vetti. Y sí. Hay quienes se sentirán medio perdidos al encontrarse con las primeras páginas del libro, en la que la coordinadora realiza una especie de presentación de cada uno de los autores, a quienes, a su vez, les regala un resumen de sus avances y logros en el oficio. Pero, claro, el lector busca historias, y puede que no comprenda claramente si se trata de una producción de los escritores para que los lean, una muestra de lo bien que pueden tejer historias aquellos que viven de cualquier otra cosa menos de la literatura, o la demostración de una prueba superada para aquellos que se encuentran con la hoja en blanco semana tras semana.

No importa. Ante la duda, es preferible dejar las formalidades de lado y zambullirse en los cuentos. Nadar por las aguas de esa mujer que quería ser árbol, surcar los remolinos que provocan la desesperación de los gritos de una vecina, navegar con el ritmo de la brisa mansa de aquel cuyos ojos se despiertan después de haber pasado años sin ver o balancearse con la melodía de un piano que suena en plena madrugada.

Las historias que ofrecen Mabel, Ana María, Silvia, Graciela, Pedro, Amanda y Lucía invitan a bucear en cada una de sus creaciones y su cotidianeidad. En muchos casos, las dedicatorias que inauguran cada cuento permiten vislumbrar que cargan con símbolos autorreferenciales, trabajados con la delicadeza suficiente como para dejarle al lector la libertad de emprender el vuelo de la imaginación. Son construcciones sencillas, abundadas por imágenes logradas; algunas muy bien logradas. Todas, sensibles. Son relatos cortos, amenos a la lectura. Ideales para desentrañar en tardes de sillón y luz del día.