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Con la defensa y la promoción de la cultura como MECA.-

La Ciudad de Buenos Aires no es un lugar sagrado para los artistas, si no todo lo contrario. Por eso, integrantes de distintos centros culturales crearon el Movimiento de Espacios de Arte y Cultura para fortalecer posturas e impulsar la implementación de una ley que los ampare, la creación de un régimen de concertación para los espacios más pequeños, así como la puesta en marcha de la Ley de Promoción Cultural, sancionada en 2006. La idea es proteger a la actividad de todos los colectivos y garantizar la seguridad de esos núcleos de creación artística.

Por Esteban Vera
Fotografía gentileza del C.C. Matienzo

Buenos Aires, enero 7 (Agencia NAN-2010).- En la terraza de una casona antigua de dos pisos y paredes intervenidas con pinturas, tres jóvenes acomodan sillas modestas y una lamina blanca donde proyectarán, bajo las estrellas, el film Mala sangre, de Leos Carax, clásico francés de los ‘80. Mientras, en el segundo piso del edificio se expone una muestra de fotografía de Iara Kremer y Geraldine Baron, que captura las tramas de la mentira y las contradicciones de los lazos familiares. Como tantas otras, estas son algunas de las actividades que se llevan adelante desde noviembre de 2008 en el Club Cultural Matienzo (CCM) –Matienzo 2424, Belgrano–, con un espíritu autogestivo. Un espíritu que comparten los centros culturales porteños que integran el Movimiento de Espacios de Arte y Cultura (MECA), una asociación sin fines de lucro que se propone defender estos espacios, impulsar una ley que los ampare y además reclamar la reglamentación de la Ley de Promoción Cultural, sancionada en 2006 por la Legislatura. Es que, cientos de espacios independientes aún no consiguen habilitación y otros funcionan pero corren peligro de ser clausurados. Por lo visto, “la cultura no ha estado en la agenda de (Mauricio) Macri, salvo en algún que otro festival gratuito. Pero no ha habido políticas culturales, dado que se ha dedicado más a arreglar los baches de la ciudad”, plantea en términos contundentes Claudio Gorenman, uno de los fundadores del CCM y frontman de asuntos legales del MECA.

Los espacios culturales autogestionados surgieron tras el estallido económico, político y social de 2001. “Entonces se dio una proliferación porque la gente necesitaba volver a interesarse en lo social desde un espacio de sentido que halló en la cultura, ya sea través de la música, las artes escénicas, la pintura, para contactarse entre sí”, comenta Gorenman, sentado en una de las mesas del bar del CCM, durante una charla con Agencia NAN. El titular de asuntos legales del MECA también plantea una reacción contra los medios de comunicación: “Es una necesidad para romper con el imperio de la televisión, donde es fácil caer en Showmatch, pero también contra la virtualidad de las comunicaciones de Facebook o el MSN. Es una reacción al mundo que nos propone la tecnología.”

El Centro Kultural y Cooperativa de Trabajo Trivenchi (CKT) es un proyecto que nació hace una década, cuando un grupo de cirqueros ocupó un viejo taller mecánico de Villa Crespo. Dos años y medio después lo convirtieron en una cooperativa y centro cultural. Sin embargo, tras una denuncia penal por usurpación, fueron echados. Con el apoyo de los vecinos lograron, posteriormente, que el gobierno porteño les cediera un antiguo predio en Constitución, en El Galpón (avenida Caseros 1712, Constitución), un predio de chapas negras y vidrios, con paredes pintadas con grafittis. Allí se realizan talleres de malabares, acrobacias, danza, expresión corporal, teatro, tango, yoga, tela, palos chinos y clown, entre otros. El barrio accede a los talleres y a espectáculos a la gorra. Por el Circo Trivenchi (así lo conocen los vecinos) pasan de 400 a 500 personas por mes.

El CKT es uno de los espacios culturales que han visto multiplicados sus problemas desde el comienzo de la administración macrista. Problemas que se agrandaron desde la tragedia del boliche Beara, donde en septiembre pasado murieron dos chicas y 33 jóvenes sufrieron heridas al derrumbarse un entrepiso de durlock. Desde entonces la Agencia Gubernamental de Control puso en marcha a un ejército de inspectores con la misión de clausurar pequeños locales que no cuentan con habilitación o no cumplen algún requisito. “Hace unos meses tuvimos inspecciones casi todos los días, pero contamos con todas las medidas de seguridad para seguir funcionando”, sostiene el clown Manuel González, del CKT. En abril de 2009, recibieron una orden de desalojo del gobierno de la Ciudad, pero tras conseguir una cautelar, esperan que el Poder Judicial resuelva. Mientras tanto esperan que los legisladores sancionen una propuesta de Juan Cabandié (Frente para la Victoria) que dispone cesión en comodato por 20 años del galpón.

Además, del CCM y CKT, Meca –-que se conformó a mediados del año pasado– reúne a otros 14 espacios: Casa Brandon, Acoyrá, Ladran Sancho, Casa Jache, Club del Mundo, El Emergente, El Pacha, El Surco, Espacio Cultural Julio Cortázar, La Brehca, MTR Dignidad, Usina Cultural del Sur, Visha Bravar y Vuela el Pez. Todos surgidos en los últimos años. “La idea principal del movimiento es la defensa de los centros, pero también la colaboración. Así organizamos en diciembre un festival, compartimos proveedores de bebidas, arquitectos y nos ayudamos en todo lo que podemos”, detalla Gorenman.

Para tapar el bache

Uno de los principales objetivos del Meca es la reglamentación de la Ley de Promoción Cultural (Ley N° 2176), que fomenta en el artículo 8 “la creación de casas de culturas en las comunas con el objeto de promover la difusión y estímulo de la actividad cultural comunitaria”. “La constitución de la Ciudad le da un estatus estratégico a la cultura, mientras la ley 2176 la ubica a la altura de un derecho humano”, remarca Gorenman. Por otra parte, la organización elabora una propuesta consensuada que promueva la habilitación de centros culturales pequeños, con requisitos básicos de seguridad y una certificación de un arquitecto. Además, la norma permitiría que puedan funcionar al mismo tiempo que la habilitación está en trámite. Es que ahora para abrir las puertas de un espacio cultural, las normas exigen que la habilitación sea un hecho. Pero la legislación no contempla a los centros culturales pequeños y autogestionados, que deben recurrir a otras figuras, como la de club que implica crear una asociación civil para iniciar el trámite. Entonces, algunos funcionan en la clandestinidad por esas ineludibles dificultades.

Otro de los fines apunta a la creación de un régimen de concertación para la promoción de los centros culturales, que permitiría la protección y el fomento de la actividad de estos pequeños lugares. Ya ocurre con el Régimen de Concertación para la Actividad Musical no oficial en la Ciudad de Buenos Aires –reglamentada en diciembre último– y con las a salas de teatro ubicadas en espacios no convencionales de la ciudad, que consiguieron en diciembre pasado la aprobación de una ley que los beneficia. “Compartimos la preocupación por garantizar la seguridad de todos dentro de nuestros espacios. Pero la falta de apoyo económico y la decisión del Gobierno de la Ciudad de imponer multas inaccesibles y clausuras ridículas nos separan cada vez más de la posibilidad de alcanzar las condiciones exigidas”, comentó Gorenman.