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“Lo más difícil es que alguien se aburra”

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Con fuerte presencia de films latinos, además de locales y del resto del mundo, el Festival Buenos Aires Rojo Sangre, que arrancó ayer en el Complejo Monumental, ocurre en momentos de maduración del Cine Independiente Fantástico Argentino. No obstante, quedan prejuicios a romper, según los organizadores. Fotografía: Necrofobia

Por Yanina Fuggetta
yaninafuggetta@gmail.com

“¿Quién hubiera imaginado que el thriller de suspenso paraguayo 7 Cajas cultivaría acá más de 50 mil espectadores? Hay un cine latinoamericano y gente que quiere verlo. Y eso mismo ocurre con el de terror. Localmente hay mucho para conocer”, acierta Pablo Sapere, organizador del Festival Buenos Aires Rojo Sangre, que comenzó ayer su decimoquinta edición. Mientras la distribución y exhibición de films en el país funciona como un engranaje de partes que aceitan un sistema organizado y monopolizado por los grandes grupos económicos, el BARS apuesta a un concepto de cine más arriesgado e independiente. Hasta el 9 de noviembre, el horror, el suspenso, el miedo, la paranoia, lo fantástico, lo extremo, lo extraño y hasta lo gracioso estarán ahí, en el Complejo Monumental (Lavalle 836) del centro porteño.

Con el tiempo, el certamen fue creciendo en público y también en días, por eso este año el trecho es más largo y contará con tres competencias simultáneas: la internacional, la iberoamericana y la bizarra. Cada una busca expresar el espíritu del cine de género a nivel global. Están Amsmodexia, de España; El canal, de Gran Bretaña; la venezolana La casa del fin de los tiempos; las nacionales Naturaleza muerta, Corazón muerto y El desierto; y las porteñas Los Súper Bonaerenses y Jorge y Alberto contra los demonios neoliberales. En el plano de aquellas producciones más cómicas, hay perlitas para descubrir como Cosplay Fetish Battle Dromes, de Estados Unidos, y Bloody Knuckles, de Canadá.

Pablo cuenta que lo sorprendió el caudal del material recibido para el BARS, con más de 16 largometrajes nacionales y 60 internacionales. “El verdadero objetivo del festival es apoyar al cine que se hace acá. La idea es que no se superpongan estrenos nacionales porque muchas veces se comparte el público. Que dure más días lleva más sacrificio y esfuerzo, pero por lo menos podemos volcar más películas y programar más cosas que nos gustan. Son dos fines de semana los días fuertes del festival y suponemos que nos darán más llegada y reconocimiento.”

Años 2000, 2002… y 2014. El festival pasó por distintos momentos y espacios. Centro Cultural San Martín, Complejo Tita Merello. Se trataba de algo nuevo para el público y una oportunidad para los realizadores: allí podían mostrar sus trabajos. ¿Oportuncrisis se dice? “Pasamos etapas complicadas, desafíos y ahora estamos en pleno crecimiento”, reconoce Sapere, y prosigue: “La primera edición del festival se hizo en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA y fueron alrededor de 50 personas en tres días. Luego fuimos multiplicando esa cantidad para pasar a miles de personas. Hubo momentos de mucha crisis. Cada crisis pudimos superarla con crecimiento. Antes había una serie de prejuicios que de a poco desaparecieron”.

—¿Cuáles son esos prejuicios?
—Están relacionados con que las películas de género trasciendan el festival y pasen a las salas, algo que está pasando ya y que de a poco vamos consiguiendo. Muchas de ellas tienen un recorrido largo durante el año más allá del BARS y mal no les va. Igualmente queremos lograr una mayor continuidad del cine argentino de terror. Uno de los prejuicios pasa porque el espectador de cine local por ahí no ve una de terror nacional. Por suerte llegan largometrajes como Necrofobia, de Daniel de la Vega, o Día de los muertos, de Ezio Massa, para dar vuelta este escenario.

—Latinoamérica sorprende en esta edición por su abundante presencia.
—Sí. Tenemos películas de Venezuela, Chile y Uruguay. Se está haciendo mucho cine de género en países que uno no esperaría. Por ejemplo, aparece una cinta venezolana de terror como La casa del fin de los tiempos y decís “bueno, ésta funciona desde todo punto de vista”.

Pese a los escollos del cine latinoamericano para llegar a países de su mismo continente, los amantes del vértigo, el espanto y el horror tienen mucha oferta para elegir. Para eso hay que investigar un poco la grilla y, sobre todo, arriesgarse: “Siempre digo que le presten atención a las películas argentinas”, aconseja Pablo. “Lo más difícil acá es que alguien se aburra.”